Imagen de la familia Martín-Calderer al completo
Imagen de la familia Martín-Calderer al completo - RAÚL DOBLADO
FAMILIAS NUMEROSAS

«Si al casarnos nos enseñan esta foto con diez hijos, hubiéramos salido corriendo»

El ingeniero Ramón Martín y la bioquímica Nuria Calderer tienen que hacer una hoja excel para los regalos de Reyes, ponen cinco lavadoras al día y les traen la leche en furgonetas, pero se declaran felices: «Cada niño es una bendición»

SEVILLAActualizado:

No lo tenían calculado pero han acabado siendo doce y no descartan que la familia pueda ampliarse aún más. «Si cuando nos casamos nos enseñan esta foto con diez hijos, salimos corriendo pero han ido viniendo uno a uno y todo se ha ido acomodando», comentan Ramón y Nuria, rodeados de cinco de sus diez vástagos.

Ramón Martín tiene 44 años y es ingeniero de caminos. Su mujer, Nuria Calderer, de su misma edad, es licenciada en Bioquímica. «Nos gustaban los niños como a cualquier pareja de novios pero no pensabámos a priori en tener ningún número determinado pero cada vez que ha venido un hijo ha sido una bendición», aseguran. Son diez «bendiciones» que tienen actualmente de 2 a 18 años: Santiago (18), Paloma (16), Clara (15), Nuria (13), Ramón (11), Juan (8), Teresa (7), Carmen (5), Miguel (3) y María (2). Según sus padres, «la mayor alegría que tienen es cuando les decimos que van a tener un nuevo hermano».

Ramón y Nuria vienen ambos de familias numerosas, aunque no tanto, ella cinco hermanos y él seis. Y ambos coinciden en que la clave de todo es su relación: «Llevamos casi veinte años casados y éste es el primer milagro, porque si Dios no nos hubiera ayudado en el matrimonio a querernos y perdonarnos, o hubiéramos tenido más de uno o dos hijos, o no estaríamos ya juntos, porque somos muy distintos, y siempre hay roces y diferentes formas de pensar».

No se arrepienten de nada y tampoco le dan demasiada importancia a tener a casi un equipo completo de fútbol en casa al que cuidar, vestir y alimentar: «Nuestros padres nos acogieron con alegría y nosotros hacemos lo mismo con nuestros hijos. Es verdad que se renuncia un poco a una vida más cómoda, a algunos proyectos y a un mayor bienestar material pero estamos teniendo una vida plena. A lo mejor si nos hubiéramos metido enseguida en hipotecas o ella hubiera tenido un trabajo exigente, sin posibilidades de excedencias, nuestra historia habría sido otra», cuenta Ramón.

Urgencias del Virgen del Rocío

Han ido muchas veces a urgencias infantiles del Virgen del Rocío (caídas y brechas, todas las del mundo), han tenido que hacer muchas mudanzas (de un piso de 80 metros cuadrados a uno de 120, de 120 a 180 y de 180 a 210, el último, de momento) y no paran en todo el día, pero se sienten contentos y satisfechos. «Esto es una montaña rusa todos los días. A las 12 llegamos muy cansados pero estamos felices», dicen.

Admiten que pierden la paciencia todos todos los días, desde por la mañana, a la hora de salir del colegio («hora punta» en la casa, con los cuartos de baño a pleno rendimiento y donde a menudo no aparece un zapato), a la hora de la siesta, y antes de dormir. «Los niños pelean, discuten, lo normal, pero tampoco se aburren nunca y tampoco se ponen muchos malos a la vez: es como si esuvieran inmunizados -comenta Nuria-. Hemos pasado rachas malas sobre todo con los tres mayores cuando eran pequeños. Estábamos más agobiados que ahora con los diez», aseguran.

No se quejan de nada pero reconocen que echan de menos la cobertura familiar (sus padres viven en Granada) y que no han tenido muchas ayudas institucionales. «No hemos tenido muchas ayudas pero nadie tiene familia numerosa pensando en una ayuda de nadie. Uno no es más feliz viviendo para su comodidad, sino entregando tu vida. Hemos aprendido en la Iglesia y de nuestros padres que el que pierde la vida por los demás, la gana».

