Rosalía con su hijo de 4 años
Rosalía con su hijo de 4 años - RAÚL DOBLADO
EL DRAMA DE LOS NIÑOS CON NECESIDADES ESPECIALES

«No sé qué hace Miguel en el colegio, solo sé cuando hay piojos y varicela»

Una madre denuncia que su hijo con autismo no tiene monitor de apoyo en el Emilio Prados


SEVILLAActualizado:

Una mujer con un hijo que tiene necesidades especiales y sufre de autismo ha denunciado que en el colegio público Emilio Prados de Sevilla capital no hay monitores de apoyo.

La queja está avalada por la Asociación de Monitores de Educación Especial que tiene como portavoz a Patricia CuadradoMacías la cual destaca una de las peticiones fundamentales de este colectivo: que el «período de contratación sea de 12 meses y no de 9, como sucede ahora, y que se recupere la jornada completa para poder dar la atención integral que el alumnado se merece».

La ausencia de monitores es lo que provoca que Rosalía Vega tenga que poner de su bolsillo el dinero para logopedas y otros apoyos porque si no, su hijo Miguel, de 4 años de edad, «no avanzaría».

Respecto a la falta de medios en el Emilio Prados, en la delegación provincial de Educación aseguran que el colegio cuenta con todos los recursos tanto personales como materiales precisos para atender al alumnado con necesidades educativas especiales, así como con los monitores necesarios en el comedor.

Pero la madre de Miguel insiste en que su hijo no tiene el apoyo que precisa.

Miguel Romero tiene 4 años y está diagnosticado de autismo desde los 2. Entonces fue cuando su madre dejó el trabajo y se «volvió loca porque no hay información ni amparo ni puerta donde tocar a no ser que nos apuntemos a una asociación y pagar el dinero de una cuota».

Al mes recibe de ayuda 400 euros y el logopeda le cuesta 200. Con apenas 1.400 euros del sueldo del marido, pagan casa y las necesidades de otra hija de 16 años y de Miguel, que precisa ropa con elástico, pañales (desde hace poco controla los esfínteres), y multitud de actividades para su desarrollo con un monitor al lado. Porque no habla, solo palabras sueltas, «y porque yo estoy encima ya que en su clase no hay dentro con la maestra una monitora especial de apoyo».

Tampoco la hay en el comedor, aunque sí «una señorita que le pone un móvil para que almuerce viendo los dibujitos y, cuando la comida no llega triturada, le da un potito en vez de enseñarlo a comer, a masticar».

«Cuando acaba mi niño de comer —sigue— los demás se van al recreo y a mi hijo lo sientan en un banquito y así me lo encuentro. ¿Cómo va a ir a jugar al patio si no hay una monitora pendiente de él? Le pregunto y no me dice nada. Ha tenido una herida en el codo tremenda y otra de un bocado y nadie me explica nada porque él no se queja. En una palabra, yo no sé qué hace mi hijo en el colegio, solo sé cuando hay piojos y varicela».

Cuenta que Miguel se acuesta con el matrimonio y que muchas noches ella se despierta y se encuentra al niño sentado en la cama «congelado, callalado, sin quejarse». Sin embargo, a pesar de no comunicarse, es capaz de hacer solo un rompecabezas de 2.000 piezas, y en poco tiempo.

Aparte de ir al Emilio Prados de 9 de la mañana 2 de la tarde, Miguel acude al centro de atención temprana los lunes, martes y miércoles «y además tiene que perder una mañana de colegio porque hay una barbaridad de niños y no hay opción a que vaya por las tardes».

Al logopeda va dos veces en semana y también acude a la piscina para nadar. Ahora la familia está evaluando si lo apunta a clases de caballo por la terapia que ofrecen estos animales pero no le salen las cuentas. Cuando hay vacaciones la cosa se complica porque Miguel no puede quedarse en casa y partir su ritmo. Ha solicitado desde hace seis meses las ayudas de la Ley de Dependencia pero no llegan.

Le consta que en el «colegio hay implicación, pero no pueden hacer más», apostilla Rosalía Vega.

«Yo hago desde aquí —acaba— un llamamiento a las madres que están como yo para que nos unamos todas porque no se puede con los medios de una economía familiar pagar todas las cosas que necesitan estos niños».