El exceso de sol trae consecuencias negativas
El exceso de sol trae consecuencias negativas - EFE/Jorge Zapata
LA TANOREXIA SE DEBE A LA BAJA AUTOESTIMA

La preocupación por tener la piel morena es un problema psicológico que precisa ser tratado

Aumenta el número de casos de cáncer cutáneo en mujeres jóvenes

SevillaActualizado:

Tener la piel morena ha llegado a convertirse en una obsesión para muchas personas, sobre todo mujeres de entre 17 y 35 años, presionadas por la imagen y el culto al cuerpo.

Pero esa preocupación excesiva por algún defecto real o imaginario es un trastorno psicológico que puede traer no pocas consecuencias y que necesita tratamiento.

La psicóloga del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa Eva Moreno explica que la tanorexia se define como un trastorno dismórfico corporal que consiste en la necesidad compulsiva de tener la piel morena y que obliga a tomar el sol obsesiva y compulsivamente. Las personas que lo sufren suelen ser excesivamente críticos con su físico o imagen corporal.

Añade que, según el DSM-V (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), se engloba dentro de los trastornos somatomorfos, «consistente en una preocupación excesiva por algún defecto, real o imaginado, que una persona percibe en su físico o autoimagen».

Pero ¿a qué se debe? Moreno asegura que existen varios factores que pueden estar ejerciendo influencia en la aparición del trastorno, entre ellos la baja autoestima, el bajo concepto y/o aceptación de uno mismo, la necesidad imperiosa de aprobación de los demás, problemas de ansiedad, depresión, personalidad obsesiva principalmente.

«La fuerte influencia socio-cultural que nos presiona con el tema de la imagen a través de medios de comunicación y publicidad como ya sabemos es un agravante muy potente sobre todo en las edades más tempranas, donde se le da un gran valor al aspecto físico», aclara.

La tanorexia suele afectar a la población femenina de edades comprendidas entre 17 y 35 años «porque son el perfil idóneo de personas excesivamente preocupadas por su imagen debido a la presión por la estética que sufren y a que muestran mayor insatisfacción al autoevaluar su apariencia física».

Entre los síntomas destaca la conducta compulsiva de tomar el sol para estar muy bronceados, siendo esto el centro de su atención; la ansiedad elevada si no lo logran o cuando no pueden tomar el sol; la competitividad con otras personas para conseguir mayor bronceado; la frustración e insatisfacción constante, viéndose menos bronceados de lo que están en realidad; la distorsión de la imagen; la bajada de autoestima; sentimientos de culpa y angustia por no conseguir el tono de piel deseado; interferencia social, laboral o personal; a veces, falta de apetito; bronceado extremo con los consiguientes daños físicos para la piel (deshidratación, arrugas prematuras, manchas, quemaduras, alergias, lesiones oculares, pérdida de apetito, debilitamiento del sistema inmune).

En cuanto al tratamiento, la psicóloga decalra que «en primer lugar se trataría lo más dañado, si es lo físico sería conveniente acudir al dermatólogo».

«A la vez se comenzaría el abordaje psicológico teniendo en cuenta que en este caso no solo se trabajarían los síntomas que hemos señalado antes si no que habría que ir a lo más nuclear, a la causa profunda que está provocando el problema para poder resolver desde la raíz la patología, ya que si sólo se trabajan y mejoran los síntomas a la larga pueden volver a aparecer o transformarse en otros síntomas de otro tipo de trastorno dismórfico», advierte.

Como asuntos nucleares se tratarían el nivel de insatisfacción, frustración, ansiedad, autoestima y cualquier trastorno del estado de ánimo que esté asociado, así como la distorsión de la imagen personal. A veces se necesita el apoyo farmacológico.

Los trastornos dismórficos, en general, están experimentando un aumento en los últimos años, «y en el caso del que hablamos se percibe un aumento en el número de casos de cáncer cutáneo en mujeres de edades jóvenes, según apuntan los especialistas de la piel».