Nuria, la madre, lo hizo desde el principio. Bioquímica de profesión, renunció a su carrera para cuidar de su familia. Y dice que no se arrepiente de hacerlo y que se siente feliz «de ser esposa y madre de tantos hijos».

Ramón es ingeniero de caminos y estuvo trabajando en la Sierra de Cazorla pero se quedó en paro y por consejo de su madre se preparó una oposición a la Junta de Andalucía. La sacó en 2001 y en 2005, aceptó un puesto mejor remunerado en el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira. Seis años después se fue a una empresa pública de aguas, donde trabaja actualmente con unas condiciones económicas más acordes a las necesidades de su familia.

-¿Viene un niño con un pan debajo del brazo?

-Nuestra experiencia es que sí. Con cada embarazo ha llegado una mejora laboral y económica. Nunca esperamos a tenerla para lanzarnos pero así ha sido. No nos ha faltado ni trabajo ni nada importante gracias a Dios.

De alquiler

Sin embargo, con un familia tan grande ni un buen sueldo da para mucho. No tienen patrimonio y viven de alquiler. «Nuestros hijos no tendrán ninguna herencia pero sí la fe y una educación en valores que les ayude en su vida», comentan.

A casa de la familia Martín-Calderer viene una empresa cada dos días a traerles la leche, como los bares: consumen unos 150 litros al mes. El frigorífico se llena por la mañana y por la noche está vacío; se ponen cinco lavadoras al día; se consumen cinco o seis barras de pan (casi doscientas al mes), la cuenta normal en la frutería es de unos 45 euros, gastan 50 o 60 euros al mes de agua (las duchas están limitadas a cinco minutos) 80 de luz, 50 de gas, 90 euros al mes (un fijo y cuatro móviles, de momento) y no tienen dinero para caprichos.

Gastan más agua y luz que cualquier familia, por razones obvias. «Hay un bono social de la electricidad pero lo han limitado con un tope de electricidad que nosotros superamos porque somos 12. Debería tenerse en cuenta el número de personas de cada familia. Al menos, en el agua no se nos penaliza por excedernos del consumo máximo», dice Ramón.

Tienen 12 cumpleaños y 10 santos al año, aparte de los reyes. «Nuestros hijos saben que llegamos hasta donde llegamos. Nuestros hijos no pueden ir a todos los cumpleaños a los que les invitan, sería un jaleo en idas y vueltas, pero lo entienden. Nos organizamos y ellos también se preocupan de la logística. Hay muchos días de fiesta al año y normalmente las celebramos en casa. No solemos ir a un mc donalds», reconocen.

Pueden tener unos 2.000 euros de gastos fijos mínimos al mes. «El día 20 ya estamos a cero en el banco y cualquier imprevisto nos desbarata, una avería del coche o de un electrodoméstico, los dentistas. Tenemos que esperar a las pagas extra o a la devolución de Hacienda para equilibrarnos. Ahora mismo tenemos tres ortodoncias. Menos mal que los dentistas nos dan facilidades de pago», cuentan.

La vuelta al cole es muy complicada, mucho más que los Reyes. «Hay libros que no cubre el chequelibro y si multiplicas tres o cuatro por diez euros y por diez que son ya tienes ahí 400 euros. «Nos dejan a veces uniformes pero algunos los tenemos que comprar», comentan.

«Si uno echa la cuenta de todos los gastos se echa a llorar, pero todo ese es secundario. No todo es el dinero. Nos acostamos todas las noches cansados pero con esperanza y contentos. Nuestros hijos son un futuro para la sociedad», reflexiona Ramón.

Los hijos mayores aprenden rápido y son un poco «buscavidas» para sus gastos, porque saben lo que hay. Nuestros hijos saben que llegamos hasta donde podemos. «Los mayores tienen que buscarse la vida para sus gastos, saben que no hay para caprichos y cuidan niños o cantan en comuniones para sacarse algún dinero», cuentan.

