SALUD

La perra Panda, centro de una terapia para mayores en la residencia de San Juan de Dios

Resulta especialmente efectiva en pacientes con deterioro cognitivo que recuperan parte de la concentración y atención que han ido perdiendo

La perra Panda con uno de las residentes
La perra Panda con uno de las residentes - ABC
ABC Sevilla - Actualizado: Guardado en: Sevilla

Los mayores de la Residencia San Juan de Dios de Sevilla están participando en la terapia asistida con perros que desde hace semanas se viene desarrollando para residentes con deterioro cognitivo.

A través de Panda, una perra que ha sido formada para ayudar a personas mediante la terapia asistida con animales, esta iniciativa pretende mejorar la calidad de vida de las personas que participan, a nivel emocional, social y cognitivo.

María José es educadora especial y terapeuta, y es la guía de Panda. En estas sesiones la acompaña Patricia, psicopedagoga. Ambas, de la empresa Wecania, organizan los circuitos, con conos, para que los residentes más sedentarios den un paseo guiado a Panda. La terapeuta ocupacional del centro acompaña y asiste a los mayores durante la terapia.

Esta primera parte, se lleva a cabo con los residentes que aún conservan movilidad y que se encuentran aún en un estadio inicial de deterioro cognitivo. De esta manera, los mayores lanzan los aros a los conos para ensartarlos y si alguno se les escapa, Panda corre a por ellos hasta devolvérselo para intentarlo de nuevo.

La sensación de soledad, el aburrimiento o la desgana se alivian o se atenúan, ya que la compañía es el primer efecto positivo que causa el animal.

La estimulación va más allá y, mediante esta actividad lúdica, se les invita a levantarse de sus sillas, caminar y ejercitar la precisión. Todo ello hace que encuentren un entretenimiento y disminuya el estrés. El superior de la Residencia, Isidoro de Santiago O.H., explica que «los mayores que afrontan, por ejemplo, una demencia propia de la edad, en muchas ocasiones entran en un estado de monotonía permanente, algo que nos preocupa y en lo que trabajamos para minimizarlo, ya que en San Juan de Dios creemos en el envejecimiento activo, adecuado siempre a las capacidades de cada persona».

Las personas que padecen un deterioro cognitivo más severo son las protagonistas de la segunda parte de la terapia. La terapeuta sube a panda a una mesa alrededor de la que los residentes se encuentran sentados en sus asientos o sillas de ruedas.

De uno en uno, la terapeuta sitúa a Panda delante de los residentes y les anima a acariciarlos. Poco a poco, introduce espuma para estimular los sentidos, se la coloca en las manos y los mayores la aplican sobre el pelo de Panda, a la que peinan con mimo.

Aquellos que han tenido animales reviven escenas de las que fueron protagonistas junto a sus mascotas en otro tiempo y esto les aporta sentimientos positivos y serenidad. Sin embargo, no hace falta haber tenido perro, ya que estas personas reaccionan con la misma emoción y calma.

«Tenemos un residente que, debido su avanzado estado de enfermedad, está permanentemente deambulando de un sitio a otro. Sin embargo, cuando las terapeutas suben a Panda a la mesa y la colocan frente a él, se relaja, deshaciéndose en caricias y mimos. Con esta terapia conseguimos que muchos ejerciten la atención y la concentración, algo que con la edad se va deteriorando», explica el superior de la residencia de San Juan de Dios.

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