Sevilla

La vida que truncó el ascensor del Valme

Sus más íntimas amigas se reunieron días después de la tragedia para rendir homenaje a Rocío, que murió en el accidente tras dar a luz a su tercera hija

La joven Rocío Cortés Núñez
La joven Rocío Cortés Núñez - ABC
S. CABEZAS Sevilla - Actualizado: Guardado en: Sevilla

Rocío no cumplía los nueve meses de embarazo hasta el día 31 de agosto, pero su hija Triana no podía esperar más y el sábado 19, once días antes de lo previsto, sobre las 8 de la mañana rompió aguas. Como embarazada experta —ya había tenido dos partos anteriores —puso rumbo junto a su marido, desde su domicilio situado en Dos Hermanas al Hospital de Virgen de Valme, donde ya había tenido a sus dos hijas anteriores. Desde allí, mandó varios mensajes al grupo de whatsapp de sus amigas en el que les informaba de que estaba esperando a que le dieran habitación, que se encontraba bien y que no tenía dolores. Hasta el día de antes, Rocío no dejaba de bromear con sus amigas.

El domingo por la mañana, un mensaje de la madre de Rocío les informaba de cómo se iban sucediendo los acontecimientos. Al final le hacían cesárea, sería la segunda para ella. Ningún mensaje más en las horas posteriores, algo que inquietó al grupo de amigas. «Comenzamos a llamar a su madre, a su hermana, a su marido, pero nadie contestaba», explica una de las amigas quien reconoce que «ya empecé a ponerme muy nerviosa porque por Facebook me había enterado de que una mujer había tenido un accidente en un ascensor en el hospital de Valme». Ninguna podía pensar que esa mujer era su amiga Rocío. Pero había demasiadas coincidencias: mujer de 25 años, que acababa de dar a luz por cesárea y de etnia gitana. Aún así, seguían aferrándose fuertemente a la idea de que no era ella, y que si la familia no respondía era por algún otro motivo. Pero a las 18.30 horas les llegó la cruel noticia. Rocío Cortés Núñez, su amiga, la de la eterna sonrisa, aquella que nunca veía un problema y que siempre intentaba ver el lado positivo a todo, era la mujer del ascensor. «¡Qué es ella, que es Rocío!». El desgarrador mensaje de voz de su amiga Sandra caía como una losa en el grupo de whatsapp.

Rocío con una amiga en una celebración ABC

«No lo había vuelto a escuchar desde ese día», dice una de ellas. «Yo, sin embargo, necesito escucharlo todos los días, porque no me lo creo», asegura otra, mientras que en el grupo una voz susurra : «en mi cabeza está grabado ese mensaje desde ese maldito día». Silencio. Hasta la que escribe tiene que hacer un acto de contención por la emoción que se respira. Algunas amigas se rompen. Demasiado dolor. «Es que no nos lo creemos, cómo, por qué…. Necesitamos saber qué pasó», repite una y otra vez Mercedes, la madre de una de las mejores amigas de Rocío.

El destino y la mala suerte quiso que la cama de Rocío entrara en el ascensor número 3. «Había otra chica esperando el ascensor porque había salido de la sala del despertar y, al igual que Rocío, había sufrido una cesárea. Las dos esperaban, pero fue ella la que entró primero en ese maldito ascensor», relatan. Mientras su familia, ajena a todo, la esperaba unas plantas más arriba, un poco afligidos todos porque tenían que comunicar a la joven que el bebé había sido trasladado al Virgen del Rocío por una cardiopatía. Una noticia que aún desconocía Rocío.

La joven durante un partido del Betis
La joven durante un partido del Betis- ABC

Sandra, Mayka, Lorena, Cristina, Isabel, Merchi y las veteranas Mercedes y Antonia aún no se pueden creer su muerte. «Yo hasta que no estuve en su entierro, no fui consciente de lo que había pasado», explica Lorena. El pasado viernes por la noche, cinco días después de enterrar a Rocío, todas ellas se reunieron en un parque de Dos Hermanas para recordarla. Y es que, a pesar de que cada una tenía su vida, intentaban sacar siempre un hueco para verse y compartir confidencias. «Rocío era la felicidad en persona, nunca veía un problema y cuando lo había, se reía», comenta su amiga Merchi.