Villancicos para ver al Papa

La falta de dinero agudiza el ingenio. Los tres mayores querían ir a Cracovia a ver al Papa en 2015 pero no había dinero para pagar el viaje y a la familia se le ocurrió grabar un disco de villancicos para obtener fondos para el viaje. Con un amigo músico lo pudieron grabar y con donaciones voluntarias sacaron el dinero para pagar ese viaje. «¡Nos pidieron más de 800 discos!», recuerdan.

Cuando llegan los reyes magos, el padre abre una hoja excel para que nadie se quede sin regalo. Todos colaboran de alguna manera: uno pone la mesa, otro saca el lavavajillas, todos hacen algo. «Los niños heredan la ropa y saben lo que hay pero creo que somos bastante felices».

-Cuando viene un nuevo hermano a la casa, ¿qué dicen los demás?

-Es la mayor alegría que les podemos dar. Los niños enganchan mucho. Es una alegría enorme y duradera. Los pequeños recurren mucho a los mayores. Los que miman a los pequeños no son los padres sino los hermanos mayores. Sin su ayuda, esto no saldría adelante.

Los problemas de logística son grandes, por ejemplo, el transporte. «Aquí en España sólo se considera turismo hasta 9 plazas, por eso tenemos una furgoneta de 9 plazas, aunque necesitaríamos 12. Por encima, se considera transporte de pasajeros. Aunque existen furgonetas de 12 plazas, no se comercializan ni homologan en España», cuenta Ramón, que recuerda un viaje en 2015 a Luxemburgo. «Tuvimos que ir en dos coches, con la ayuda de un padrino. El fin de semana pasado fuimos a Granada, y los mayores tuvieron que ir en autobús. Por ahora no podemos comprar un segundo coche, así que utilizamos transporte público».

Simplificar

«Nuestro lema es simplificar», dice Nuria, pero no es fácil con doce personas en la casa. Las VPO no les valen porque no tienen más de cuatro dormitorios y literalmente no caben. Necesitarían dos.

Son conscientes de la renuncias que conlleva traer 10 hijos al mundo pero no se cambiarían por nadie. «Con una familia de dos hijos tendríamos casa en propiedad y algun apartamento en la playa pero estamos muy contentos y no cambiamos nada».

Sí cambiarían, si pudieran, las deducciones fiscales a las familias de su tamaño. «Yo no puedo ahorrar nada para pensiones, ni siquiera puedo comprar una vivienda pero el día de mañana a mis hijos van a contribuir a pagar pensiones. Creo que eso debería ser tenido en cuenta. No sólo son las pensiones del futuro, una familia tan numerosa ayuda mucho al consumo: zapatos, ropa, etcétera», dice Ramón.

Ramón Martín puede desgravar entre 2.400 y 4.500 euros por hijo al año pero aún así le devuelve un tercio de lo que le retienen.

«A efectos de Hacienda es casi lo mismo tener 5 ó 10. Nos dan lo mínimo en becas porque yo tengo un sueldo alto. Dan 200 euros al mes pero da igual tener 5 ó 10. No me parece justo», dice Ramón.

-¿Nunca se han sentido desbordados?

-La peor época fue con tres pequeños pero una vez que se hacen mayores hay muchos brazos en casa para ayudar y salir a comprar y puedo descansar un ratito después de comer -dice Nuria-. Algunos amigos nos decían que para una familia así hacían falta cuatro padres. Alguno puede pensar que tener diez hijos es algo sobrehumano, que es como subir el Everest, pero en nuestro caso ha sido un camino gradual, por etapas, poco a poco, con la ayuda de la fe en Dios, que no da alegría, fuerzas y sentido a nuestra vida.

-¿Y la paciencia?

-Va creciendo con cada hijo. No nos parece algo extraordinario. No somos superpadres, somos gente normal.

-De mayores no estarán solos... Alguno de los diez se quedará a cuidarles si es necesario.

-Esperemos porque pensión nos va a quedar poco -bromean los dos.