Luis Rey Goñi
Luis Rey Goñi - MJ.LÓPEZ OLMEDO
ENTREVISTA

«Tuvimos que elegir entre el concierto con la Junta o mantener la calidad de la enseñanza»

El colegio internacional San Francisco de Paula, que dirige Luis Rey Goñi, fue el primer centro privado que renunció a la concertación con la Junta

SEVILLAActualizado:

Luis Rey Goñi (Sevilla, 1966) dirige desde hace más de veinte años el colegio internacional San Francisco de Paula, uno de los cincuenta mejores de España, según todos los ránking educativos. Es doctor en Ciencias Químicas por las universidades de Bolonia y Sevilla, con formación en posgrado en Singularity University y Harvard. Fue el promotor en 2015 de la mayor cumbre global de Singularity University fuera de California, celebrada en Sevilla. Habla inglés, francés e italiano y ha recibido la Orden de la Estrella de la Solidaridad Italiana y la de las Palmas Académicas de Francia.

¿Cuántas renuncias y disputas familiares fueron necesarias para que el colegio de San Francisco de Paula haya sobrevivido hasta hoy, un siglo y cuarto después de su fundación?

Las renuncias han sido de mucho tipo. De mis bisabuelos por priorizar la inversión en el colegio a una vida más cómoda. De mi abuelo y de mi padre a una carrera científica de investigación. Y de mi madre a no poder vivir en el norte, tal vez en Francia.

¿Y las disputas?

En distintas generaciones de la familia, al quererse preservar la pervivencia del colegio, unos miembros han estado más inclinados a desprenderse del centro. En tiempos de mi abuelo y de mi tío-abuelo, el uno de ciencias y el otro de letras, uno con hijos y otro sin hijos, tenían distintas concepciones sobre lo que el colegio debía ser. Y eso se ha dado en todas las generaciones.

Su bisabuelo pasó una gran estrechez económica cuando adquirió el colegio. Eso contó en un artículo publicado en ABC titulado «Una historia familiar».

Sí, aunque eso fue a finales del siglo XIX.

Medio siglo más tarde, el colegio pasó de ser considerado «rojo» por acoger a profesorado no adicto al franquismo y por negarse su abuelo a cantar el «Cara al Sol» a ser considerado «facha» en la democracia, imagino que por lo mismo, pero al revés. ¡Qué español!: ¿no le parece?

Sí, España es pendular porque ha estado acostumbrada a resolver sus conflictos con violencia, por guerra o represiones. Y la violencia produce bandazos. Nosotros hemos pretendido mantener una línea de independencia respecto a todos los poderes dominantes y eso ha hecho que se nos vea siempre a la contra. Es una cuestión de mera coherencia mantenida.

Siguiendo con el péndulo, hemos pasado de una casi dictadura del profesor, que hacía lo que le daba la gana, a una casi dictadura del alumno, que hace lo mismo que antes hacía el profesor.

Que tienen cierta relación. Uno analiza las normas de la Junta de Andalucía, en particular la orden de evaluación de 1997, y pensando bien uno puede creer que están encaminadas a evitar abusos de algunos docentes. Pero luego ocurre que eso, cuando se utiliza mal, lleva al efecto contrario y nosotros hemos tenido que tumbar en los tribunales decisiones de algún delegado de Educación de triste memoria.

¿Por qué motivo?

Por conflictos académicos, de notas.

Ha habido varios casos de exámenes en blanco calificados con un cero por el centro que la Junta dio por aprobado,con un cinco, en algún instituto público de Sevilla y de otras provincias andaluzas.

Sí, hemos tenido algún caso así. Y deja el disgusto de quien ha hecho las cosas por el sentido de la obligación y se encuentra con que algunos representantes políticos no hagan lo mismo. Aunque hayan estudiado Ética.

Fue el único colegio sevillano que renunció a la concertación. Más tarde se le unirían otros. ¿por qué?

Porque creíamos en la calidad de la enseñanza y tuvimos que elegir. No era posible mantenerla por la homogeneización que se trataba de imponer a todos los centros.

¿Tampoco querían despedir a profesores?

No. Y eso es lo que nos sugirió la secretaria de Educación: que despidiéramos a los profesores veteranos y contratáramos a licenciados muy jóvenes y más baratos para poder cumplir los criterios económicos de la concertación. Y mi padre dijo que no.

«Un colegio son sus personas, no sus ladrillos», dijo en público más de una vez su padre.

Pues eso es justo lo que le dijo a la secretaria de Educación.

A su padre el parkinson le arruinó la salud. ¿Modificó esa larga enfermedad su forma de pensar, su enfoque de ciertas cosas?

No. Él fue un ejemplo de esfuerzo permanente y de autosuperación, incluso en las dificultades por su enfermedad. En todo caso, me impulsó más a seguir luchando.

¿Cómo está viviendo la transformación del centro en colegio internacional?

Con mucho esfuerzo.

¿Hay algunos escollos por resolver?

Me gustaría que desde la Administración andaluza se facilitara la integración de alumnos extranjeros. Hay dos personas de la misma que están bloqueando esto pero espero que se resuelva. Es apasionante alumbrar el futuro.

Cuando ven un antiguo alumno llegar lejos en cualquier campo profesional, ¿sienten que mereció la pena aguantar?

Sí, aunque se siente mucho antes, con las sonrisas de nuestros alumnos en los pasillos.

Son muy anglosajones en su relación con los antiguos alumnos del colegio: ¿qué es, para usted, ser franciscano?

Es priorizar la responsabilidad frente a la comodidad, la honestidad frente al propio beneficio y el progreso común frente a la tranquilidad de lo ya conocido