Sevilla

Los universitarios sevillanos miran al extranjero para prosperar

El Ayuntamiento reconoce los expedientes de 36 alumnos de la Pablo de Olavide y la Hispalense

Foto con los premiados por el Ayuntamiento por sus expedientes académicos universitarios
Foto con los premiados por el Ayuntamiento por sus expedientes acad√©micos universitarios - VANESSA G√ďMEZ

La mañana de este martes fue un cóctel de emociones para muchos de los 36 alumnos citados en el Salón Colón del Ayuntamiento, donde se les reconocieron sus brillantes expedientes académicos. Un día para el regocijo de todos ellos, que veían recompensados el esfuerzo y el sacrificio durante su etapa estudiantil. Ese diploma de la ciudad de Sevilla premiaba a los estudiantes que habían finalizado sus grados en el curso 2014-2015. Posaban con él con una amplia sonrisa en la escalinata del Consistorio. No obstante, fue inevitable que a más de uno (y más de dos) les embargase un sentimiento de desaliento. Porque, a pesar de tener uno de los mejores currículos de sus facultades y escuelas universitarias, muchos no han conseguido la meta que se propusieron incluso antes de iniciar el primer curso: lograr un empleo relacionado con aquello para lo que se han preparado.

Pero minutos antes de esa foto de familia, en el remozado Salón municipal, el alcalde, Juan Espadas, y los rectores de las universidades de Sevilla y Pablo de Olavide, Miguel Ángel Castro y Vicente Guzmán, entregaron a estos jóvenes dicho diploma. En algunos casos, eran familiares quienes salían a recoger los galardones con la justificación de que sus hijos o hermanos estaban fuera de la ciudad intentando encontrar un hueco en su campo de estudio o en otros.

El alcalde y los rectores incidieron en la idea de que este reconocimiento lleva implícito un compromiso con la sociedad, para «transformarla y hacerla avanzar»

«Hoy premiamos el talento y la excelencia», dijo el alcalde. Y citando a Thomas Alva Edison, cuando éste señaló que «el genio es un 1% inspiración y el 99% transpiración», se dirigió a los jóvenes para reconocerles que ellos, seguramente, no habrán tenido que emplear ese 99%, sino mucho menos, gracias a sus capacidades y talentos naturales. Pero tras el halago, Espadas les recordó que este tipo de premios acarrean una «responsabilidad», que no es otra que «devolver a la sociedad la oportunidad que se les ha brindado». «Queremos oír hablar de vosotros e identificaros como a esas personas que un día reconocimos y que nos hacen sentirnos orgullosos. Os vamos a seguir buscando como referentes permanentes», les advirtió.

Por su parte, los rectores de las universidades coincidieron con el alcalde en que «a este premio va unido una obligación. Puesto que sois mejores que otros, tenéis que ser capaces de contribuir con más fuerza a cambiar el rumbo de los acontecimientos y a que nuestra sociedad avance», comentaron.

Los premiados

Una vez finalizado el acto, mientras en los corrillos formados en torno a la escalera de mármol unos y otros intercambiaban impresiones, se podían descubrir esas historias de superación que acreditan los extraordinarios expedientes. Aunque algunos protagonistas contaban su historia por boca de sus padres. Como es el caso de Adolfo y Carolina, padres de Adolfo Juan García de Sola Alonso, de 23 años, graduado en Ciencias del Deporte. Él no estaba allí para explicar que se encuentra en Bulgaria trabajando como auxiliar de vuelo para una compañía de bajo coste, y que ese mismo día estaba asistiendo a una entrevista para poder acceder a un puesto similar en una línea noruega.

La madre de Fernando Martín Fernández, Sensi, también se encargó de destacar la historia de su hijo, ingeniero de Telecomunicaciones de 26 años. Este chico cursó quinto en la Universidad de Cranfield (Inglaterra) y, además, estudió un máster. «Cuando terminó, a todas las entrevistas que se presentaba lo llamaban para trabajar. Ha tenido la oportunidad de elegir y hacer lo que le gusta. De momento no piensa en volver», aseveró su madre.

Pensando en el futuro. Las trayectorias profesionales de algunos jóvenes pasan por salir de España. «Deseamos quedarnos, pero aquí no hay oportunidades», dicen

Nazaret Moreno Rodríguez, de 23 años, es química. Actualmente tiene un contrato en la Fundación de Investigación de la Universidad de Sevilla, donde trabaja en un proyecto farmacéutico. Este año volverá a pedir una beca de doctorado del Ministerio de Educación, puesto que el año pasado no pudo conseguirla. Desea quedarse en Sevilla, aunque reconoce que «sin una beca o un contrato, un químico lo tiene muy complicado. Hay más oportunidades en el extrajero que aquí».

Sergio Romero Linares, graduado en Bellas Artes, es hoy ya un pintor autónomo con estudio propio. Este vecino de San José de la Rinconada obtuvo una beca en la Fundación Antonio Gala de Córdoba, ha expuesto en su municipio natal y, dentro de un año, espera hacer lo propio en la Casa de la Provincia de Sevilla. Como Nazaret, en su mente está quedarse en su localidad, pero admite que «como mínimo, para avanzar, tendré que irme a Madrid o, en cualquier caso, pensaré en el extranjero. El coleccionismo de arte es más fuerte fuera de España».

Carolina Páez Gómez tiene la titulación del doble grado de Trabajo y Educación Social. Está intentando por todos los medios quedarse en Sevilla, sin embargo, desde que salió de la facultad en 2015 no ha encontrado trabajo. «Estoy ahora en un proceso de selección del programa Emplea Joven de la Junta. Espero que me llamen esta semana», manifesta esperanzada.

En el lado opuesto se encuentran la odontóloga Inmaculada Jiménez Martín, la enfermera Laura Román Aguilar, la farmacéutica Clara Muñoz Castro y el interventor del Ministerio de Defensa Juan José Villalba Rodríguez. Todos ellos han logrado su objetivo: conseguir trabajar en lo que desean y con un futuro por delante muy prometedor.

La cara y la cruz de estos magníficos expedientes, donde las matrículas de honor se imponen a los notables o sobresalientes, pero que, a veces, el sueño no se cumple en casa, sino fuera.

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