Carmen, una joven sevillana de 32 años, sufre varios trastornos de comportamiento, entre ellos cleptomanía,
Carmen, una joven sevillana de 32 años, sufre varios trastornos de comportamiento, entre ellos cleptomanía, - ABC

Testimonio de una cleptómana: «Llegué a tener 120 vaqueros y 140 pares de zapatos»

Carmen, una cleptómana de 32 años, está en rehabilitación en la asociación Asejer desde hace un año

SEVILLAActualizado:

Carmen, una joven sevillana de 32 años, sufre varios trastornos de comportamiento, entre ellos cleptomanía, obsesión por la limpieza y «oniomanía» (compra compulsiva). Hasta hace un año no sabía siquiera que necesitaba ayuda, aunque esa impulsividad le había cambiado el carácter, le hacía estar de mal humor todo el día, había abandonado a sus amigos y su cara se llenó de manchas del estrés que sufría. Todo cambió cuando la denunciaron por haber robado en la casa en la que trabajaba y eso le hizo tomar conciencia de que había traspasado todas las líneas rojas. Cuatro meses después comenzó una terapia que aún sigue en la Asociación Sevillana de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Asejer).

«Era la más pequeña de cinco hermanos y mis padres me daban todo los que pedía porque estaban bien económicamente. Yo estaba acostumbrada a tener siempre lo que quería», relata Carmen (nombre supuesto para preservar su identidad), quien admite que para poder comprar todo lo que quería terminó robando incluso a sus padres.

«Robé a mis padres»

«Le quitaba dinero a mi madre -confiesa- y ella se daba cuenta pero nunca me dijo nada. A mi padre llegué a robarle una cadena de oro, que vendí. En 2014 me casé y empecé a tener problemas con mi marido porque yo llevaba la contabilidad y le daba unos sablazos tremendos a la tarjeta de crédito. Para mí era normal gastarme en ropa 500 euros en una tarde. Si una camisa me gustaba, me la compraba en tres colores. Llegué a tener 120 vaqueros, 140 pares de zapatos y 50 chaquetones. Cuando nació mi hijo compré ocho bolsos para el carro. Mi hermana me decía que estaba enloquecida y realmente lo estaba».

«Mi nivel de obsesión con las compras era tal que dejé de pagar una letra del coche hace tres años porque gasté ese dinero en ropa y cuando llegaban las cartas requiriendo el pago las guardaba en un cajón. Un día llegaron para embargarme el coche y yo hice como si no me hubiera enterado de que faltaba una letra sin pagar. Perdí el coche por no pagar una letra», cuenta esta sevillana, que admite que tras ser madre llegó a estorbarle su hijo porque le quitaba tiempo para ver páginas web de compras on line.

«Mi hijo tenía reflujo y necesitaba una leche especial que costaba 30 euros la lata. En lugar de siete medidas de leche por cada biberón, le ponía una para quedarme con el dinero de los botes nuevos que tendría que comprar. ¡Vamos, que se crió con biberones aguados! Cuando conté esto en las sesiones de Asejer -dice- no paraba de llorar de la vergüenza que sentía».

La denunciaron por robo

Asegura que nunca robó a los amigos y sólo una vez en una tienda. Fue en Zara, donde hurtó un chaquetón al que le quitó la alarma con las manos. En abril de 2017 robó joyas en la casa donde trabajaba y cuando la empleadora le llamó al orden Carmen lo negó todo. Ni qué decir que la propietaria de la casa presentó una denuncia contra ella y el asunto acabó en un juzgado de Sevilla, donde se le pedía una multa de 4.000 euros.

«Le conté lo que me había pasado a mi hermano, que es monitor en Asejer tras haber estado allí siete años en tratamiento por ludópata. Lo primero que me recomendó fue que fuera a un cuartel de la Guardia Civil para confesar. Y así hice. Les expliqué -añade- que tenía un problema de cleptomanía y compras compulsiva, del que me estoy tratando en Asejer desde julio de 2017. Espero que eso sea un atenuante y me rebajen la multa».

Los dos primeros meses en Asejer acudió a un psicólogo una vez a la semana y después una vez al mes. «Lo primero que hizo la psicóloga fue quitarme el dinero y las tarjetas. Me fijó límites con la limpieza porque yo era capaz de acostarme a las cuatro de la mañana limpiando los azulejos del baño. El móvil lo tengo bloqueado parcialmente para que no pueda mirar páginas de compras on line. Sin poder comprar me entraban taquicardias», explica Carmen, que sigue yendo dos veces en semana a Asejer para terapia de grupo. Su familia, sus amigos y su marido comprendieron la situación y le han ayudado a superar su problema. «Todos han sido muy comprensivos y están poniendo de su parte para que yo no recaiga», manifiesta.

Un año sin entrar en una tienda

«Ahora -subraya- llevo un año sin ir a una tienda, no compro ni en el supermercado, ya que mis padres me hacen la compra de alimentos. Hace poco la psicóloga me dio permiso para ir a la carnicería pero no he querido ir. Recientemente fui acompañada a comprar ropa para mi hijo en Zara y me puse muy nerviosa».

Tras su terapia en Asejer, su vida ha cambiado drásticamente y cuando mira atrás comprende la espiral de autodestrucción en la que estaba inmersa. «Ahora me siento feliz, estoy de buen humor, he vuelto a ver a mis amigos, disfruto con mi hijo, no necesito comprar. De hecho, no llevo más de 5 euros en el monedero por si quiero tomar un café por la mañana y aún así tengo que entregar en Asejer los tiques para justificar el gasto de ese dinero. Me han puesto varias trampas y no he caído en ninguna».