Cinco pueblos en el mundo (uno en España) con un único habitante

Desde Argentina a Badajoz pasando por Japón, ciudades enteras o pequeñas villas donde el silencia lo inunda todo

Actualizado:

Existe un turismo de masas que acude a la Torre Eiffel de París, al Vaticano o al museo de El Prado de Madrid pero hay otro que busca calles vacías, casas fantasmas y tranquilidad absoluta. Para quien quiera alejarse del ruido aquí están estos cinco pueblos con encanto y tan solo un habitante.

[Te interesará: Los pueblos abandonados más bellos de España]

12345
  1. Monowi, en Nebraska (EE.UU.)

    Elsie Eiler, a la izquierda y la biblioteca a la derecha
    Elsie Eiler, a la izquierda y la biblioteca a la derecha - Andrew Filer / Flickr

    Monowi, en el estado de Nebraska, llegó a tener en 1930 unos 150 habitantes, hoy en esta pequeña villa de EE.UU. solo queda Elsie Eiler, quien a sus cerca de 80 años se resiste a abandonar su hogar.

    Al igual que muchas otras comunidades pequeñas en las Grandes Llanuras, perdió a sus residentes más jóvenes, ya que las ciudades que estaban experimentando un gran crecimiento ofrecían mejores puestos de trabajo. En el censo del año 2000, la aldea tenía una población total de dos personas, la pareja formada por Rudy y Elsie Eiler. La muerte del señor Eiler en 2004 dejó a Elsie como la única residente.​

    Aunque el pueblo está casi abandonado la señora Eiler se mantiene activa regentando una taberna en Monowi que atrae clientes regulares de hasta 80 kilómetros a la redonda además cuida con esmero de la biblioteca de su marido con 5.000 volúmenes.

  2. Villa Epecuén, Argentina

    Pablo Novak, único habitante de Epecuén
    Pablo Novak, único habitante de Epecuén - Jose Carrizo / Flickr

    Hace algo más de 30 años el pueblo argentino de Epecuén quedó sumergido bajo las aguas saladas del lago del mismo nombre obligando a sus habitantes a abandonar sus hogares. Con el paso de los años el agua comenzó a retirarse dejando un blanco paisaje teñido por la sal de un agua similar a la del Mar Muerto. Lo que era una próspera ciudad turística desapareció, y de las casas, hoteles, bares y comercios hoy solo quedan sus ruinas.

    Situada a siete kilómetros de Carhué, la Villa de Epecuén fue fundada en 1921 para albergar el primer balneario sobre la laguna cuyas aguas tenían un alto nivel de salinidad lo cual generó un creciente interés medicinal y turístico.

    Con los años, el lugar denominado «Mar de Epecuén» creció hasta convertirse en un próspero pueblo con cerca de 1.200 habitantes y unos 25.000 turistas durante el verano. En los años 70 -del siglo XX- disponía de más de 6.000 plazas hoteleras y 250 establecimientos comerciales.

    Aún hoy es visible el trazado de las calles, el dique de contención y las ruinas de las casas, hoteles y edificios jalonados por árboles que parecen petrificados por los efectos de la sal. Entre las ruinas de lo que fue una próspera ciudad turística tan solo un habitante da testimonio de la vida en Epecuén, Pablo Novak, un anciano que se negó a dejar la ciudad que le vio crecer. Pasea por sus calles y recuerda con nostalgia anécdotas de otros tiempos sin duda felices de la Villa de Epecuén.

    [Epecuén, la ciudad que resurge del agua]

  3. Tomioka, Japón

    El desastre de la central nuclear de Fukushima en Japón, devastada por los efectos del tsunami y el terremoto ocurridos en el año 2011, dejaron desolación y 16 mil habitantes sin hogar. Solo un hombre, Naoto Matsumura, se negó a abandonar la ciudad, no podía dejar morir a los animales de su familia que no podía salir de la zona de exclusión.

    Desde 2011, este hombre, conocido como el «guardián de los animales de Fukushima», ha cuidado no solo de sus mascotas sino de todos los animales que ha encontrado a su paso por Tomioka.

    Matsumura es consciente del gran riesgo que corre por la exposición a la radicación aún así permanece en esta ciudad, en otros tiempos alegre, para dar alimento y consuelo a perros, gatos, vacas y hasta un avestruz.

  4. Lost Springs, Wyoming (EE.UU.)

    Flickr

    Lost Springs ciudad situada en el Condado de Converse, en Wyoming, es una de las pocas de ha visto aumentada su población desde el año 2000 cuando tan solo había un único habitante censado. Desde 2010, Lost Springs es el hogar de cuatro personas y dos empresas: la tienda general y una oficina de correos.

    Habitada por primera vez en la década de 1880 recibió su nombre de los trabajadores del ferrocarril que no pudieron encontrar los manantiales que se muestran en los mapas topográficos de la zona.

  5. Los Rubios, Badajoz

    Llegada a Los Rubios desde Azuaga
    Llegada a Los Rubios desde Azuaga - C. M.

    El representante español está en Badajoz. Antonio Carrizosa Vizuete es el único que vive de manera permanente en Los Rubios -una pedanía del municipio de Granja de Torrehermosa y en las estribaciones de Sierra Morena-, desde que en los años cincuenta se fuera el último habitante.

    Antonio, que ahora tiene 62 años, dejó en 2006 la cómoda pero estresante vida de la ciudad para restaurar el pueblo de su madre, ese que su progenitora describía con un cariño especial. Sin servicios públicos ni tendido eléctrico -la luz se enciende gracias a placas solares y el agua llega de un pozo o cae por gravedad desde un depósito- Antonio compró tres casas que poco a poco restaura con sus manos y vive tranquilo con sus animales -eso si con wifi para estar informado- y no duda en coger el coche y desplazarse a la compra o a un concierto.

    Leer la información completa en el diario Hoy