Melchor Sánchez, durante su estancia en el hospital
Melchor Sánchez, durante su estancia en el hospital - ABC
SALUD

Otro hospitalizado en Sevilla tras una sesión de diez minutos de electroestimulación

Melchor Márquez, de 39 años, estuvo una semana en una clínica por rabdomiolisis. Los médicos le preguntaron cuando llegó si había practicado algún deporte extremo

SEVILLAActualizado:

Melchor Márquez, sevillano de 39 años, se sometió a una sesión de electroestimulación en una céntrica franquicia sevillana con el propósito de rehabilitarse tras una operación de rodilla, y estuvo hospitalizado una semana en la clínica Sagrado Corazón de Sevilla.

Según el relato del afectado, acudió a la franquicia recomendado por otros amigos donde firmó un documento en el que respondía a cuestiones relacionadas con sus hábitos de vida y las patologías que padecía como paso previo a la prueba de diez minutos con la que el centro pretendía la activación muscular y habituar al cuerpo a este tipo de entrenamiento con estímulos eléctricos.

«Tres días después de la prueba, que no duró más de diez minutos, me encontraba muy mal: tenía fuertes dolores musculares y náuseas, por lo que acudí a urgencias», relata Márquez. Las analíticas determinaron que el paciente tenía disparados los niveles de creatina fosfocinasa (CPK), una enzima que la musculación libera durante el entrenamiento por la rotura de microfibras, y que puede provocar obstrucciones y daños renales.

Los niveles de CPK en sangre, que en circunstancias normales se encuentran en 120 microgramos por litros, estaban próximos a los 20 mil microgramos por litro en el caso de este paciente. «Los médicos me preguntaron si había hecho algún deporte extremo que explicase el cuadro clínico que presentaba, una rabdomiolisis», relata Márquez, que estuvo dos días en observación y otros cuatro en planta mientras el personal médico de la clínica Sagrado Corazón trataba de controlar los niveles de CPK alterados y de hidratar el organismo para revertir los daños renales ocasionados por el sobreesfuerzo.

«En estos momentos continúo por prescripción médica realizando controles y en reposo, aunque la evolución en este tiempo ha sido favorable», reconoce el afectado, que se reconoce como una persona con hábitos saludables que practica habitualmente deporte, pero tras la reacción adversa en la prueba de electroestimulación ha desistido de hacer uso del bono que adquirió a la franquicia «por prescripción médica y por seguridad, al menos en este centro de estética», dice.

El afectado lamenta que en la web del centro donde realizó la prueba no se habla de las contraindicaciones, y que en las instalaciones de la franquicia había perfiles variados «desde personas mayores con otras dolencias a pacientes con sobrepeso que hacían dietas, casos en los que el daño que puede ocasionar la prueba si no hay profesionales médicos que los atiendan correctamente puede ser superior al beneficio» abunda.

Al recibir el alta hospitalaria, el paciente se personó en las instalaciones del centro de imagen personal donde, asegura, le indicaron que en algunos casos eran habituales estos efectos tras la prueba. Márquez ha interpuesto una reclamación a la franquicia, cursada a través de la organización de consumidores Facua, y ha puesto a disposición de un despacho de abogados el caso para valorar las acciones legales que estime oportunas por una presunta negligencia.