Un vehículo de la Policía, en pleno barrio de Los Pajaritos
Un vehículo de la Policía, en pleno barrio de Los Pajaritos - RAÚL DOBLADO
EL BARRIO MÁS POBRE DE ESPAÑA

Los Pajaritos: pisos en venta a mil euros para escapar del narcotráfico en Sevilla

Los vecinos intentan resistir a la marginalidad, pero muchos han debido ya malvender sus casas para evitar a mafias que compran las viviendas para usarlas de «casas de la droga»

SEVILLAActualizado:

El crecimiento de la marginalidad en Los Pajaritos resulta imparable pese a los esfuerzos de las administraciones y las propias entidades vecinales por evitar la paulatina degradación del barrio. Estas últimas asisten desesperadas a la inoperancia de las primeras, cuyas inversiones en la zona caen en saco rato. Las estadísticas oficiales más recientes son demoledoras.

El paro supera el 35% y el desempleo juvenil prácticamente roza el 70%. El fracaso escolar es el más elevado de la ciudad y la barriada se ha convertido en la más pobre de todas las que incluyen las grandes ciudades españolas. La renta per cápita, la más baja de España: poco más de 12.000 euros al año. El caldo de cultivo para los negocios oscuros es perfecto. Y entre ellos, sigue a la cabeza el tráfico de drogas, que no sólo causa un daño gigantesco en los consumidores sino que tiene atormentado a los vecinos.

El narcotráfico no es un fenómeno precisamente nuevo en Los Pajaritos, pero ha adquirido en los últimos tiempos una dimensión aún mayor a causa de la presión de las mafias para hacerse con pisos a precios de saldo que luego son usados como fumaderos o, como llaman en el propio barrio, «casas de la droga». Éstas son señaladas perfectamente por el vecindario a poco que se les pregunta, pero ninguno quiere alejarse del anonimato ni mucho menos denunciar lo que está pasando a la Policía Nacional, a pesar de que las molestias, las amenazas y la inseguridad son enormes y constantes, según subrayan.

«Los traficantes han ido comprando pisos y en algunos bloques ya tienen incluso la mayoría —explica Antonio C. a este periódico—. Y los que no tienen aún pues los tendrán pronto, porque están presionando a mucha gente, sobre todo a los mayores, para que les vendan muy barato y se vayan. Es fácil rendirse, sobre todo porque se vive una inseguridad muy grande. Te piden dinero al bajar a la calle, cuando vas a comprar a la plaza, a la farmacia, cuando vuelves... Aquí es cada vez más difícil vivir».

Se suma a la conversación, mirando a un lado y otro de la calle, incluso a los pequeños balcones, Lola H., quien detalla donde están esos pisos usados por las mafias para que los compradores adquieran los estupefacientes o se consuma allí mismo. En la zona de los pisos conocidos como Los Amarillos, y especialmente en las calles Gaviota, Perdiz, Mirlo y Tordo, se encuentra el centro neurálgico de este trasiego, según apuntan los vecinos.

Pero denunciar es un riesgo inasumible. «¿Hablar con la Policía? No, no, ni loca. Mire usted, a esta gente no les pasa nunca nada y muchos de los que organizan todo esto no están aquí. Tengo familia, dos hijos que viven casi de la paga que me dan a mí. No voy a jugármela».

La resistencia cívica es cada vez más compleja, pero los hay que tienen claro que van a mantenerse allí. Por cuestiones sentimentales y por necesidad. «Yo llevo aquí toda la vida —señala Manuel F., septuagenario—, pero, además, ¿a dónde voy a irme yo a estas alturas? ¿Cómo iba a pagar otro piso? ¿Con lo que iban a darme por el mío si es que alguien lo quiere? No se me pasa por la cabeza. Mis hijos, que vivían cerca, ya se fueron del barrio, como era lógico, pero yo...».

