El Papa Juan Pablo II asomado al balcón de la Giralda
El Papa Juan Pablo II asomado al balcón de la Giralda - J. M. SERRANO
25 AÑOS DE LA VISITA

San Juan Pablo II: el Papa que se enamoró de Sevilla

El Santo Padre llegó el 12 de junio de 1993 para clausurar el Congreso Eucarístico y revolucionó la ciudad durante dos días

SEVILLAActualizado:

Cuentan los que más cerca estuvieron del Santo Padre que, en aquellos días, Juan Pablo II sentía fuertes molestias en la zona del colon donde fue operado hacía un año. Venía once años después a una ciudad donde, en aquellas fechas de junio, el verano se había asentado con fuerza. El Papa volvía a pocos días de que Felipe González fuera reelegido como presidente del Gobierno, el mismo día en que Miguel Induráin ganó por segunda vez el Giro de Italia y en un momento en el que el país clamaba contra el terrorismo etarra. Aquella Sevilla de 1993 estaba viva. Había cogido impulso tras la Exposición Universal y, justo un año después, volvería a convertirse en centro de atención mundial con la visita del Papa para clausurar el 45 Congreso Eucarístico Internacional.

La ciudad se había vestido de gala. En la capital hispalense estaría dos días, 12 y 13 de junio; y, ya el 14, marcharía a El Rocío y posteriormente a Madrid. A las ocho de la mañana del sábado 12, por la Puerta de los Palos aparecía la Virgen de los Reyes bajo su palio de tumbilla. La patrona, bajo el sol y sólo con el acompañamiento musical de las antífonas cantadas por los canónigos, salió como colofón del Congreso Eucarístico. En la plaza Virgen de los Reyes había mucho público que, cuando entró el paso, permaneció allí durante horas, bajo un soporífero calor, para ver al Papa, que llegó a las once al aeropuerto de San Pablo. A los pies de la escalerilla del avión, se dispuso una alfombra roja en la que esperaban los Reyes de España. Tal y como fue despedido hacía once años, Su Santidad fue recibido por sevillanas. Don Juan Carlos le expresó el deseo de recibir su «mensaje de paz universal y esperanza». El Papa se declaró «lleno de gozo» por volver a Sevilla.

12.24 horas: plaza Virgen de los Reyes

En aquellos momentos, en la plaza Virgen de los Reyes no cabía un alfiler. Entonces no había conexión a Internet. La mejor señal eran las campanas de la Giralda, que repicaron a las 12.11 horas, aunque el Papa no apareció hasta las 12.24 horas. Entró el «papamóvil» en la plaza y se desató el clamor popular. Nada más bajar del vehículo, el alcalde, Alejandro Rojas Marcos, le entregó la Medalla de la Ciudad. Inmediatamente después, Su Santidad se dirigió al balcón de la Giralda: «Desde este símbolo de Sevilla, frente a la plaza Virgen de los Reyes y junto al monumento a la Inmaculada, dirijo a todos mi más cordial y afectuoso saludo, cuando nos disponemos a rezar el Ángelus, la plegaria en honor de Nuestra Señora, tan amada y venerada en esta tierra que, con justificado orgullo, llamáis de María Santísima». En una imagen para la historia, el Papa dio la gracias por la acogida y le dijo a los sevillanos: «Sois fuertes en la fe y también tenéis voces muy buenas». Le habían interrumpido diez veces por las aclamaciones...

El Santo Padre entró después en la Catedral, donde presidió la adoración al Santísimo y regaló una custodia a la Catedral.

17:30 horas: ordenación sacerdotal en San Pablo

Ya por la tarde, a las 17.30 horas, ante más de 9.000 personas presidió una misa en el Palacio de los Deportes de San Pablo, en la que ordenó a 37 sacerdotes, diez de ellos sevillanos y que este martes celebrarán sus bodas de plata en la capilla de San pedro ad Vincula junto al arzobispo, monseñor Asenjo. Casi a la noche, de nuevo regresó a la plaza Virgen de los Reyes. Desde el balcón del Palacio Arzobispal, saludó a los jóvenes, que le cantaron las sevillanas del adiós. El Papa exclamó: «¡Qué maravilla cómo canta Sevilla!»

El Papa presidió la misa statio orbis en el campo de la Feria
El Papa presidió la misa statio orbis en el campo de la Feria - ABC

9.00: Misa statio orbis en el campo de la Feria

Al día siguiente, en el campo de la Feria se celebraba la misa statio orbis ante unas 600.000 personas, que puso punto y final al Congreso Eucarístico. El Santo Padre se postró ante la Pura y Limpia, en una eucaristía en la que el calor causó estragos. Hubo hasta diez atenciones cardiacas entre el público y al Santo Padre se le vio fatigado. Pese a ello, expresó la «gracia» que le había concedido el Señor «de volver a estar reunido con vosotros».

A su término, Su Santidad acudió al Patio de los Naranjos, donde se despidió de los delegados nacionales del Congreso, antes de partir hasta Dos Hermanas, donde bendijo la residencia de ancianos de San Rafael. El Papa confirmaba así su amor por una ciudad que le sigue venerando 25 años después.