La joven durante su «baby shower» a la que no faltaron sus amigas
La joven durante su «baby shower» a la que no faltaron sus amigas- ABC

Ellas la describen como una chica optimista, risueña, cariñosa, solidaria y humilde, «muy buena gente», concluyen. Ahora pasaba por su mejor momento. Su marido tenía trabajo estable como camarero en un bar del centro de Sevilla, se habían mudado a un piso en la barriada de Los Montecillos, donde la familia fue acogida con mucho cariño entre el vecindario, y esperaba a su tercera hija, Triana. La vida les sonreía. Atrás quedaban unos años difíciles, porque como cualquier otra familia había atravesado una mala racha. «La desahuciaron de la casa en la que vivía con sus dos hijas pequeñas y no nos dijo nada hasta el mismo día que tenía que abandonar la vivienda. Ella no era de contar penas», explican. Pero todo eso había quedado atrás. Había empezado una nueva etapa junto a su marido y sus dos hijas, una felicidad que quedaría completada con la llegada de la pequeña Triana.

Rocío y José (al que ella cariñosamente llamaba por su apodo «chino») se conocían desde niños porque ambos vivían en el barrio nazareno de Las Portadas, donde vivieron hasta que se mudaron a Los Montecillos. Fue su primer y único amor, cuentan sus amigas que la conocen desde niña. «Estaban hechos los dos tal para cual, eran la pareja perfecta», relatan. En julio habían celebrado 11 años de amor, aunque hace sólo dos que decidieron formalizar su relación con una emotiva boda en la que no faltaron familiares y amigos. «Él no deja de preguntarse qué va a hacer ahora sin ella», precisan. Y es que su vida se ha truncado para siempre por un accidente, un maldito accidente que no sólo ha segado la vida de una joven de 25 años, si no que ha dejado huérfanas de madre a tres niñas de 4, 5 y un bebé de sólo una semana.

Rocío deja tres hijas de 4, 5 y un bebé de sólo una semana
Rocío deja tres hijas de 4, 5 y un bebé de sólo una semana- ABC

Rocío se dedicaba sobre todo a la crianza de sus pequeñas, Carmen y Rocío, por las que sentía adoración, aunque también había tenido algún que otro trabajo en estos años, como animadora para la campaña de Navidad en el Ayuntamiento de Dos Hermanas o ayudando en el bar en el que trabajaba su marido.

Sus amigas destacan de ella su generosidad. «Todo lo que tenía lo daba, aunque ella no tuviera para comer», precisan. De hecho, una muestra de su generosidad la tuvo precisamente con sus amigas. Aceptó a ser la última en enterarse del sexo de su bebé. Sus amigas le propusieron que si accedía le organizarían una «baby shower» y Rocío aceptó sin condiciones.

«Todo le parecía bien, era muy buena», concluyen. También sufría mucho cuando algunas discutían. «Era la mediadora del grupo, no le gustaba que nos enfadáramos», recuerdan.

Sonríen y hasta dan carcajadas cuando relatan alguna de las anécdotas vividas con ella. Como cuando acudieron al curso de camarera de piso y antes de comenzar ya tenía el uniforme manchado, o cuando Rocío se prestó a un cambio de look a cambio de 60 euros. Lorena recuerda que el cambio fue desastroso y que después tuvo que emplear el dinero en reparar lo que le habían hecho. También cuando Rocío, bética hasta la médula, acudió la pasada temporada al estadio de Betis para ver su primer partido en directo. Disfrutó tanto, que prometió que este año se sacaba el carné. Otro plan que tampoco podrá llevar a cabo. Quién le diría a ella que su amado Betis le rendiría un homenaje guardando un minuto de silencio antes del partido del partido celebrado el pasado viernes, un acto que quisieron agradecer sus familiares asistiendo al mismo.

Sus amigas la recuerdan como una persona cariñosa, optimista y buena persona
Sus amigas la recuerdan como una persona cariñosa, optimista y buena persona- ABC

Este fin de semana habían quedado para celebrar el cumpleaños del hijo de Mayka. «Y fíjate lo que ha pasado, asienten cabizbajas. El grupo tiene que recomponerse y seguir viviendo. Porque precisamente, vivir fue la lección más importante que Rocío les enseñó.

Pero hay mucha rabia. Porque todas podían haber sido Rocío. Porque Rocío podía haber sido cualquiera. Ella tuvo la mala suerte de que el parto se le adelantara once días y de que la puerta del ascensor número 3 se abriera. Por eso ahora, sus amigas piden justicia y que se depuren responsabilidades para que nunca más haya que lamentar una muerte como la de su amiga. Una muerte que, según las denuncias hechas públicas estos días de otros usuarios, se podría haber evitado.

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