Córdoba


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Viernes, 26-12-08
Conocí a José Utrera Molina cuando yo tenía quince años. Me unía y me sigue uniendo a sus dos hijas mayores una amistad de hermanas. Se agolpan en mi mente recuerdos maravillosos de aquellos años: la misa del domingo todos juntos en los Jerónimos, la comida en el gran comedor de su casa, las noches que me quedaba a dormir en su casa... Cuando venía con Margarita, su mujer, de alguna cena, se sentaba un ratito con nosotras en el cuarto de estar antes de irse a la cama, y nos preguntaba por nuestros estudios, nuestras amistades, nuestros planes. Siempre estaba cercano. Por aquel entonces yo no entendía nada de hijos predilectos, ni de política, y no sabía qué cualidades debía tener una persona para merecer tan ilustre título, pero fueran las que fueran las cualidades necesarias, él las tenía.
Ahora, después de toda una vida entregado a los suyos y a España, un grupo de personajillos, que tienen la desgracia de no conocerle de verdad, han decidido que ya no tiene esas cualidades, que ya no se merece ese título. Pero se olvidan de algo: el que tuvo retuvo. Sigue siendo la misma persona, fiel a sí mismo, a su familia, a sus ideas, preocupado por los problemas de los que le rodean, y luchando por todo ello desde la humildad, sin aparentar.
Las personas que no le conocen han decidido que no sea hijo predilecto de Málaga, pero las personas que sí le conocemos queremos que sea y sabemos que es padre, abuelo y, en mi caso, amigo predilecto de todos nosotros. Dios y el tiempo nos pone a cada uno en nuestro lugar, en el sitio justo que nos toca y debemos ocupar, y cuando ese tiempo llegue y ya no esté con nosotros, el lugar que ocupará será justamente ese que siempre ha merecido, el de HIJO PREDILECTO con mayúsculas. Te queremos Pepe.
Delia de Toro
Madrid
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