Manuel Olivencia durante su intervención este martes en la sede del Ateneo
Manuel Olivencia durante su intervención este martes en la sede del Ateneo - RAÚL DOBLADO
XXV aniversario de la Expo 92

Olivencia: «Salí con la cabeza bien alta y con buen recuerdo»

La conferencia del excomisario general de la Expo 92 cerró anoche en el Ateneo de Sevilla el ciclo conmemorativo

SEVILLAActualizado:

El Ateneo de Sevilla celebró ayer la cuarta y última sesión del Ciclo Conmemorativo XXV Aniversario de la Expo 92 con la conferencia de Manuel Olivencia Ruiz: «Expo 92 en mi memoria». Tras las palabras de bienvenida del presidente del Ateneo de Sevilla, Alberto Máximo Pérez Calero, a «un hombre bueno, al que nadie ha regalado nada, al servicio de Sevilla, Andalucía y España», el conferenciante fue presentado por el comisario para el XXV Aniversario de la Exposición Universal Sevilla 1992, Julio Cuesta, quien dijo considerarse «un aprendiz de un maestro» de quien destacó una «memoria sorprendente».

Tan sorprendente que toda su intervención la realizó de memoria. Ya se lo dijo Ignacio Logendio en una ocasión «tiene buena memoria: un inconveniente para la política», recordó. Comenzó su intervención con el recuerdo de un ciclo de conferencias del Ateneo tras la exposición de 1929 en el que el concejal Manuel Giménez Fernández expuso el «éxito úrbanístico» y la «ruina económica» que supuso aquella por «la falta de plan», un recuerdo «que pesaba mucho sobre mí» para que no se volvieran a repetir aquellos fallos.

Olivencia clasificó sus recuerdos en la Expo 92 a modo de obra dramática para exponer en «el planteamiento», cuáles fueron sus condiciones para su nombramiento en 1984. Alguna de las cuales causaría un choque con Luis Yánez, en el que tendría que mediar su hermano Juan Antonio. Recordó también la llegada a la sede de la avenida de la Palmera y la formación de su primer equipo.

En esta etapa se estudiaron los mensajes «fue un descubrimiento geográfico que cambió el mundo», y en torno a ello, mensajes enfocados en la labor descubridora del ser humano y de confianza en el futuro». Se planearon también las «infraestructuras necesarias», explicó.

Manuel Olivencia, Alberto Máximo Pérez Calero y Julio Cuesta
Manuel Olivencia, Alberto Máximo Pérez Calero y Julio Cuesta-RAÚL DOBLADO

En 1987 comienza «el nudo», con la llegada de Jacinto Pellón cuando ya «estaba totalmente explanada la obra del recinto». Se trataba de un «especialista en grandes obras» que recomienda el presidente del Gobierno. Llega «un gran gestor de obras, el problema es que creyó que era un “súper comisario”», que negaba el acceso al comisario a los detalles organizativos de la Expo 92.

«El desenlace» se produjo en 1991 cuando «Jacinto Pellón trae un equipo distinto e incluso prescindía de cargos y yo me niego». De aquella experiencia recuerda que «no fue dramática. Me ha dejado un buen recuerdo. Yo di «La lucha por el Derecho», como el libro de Rudolf von Ihering, y nunca se pierde la lucha por el Derecho. Salí con la cabeza bien alta y con buen recuerdo», dijo para concluir.