Bloques casi enteros

Poco podría hacer Manuel, efectivamente, con lo que percibiría por su pequeño y viejo piso de Los Pajaritos, de apenas 55 metros cuadrados. La presión del narcotráfico está haciendo que los vecinos hayan llegado ya a vender sus viviendas por dos mil o hasta por mil euros para marcharse como sea del que hasta hace sólo quince o veinte años era un simple barrio obrero. En alguno de los casos, esa voracidad de los narcos ha hecho ya que se haya vaciado prácticamente un bloque entero.

El vecindario que queda contempla atónito y acorralado lo que está sucediendo. «Francisco vendió su piso por dos o tres mil euros —comenta otro veterano de la barriada—, creo que se quedó en dos mil quinientos, pero ahora ya ni eso. Me han dicho que hasta por mil los están soltando para evitar problemas».

Las inmobiliarias que suelen trabajar con esta zona constatan la caída en picado de los precios en los últimos años, aunque no, como es obvio ese extremo de los mil o dos mil euros, cifras vinculadas a tratos personales, pactos entre familias y operaciones fuera del circuito de las empresas que se dedican a este ámbito.

Y a las presiones de quienes quieren hacerse con las casas a las bravas, lógicamente. «Con la crisis, esta zona ya cayó bastante en lo que a precios se refiere —explican en una de las inmobiliarias—. También llegó gente nueva de menor nivel adquisitivo y un perfil social algo más conflictivo y eso terminó por tirar las cifras. Se hacían pocas operaciones y a precios muy bajos incluso para el mercado de esos años. Pero ahora es incluso peor, a pesar de que la economía ha mejorado algo y en el resto de zonas de la ciudad hay un repunte. Aquí no. Al contrario. Depende mucho de los metros y de la parte del barrio, pues Madre de Dios o incluso La Candelaria están algo mejor que Los Pajaritos, pero lo poco que se vende se hace en cantidades muy bajas, incluso a 15.000 euros o hasta a 10.000 euros. Fuera de las inmobiliarias, pues imaginamos que todo es aún mucho más bajo».

«Con suerte —narran en otra de las empresas del sector—, en alguna compraventa se puede llegar a los 30.000 euros el piso, pero debe ser en lugares apartados de la peor zona, en el borde de la barriada, por así decirlo, y con viviendas muy reformadas. Si no, es muy difícil vender a no ser que sea por cifras ínfimas».

Vecinas por Los Pajaritos
Vecinas por Los Pajaritos - R. DOBLADO

De este progresivo deterioro del barrio se ha alertado una y otra vez a las administraciones y a las fuerzas de seguridad. Fuentes de la Policía Nacional consultadas por este periódico explicaban que, efectivamente, se están produciendo esos movimientos en los pisos de esta zona del distrito Cerro-Amate, pero que no median denuncias al respecto, con lo que su labor se sigue circunscribiendo, como es lógico, a detectar y acabar con posibles focos de venta y consumo de estupefacientes —como se ha hecho en pisos clandestinos de las Tres Mil Viviendas en varias operaciones importantes— y a mantener la seguridad en las calles. Para ello, además del dispositivo visible que habitualmente patrulla por las calles existe una «vigilancia discreta» con agentes de paisano.

La Policía ha realizado en los dos últimos años varias redadas de cierta envergadura en Los Pajaritos, pero no han servido de mucho una vez superado el revuelo inicial. Los traficantes, según las investigaciones de las fuerzas de seguridad, vuelven pronto a ocupar posiciones y varios clanes de fuera de la barriada han vuelto a tomar un buen número de viviendas. El problema se agrava.

A este mercadeo alegal de viviendas ayuda bastante un hecho muy extendido en Los Pajaritos y en los otros dos barrios adyacentes, La Candelaria y Madre de Dios: la falta de escrituras de buena parte de los pisos. Eso hace que para poder vender, al menos para hacerlo rápidamente, haya que evitar los mecanismos oficiales. De esta forma, el trapicheo y los acuerdos verbales están a la orden del día mientras el barrio se vacía de sus inquilinos habituales.