María del Camen Meneses, de pie a la derecha, en su casa una Nochebuena. Era la década de los ochenta
María del Camen Meneses, de pie a la derecha, en su casa una Nochebuena. Era la década de los ochenta - ABC
RECUERDOS DE SEVILLANOS VETERANOS

La Navidad ya no es lo que era

Echan de menos los campanilleros, los aguinaldos, los puestos de pavos, los christmas, los pestiños, los tiempos... y el tiempo

SEVILLAActualizado:

Ni siquiera hace ya frío. Hasta el clima ha cambiado en esta fechas de recogimiento, oración y alegría. La modernidad y la invasión de modas americanas ha relegado esos usos y costrumbres que conocimos los que rebasamos los 50 y no digamos los que han cumplido los 70.

Raro es el joven hoy día que sabe lo que son los aguinaldos o la ilusión que hace recibir un christma o el sentido de la Misa del Gallo o la letra de un villancico o la impresión que da cuando los Reyes en vez de juguetes dejan carbón. Sería interminable la lista de tradiciones que ya no se estilan y que delatan cómo hemos cambiado.

Eso se ve con solo mirar a nuestro alrededor, que la Navidad de antes ya no volverá, que es «impensable que vuelva». Quien habla así es María del Carmen Meneses Filgueras , de 70 años de edad, ateneísta y jubilada del Patronato de la Vivienda de Sevilla, donde se ha llevado 51 años dedicada en cuerpo y alma a la entidad que construye hogares para los más necesitados.

«Recuerdo —dice— las tarjetas que entregaban los carteros y los barrenderos de la calle pidiendo el aguinaldo, los puestos de pavo y pollos en las calles de Sevilla y las tortas de aceite y manteca que hacían las abuelas y las llevábamos al horno de la esquina en unas bandejas de hojalata, donde hacíamos las tortas marcándolas con un vaso de agua. También me acuerdo de las botellas de coñac y aguardiente que le ponían a los guardias que dirigían las calles, casi todas la gente que iba pasando. Desgraciadamente hoy día eso es impensable. No se me olvida el guardia que estaba delante del puente de San Telmo y los coros de campanilleros por las calles, un mes antes de la Navidad».

Pero a pesar de tantas cosas lo que más echa de menos es el sentimiento de la Navidad, «no el sentido, sino el sentimiento». «Desgraciadamente —sigue— eso ha cambiado. Para un cristiano el sentimiento es el nacimiento del Niño Dios, celebramos su cumpleaños, y eso ya no se siente. Ni se comparte. Hoy día no se comparte ni se acude a la Misa del Gallo porque cuesta mucho trabajo levantarse de la mesa y salir de casa para ir a la iglesia».

Entre otras muchas escenas de su particular Navidad relata que alrededor del día de la Purísima en su casa se empezaba a poner el Nacimiento, que nadie faltaba a la Misa del Gallo y que «mis padres se esforzaron por inculcarnos que lo primero era dar gracias a Dios por lo que tuviéramos».

Qué edad no tendrá Antonio Fernández, presidente de la asociación de vecinos Torre del Oro de El Arenal que «cuando yo era chico no había ni electricidad en la calle, solo luz de gas y en las casas los quinqués que se encendían con una mecha», declara a sus 91 años.

Dice que tampoco había agua corriente y que en Nochebuena se comía el «puchero calentito con la carne que compraba mi madre a 30 céntimos el medio kilo que podría costar más o menos». El nació en Valflora y recuerda las calles «con farolillos adornadas y sin luces».

«Todo en esa época eran casas de vecinos —relata— y no se puede figurar el ambiente que había, la convivencia entre todos, cómo se compartía. A mí no se me olvidan las fiestas del Corral del Conde, una casa con cerca de trescientas familias que vivía allí». También recuerda la Plaza Nueva que en el año 34 era terriza y «había un cine de verano frente de lo que es hoy día el hotel Inglaterra, y cómo los Reyes del Ateneo tiraban bellotas envueltas en papel en vez de caramelos.

Un año le echaron un camión que a los pocos días se perdió y al año siguiente le llevaron el mismo con «caramelitos y adornos, pero era el mismo».

«Igualito que ahora —agrega— que hay de todo... ¡Y la forma de divertirse con la botellona, que pasan los Reyes y se pillan unas borracheras enormes!».

La friolera de 104 años cumple en febrero Miguel Pérez. Fue Coronel de Infantería en el Estado Mayor de Capitanía y, entre otras actividades y cargos, durante tres décadas ha sido presidente de la comisión permanente del Patronato de la Vivienda de Sevilla.

El recuerdo que tiene de las Navidad de entonces es el de su madre «cuidando mucho cada detalle y la intimidad y sencillez de las costumbres».

Su condición de militar no le ha permitido estar mucho en contacto con la fiesta pero sí la concibe como algo familiar y sin «los excesos que hay hoy día y tanto alardear de las cosas como yo veo», señala.

Él la sigue celebrando con sus hijos, nietos y biznietos, la Nochebuena y la Nochevieja, comiendo de todo «porque tengo buen estómago aunque prefiero el pescado» pero los Reyes solo lo limita a los nueve nietos.

«A mis hijos no... Si ya tienen 70 años», termina.