Detalle de un dibujo realizado por un niño con dislexia de diez años
Detalle de un dibujo realizado por un niño con dislexia de diez años - ABC

«Si me pongo malo no tendría que repetir curso, ¿verdad mamá?»

Una madre sevillana narra la mochila de carga emocional que llevan niños, que como el suyo, tienen dislexia

SEVILLAActualizado:

La dislexia es una de las principales causas de fracaso escolar, gran culpa de ello lo tienen los mensajes negativos que de forma continua reciben los niños con dislexia en el entorno escolar, social y familiar. Mensajes como: «Eres un vago», «Tendrás que repetir curso», «No sé qué hacer contigo», «No te esfuerza lo suficiente» o «No te concentras», suelen ser comunes a la hora de dirigirse a estos niños.

Para Begoña Escribano, presidenta y fundadora de Dislexia Sevilla, «esto un día tras otro, hace que el niño desencadene problemas emocionales y de conducta. Los niños pueden dejar de creer en ellos mismos y dudan de su capacidad, creándoles sufrimiento, miedo, ansiedad…».

Su experiencia con la dislexia, empezó en casa con uno de sus hijos: «Simón, un niño de 10 años que lleva luchando con su dislexia desde que entró en el cole a los 3 años, aunque con esa edad todavía no sabíamos que era disléxico». Begoña cuenta que durante esa etapa de Educación Infantil Simón se quedaba parado «como una estatua» cuando trabajaban las actividades de grafomotricidad, pensando su profesora que esto era debido a un problema de conducta nos decía que «Simón es desobediente y vosotros unos padres permisivos».

El niño era expulsado una y otra vez de su clase a otras aulas. Estas expulsiones se repitieron durante los tres años que dura la etapa de Educación Infantil. «Estos años fueron muy duros para Simón, cuando debía haber sido una etapa feliz. 'Me siento como si un camión me hubiese pasado por encima' nos decía cuando lo despertábamos para ir al colegio.

Al llegar a la etapa de Educación Primaria, su dificultad se hacía más notable, cada día sólo escribía la fecha en su cuaderno, página tras páginas en blanco únicamente con la fecha en la parte superior. Por lo que constantemente recibíamos notas de la profesora en la agenda: «no quiere leer», «no quiere escribir». Durante estos dos años, Simón afianzó su sentimiento de que el colegio «es lo peor que podía existir».

Al entrar en 3º de Educación Primaria, Simón ya tenía detectada la dislexia de forma privada, durante ese curso. «A pesar de tener el apoyo de su tutora, que hizo todo lo posible por formarse, el gran desconocimiento que actualmente hay en los centros educativos y la falta de formación en la mayoría de los profesores, siguieron poniendo piedras en el camino de Simón y haciendo que su mochila de carga emocional fuese creciendo. Hechos como terminar un examen de rodillas en el pasillo y apoyado sobre una silla para escribir, anotaciones en los exámenes 'no sé qué hacer con él'…iban mermando su autoestima poco a poco», dice Begoña

Pero fue en esta etapa, 2º ciclo de Educación Primaria cuando Simón empezó a dibujar como se sentía. Los dibujos lo decían todo.

En la actualidad, «Simón cursa 5º de Educación Primaria, donde a pesar del apoyo de su tutora, Simón sigue encontrándose verdaderas rocas en el camino, a causa de un sistema educativo defectuoso que no le deja demostrar sus conocimientos. Sin embargo, él sigue luchando como un campeón a pesar de no encontrar ninguna razón para ello, salvo agradecerme con su trabajo todo el esfuerzo que él dice que hago por él. 'Mamá que hubiese hecho yo si no hubiese tenido una madre como tu', me dice, pero ni el mayor de mis esfuerzos puede compararse con el suyo, horas y horas de estudio, acabando normalmente sus deberes a las 22.30, habiendo empezado a las 16.30, sin poder ir al parque a jugar como el resto de los niños de su edad porque sus deberes no están adaptados, o porque además de sus deberes tiene que entregar el resumen del libro de este mes que no ha tenido tiempo de leer al acabar tarde los deberes todos los días».

Begoña comenta que esta semana han leído sus notas en voz alta junto con la del resto de sus compañeros. Viene destrozado, «cuatro suspensos mamá ¿con cuantas asignaturas se repite? Si me pongo malo no tendría que repetir, ¿verdad mamá?» y esto después de un duro año de trabajo, donde ha hecho grandes logros y avances pero una vez más «nos encontramos con algo que debería haberse evitado y que ha puesto una piedra más en su mochila emocional, la que lleva colgada desde los 3 años».

Begoña Escribano es presidenta de la asociacíon Dislexia Sevilla (www.dislexiasevilla.es), asociación que fundó para ayudar a personas que como ella, vivan situaciones parecidas en casa. Para dar a conocer esta asociación celebrarán una reunión mañana viernes, 9 de junio, a las 17 horas, en el Hotel Hesperia de la calle Eduardo Dato.