A la izquierda, T.T.. A la derecha, el fallecido, G.M.
A la izquierda, T.T.. A la derecha, el fallecido, G.M. - ABC
Jucio por asesinato

«No tenía motivos para matarlo sólo por hacer ruido»

El acusado del crimen del hotelero del barrio de Santa Cruz dice en el juicio que empezó la pelea mortal porque la víctima «le dio primero»

SEVILLAActualizado:

«No entiendo la motivación. No tenía que haberlo matado sólo por hacer ruido». Ese ha sido el testimonio en la mañana de este lunes del padre del hotelero asesinado en el barrio de Santa Cruz en junio de 2016. Un juicio que ha comenzado ante un jurado en la Audiencia de Sevilla con acusaciones de la Fiscalía que solicita 13 años de cárcel para T.T. un joven brasileño de 25 años por un presunto delito de asesinato con los agravantes de alevosía y ensañamiento.

El acusado, que se sienta en el banquillo por haber acabado con la vida de un empresario hotelero a patadas y puñetazos tras una discusión con la víctima que le había acusado de realizar una pintada en la fachada de un inmueble de su propiedad, ha dicho que todo empezó por culpa del fallecido. Segun el testimonio del procesado, al que tanto la Fiscalía como la acusación particular han acusado de incurrir en numerosas contradicciones, la bronca comenzó porque la víctima le propinó un puñetazo en la espalda. Tras ello, ambos se enzarzaron en una pelea. El origen de las discusiones eran las obras que hacía el hotelero y que, según declaró, comenzaban muy temprano y le impedían dormir.

«Me dio un puñetazo y ya comenzamos la pelea», ha dicho el procesado que ha negado que le diera un último golpe a la víctima cuando éste se levantó tras los primeros golpes y se dirigió a buscar a su padre.

Según el relato del acusado, tras los golpes, la víctima cayó al suelo y se golpeó con una barra instalada para los excrementos de los perros. En su testimonio el acusado ha admitido que la víctima tenía sangre y que durante la pelea se manchó su propia ropa. Por ello decidió llamar a su madre que le recomendó que volviera a casa, se cambiara de vestimenta y se fuera al trabajo.

El procesado, que ha querido justificar las contradicciones de sus testimonio asegurando que cuando declaró ante la Policía se acaba de enterar de la muerte de la víctima y «no tenía la cabeza bien amueblada», ha recalcado que nunca se le pasó por la cabeza «que esto pudiera pasar». Y durante todo su testimonio, además de negar el último puñetazo que han referido otros testigos, insistió en que sólo se defendió de su víctima. Y también acusó al hotelero de amenazar a un hermano pequeño.

Sin embargo, la Fiscalía ha dejado muy claro que no hubo intercambio de golpes sino que «sólo golpeaba él», refiriéndose al procesado y recordando que le propinó varios golpes a en la cabeza. Las acusaciones del Ministerio Público han sido refrendadas por varios testigos que han comparecido en el juicio.

El padre de la víctima ha recalcado que cuando estaba llegando al lugar donde ocurrieron los hechos, en el barrio de Santa Cruz, tuvo que bajarse del coche al observar lo que estaba ocurriendo. Se encontró a su hijo que se dirigía hacia él tambaleándose y diciendo algo que no pudo entender. En ese momento el acusado se volvió y le dio un último puñetazo. Entonces su hijo se cayó al suelo y ya no pudieron hacer nada. Por ello el padre se ha lamentado que su hijo tuviera ese final sólo por un tema del ruido que provocaban unas obras. «No hay motivos para matar a alguien sólo por hacer ruido», ha recalcado ante el jurado.

Luego ha comparecido otro testigo, un escritor sevillano que vive en una plaza contigua al lugar donde ocurrieron los hechos. El testigo ha dicho que escuchó gritos e insultos y bajó a la calle. Allí presenció la pelea y cómo el procesado propinó varios puñetazos a la víctima.

Según ha recordado algunos golpes se los dio en la cara, tras lo cual el empresario cayó al suelo, donde el procesado le propinó varias patadas en la cabeza y en el pecho. Luego volvió a levantarse ensangrentado. Se marchó con la mirada perdida. Por el camino, según ha relatado otra testigo, una de las empleadas del hotel, iba diciendo «papa», llamando a su padre. Sin embargo otros testimonios han insistido en que, antes de encontrarse con éste, su agresor volvió a propinarle otro puñetazo que le hizo caer de nuevo para no levantarse más.

El testimonio de otro testigo también ha puesto de manifiesto la violencia de la agresión. «Los golpes y las patadas eran con mucha fuerza», ha dicho otro joven que ha comparecido en la vista oral. El juicio quedará visto para sentencia mañana.