Actualizado Lunes, 27-10-08 a las 20:08
La crisis ha pegado con fuerza. Se deja sentir ya en la clase media. Los contratos terminan y entonces se acude a las prestaciones sociales.Pero cuando el paro se agota, no queda más que pedir ayuda a centros como los comedores gratuitos. Parejas jóvenes que se acaban de quedar sin trabajo, con hijos e incapaces de hacer frente a la hipoteca; familias que antes tenían que apretarse el cinturón para llegar a fin de mes y que ahora, simplemente, no llegan, es el nuevo perfil de demandante de ayudas sociales, según fuentes de Cáritas.
Las hermanas del comedor sevillano de Triana lo tienen claro: la crisis ha incrementado el número de gente que acude en busca de comida. “Vienen más, si antes la media estaba en unas 180 personas, ahora llegan 220 ó 230”, explican las religiosas.
La crisis ha afectado mucho a la construcción y al sector servicios, sectores que empleaban a mucha gente, y que ahora se ven sin el sustento de su empleo. Así, cuentan desde las asociacinoes de ayuda que la demanda crece en los productos de primera necesidad, los alimentos y también aumentan los desahucios y los embargos.
Lo peor, por venir
Todo indica que lo peor está por venir. Para Auxiliadora González, secretaria general de Cáritas Andalucía, "el número de necesitados de primera necesidad va a aumentar, pero no sólo aquí, sino en toda España. Hoy, personas que han tenido ingresos importantes, como obreros cualificados de la construcción, se han visto abocados a demandar los servicios de comedores sociales".
Por otra parte, no hay que olvidar que en estas casas de la caridad, son habituales los inmigrantes, uno de los grupos que antes ha padecido los efectos reales de la situación de la economía, los primeros que salen del mercado de trabajo. Lo que ahora ha cambiado esque son las familias también quienes necesitan de la ayuda de los comedores sociales. Sin embargo, aquéllos que piden para comer se encuentran con una barrera: “los menores de edad no pueden entrar” por motivos de seguridad, explican fuentes del comedor de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.
En cuanto al papel de la Administración, la opinión es uniforme. “Que procuren gestionar más fondos para ayudar a los comedores, porque estos centros ni siquiera deberían existir, pero existen”. Desde Cáritas insisten en que nos encontramos ante “situaciones de urgencia y la Junta debería invertir más”.

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