Margarita Cabanás revisa la vista a uno de sus pacientes en Burkina Faso
Margarita Cabanás revisa la vista a uno de sus pacientes en Burkina Faso - ABC
SOLIDARIDAD

Una oftalmóloga sevillana cura los ojos de niños y mayores de Burkina Faso

Margarita Cabanás forma parte del equipo de Visión Sin Fronteras que lideró un maratón de 220 operaciones de vista durante seis días en los que no pararon

SEVILLAActualizado:

Dijo una vez el escritor portugués Fernando Pessoa que «la visión es el tacto del espíritu». Tomando como base esa genial frase del ilustre literato luso, puede afirmarse que la oftalmóloga sevillana Margarita Cabanás ha formado parte este mes de diciembre de una expedición a África que no sólo ha tratado de la vista y operado a más de dos centenares de personas que lo necesitaban, sino que han sanado el alma de todos ellos.

Comprobar la sonrisa y el agradecimiento de los pacientes tras ser tratados no hizo más que confirmar que no sólo se arregla la visión sino también un pequeño trozo del corazón de cada uno.

El del equipo de médicos que ha trabajado en Burkina Faso hasta hace unos días se ha quedado también en parte en aquellas tierras de gente sin recursos económicos pero con sobradas dosis de gratitud y humanidad.

Así, al menos, se desprende de la narración que la facultativa sevillana hace de esta experiencia única y enriquecedora que ha vivido por vez primera integrada en la organización no gubernamental (ONG) Visión sin Fronteras, radicada en Valencia y nutrida de profesionales de esa tierra.

La práctica totalidad de ellos trabaja en una cadena de clínicas, Baviera, que es la misma donde Cabanás realizada cada día su labor en Sevilla compaginándola con su trabajo en el Virgen del Rocío, de ahí que pudiera contactar de forma sencilla con este proyecto que se llevaría a cabo entre el 2 y el 11 de diciembre: un maratón de intervenciones quirúrgicas a pacientes con problemas importantes de visión y que, por las condiciones en las que viven en Burkina no pueden acceder a este tipo de operaciones de la vista.

Aprovechando el arranque de mes de diciembre, su «puente doble» y la cercanía de las fechas navideñas viajó hasta Burkina Faso un equipo de Visión sin Fronteras formado por ocho personas y con tres oftalmólogos al frente: Jaime Javaloy, director médico de la ONG, Tomás Moya, cirujano, y la facultativa sevillana. Junto a ellos, dos enfermeras, dos ópticos (una de ellos, Isabel Signes, responsable de la organización y coordinadora del proyecto) y una auxiliar colaboradora que ayudaba como celadora.

La iniciativa se organizó para realizar las intervenciones en el hospital público de la localidad de Bobo Dioulasso, al suroeste del país y a ocho horas en coche desde la capital, Uagadugú, justo en el centro de este estado del África occidental —el antiguo Alto Volta independizado de Francia en 1960— a donde la expedición médica llegó el 2 de diciembre.

Se trata de un país escogido por sus especiales características socioeconómicas, donde la pobreza sacude aún con fuerza pese a que hace varios años que se disfruta de una especie de transición democrática. Pero la salud y la economía no entienden aún de transiciones y, a la fuerte incidencia del sida, en la población se sufren grandes carencias de atenciones médicas. La esperanza de vida es de 49 años y la edad media de la población de sólo 17 años. Eso sí, al equipo de oftalmólogos le ha quedado muy claro que el nombre del país está más que justificado. Burkina Faso, la «patria de los hombres íntegros».

Pueblos cercanos

En la localidad de destino les esperaba Rosalie Sanon, una enfermera que es coordinadora del servicio de oftalmología del hospital oftalmológico, que además de esa labor para compaginar la actividad de la ONG en la clínica había sido la encargada de seleccionar a los pacientes más necesitados de la comarca trasladándose a los pueblos cercanos en los meses previos.

Al día siguiente de tocar suelo en África, el equipo de ocho facultativos estaba ya montando un quirófano en Bobo Dioulasso y empezando su campaña de cirugía en las mesas de operaciones que se habían dispuesto.

La actuación de las organización no gubernamental consistió en una colaboración con el hospital oftalmológico de aquella ciudad de Burkina Faso para realizar entre los nativos, fundamentalmente, operaciones de cataratas, primera causa de ceguera en los países en desarrollo.

«La mayoría fueron intervenciones por cataratas —narraba a este periódico Margarita Cabanás—, pero nos encontramos algunas sorpresas como ojos ciegos por tumores, desprendimientos de retina o glaucomas muy avanzados. En total hemos operado 220. Todo, básicamente, cataratas, a excepción de un tumor palpebral. Pero es tremendo ver a personas tan jóvenes con la visión tan dañada como hemos visto en muchos casos en Burkina Faso».

La sevillana recordaba que no perdieron prácticamente ni un minuto. «Empezamos a operar el mismo domingo a mediodía, nada más llegar a Bobo, y estuvimos practicando cirugías hasta el viernes a mediodía sin parar más que por las noches. Horas y horas diarias para mejorar la vida de mucha gente que te daba toda su confianza sin casi conocerte. Es muy sorprendente cómo se abren en nada y te dan toda su confianza sin tener la más mínima referencia tuya».

Antes de las operaciones, la misma ONG montó sobre la marcha una consulta preoperatoria donde se evaluaba a los pacientes y se les calculaba la lente que necesitaban y si eran o no aptos para la misma. «Y en cuanto se les realizaba el estudio pertinente, a operar. Así, más de doscientos, de sol a sol, sin parar», señalaba Cabanás.

Pese al tremendo esfuerzo físico y mental que supone una cadena de intervenciones de tal envergadura, la oftalmóloga hispalense mostraba su «enorme satisfacción por haber podido desarrollar una labor altruista tan emocionante como ésta y con tanto beneficio para un número de personas así, que de otra manera apenas tendrían posibilidades de recuperar la visión.

Es algo que te deja huella y que merece la pena repetir, una experiencia inolvidable de ayuda a mucha gente necesitada que te hace comprobar en primera persona la increíble y meritoria labor humana que tanta gente realiza en esa tierra y que pasa desapercibida entre el aluvión de información diaria». La doctora Cabanás, que ya había trabajado en 2008 y 2009 con otra ONG en Costa de Marfil, ya se plantea la colaboración en nuevos proyectos de este tipo. Y, por supuesto, la búsqueda de subvenciones para hacerlos realidad.