Lunes, 12-01-09
Como siempre, la derecha andaluza ha perdido la oportunidad del siglo. Salió Montserrat Nebrera, diputada del PP en el parlamento regional catalán, y dijo sobre Maleni lo tan citado en estos días: «Tiene un acento que parece un chiste». Sí, sé que Javier Arenas ha abroncado a la Montse. Pero mú poco. Casi ná. Arenas, con acento de Olvera, tenía que haber saltado como una liebre para decirle:
—¿Conque Maleni tiene un acento andaluz que parece un chiste? Pues sin acento de chiste, muy en serio, yo me voy a cagar ahora mismito en totus tuus, Montserrat Nebrera.
Pero el problema no es ése. Ni que siempre habla un cojo. ¡Mira quién va a hablar del acento de Maleni, una catalana! A los catalanes tenemos nosotros que aguantarle no sólo el acento, sino hasta la escritura. La tontería de que hablando y escribiendo en castellano los imbéciles se plieguen a tener que decir Lleida y Girona, por no querer llamar a las cosas por su nombre. Joé, toda la vida de Dios, Lérida ha sido Lérida y Gerona, Gerona. No es ése el problema, lo del acentito que dijo la Nebrera. Doy por suscritos y hago míos todos los argumentos expuestos por los compañeros andaluces de escritura que en estos días han puesto como se merece a esta chufla de la derechona catalana. Pero voy al fondo de la cuestión: ¿de verdad creen ustedes que Maleni habla andaluz? ¿Cómo lo dan por sentado así como así? ¿Porque lo dice una tía del pesebre catalán del PP?
Sin consultar a los grandes especialistas en la Modalidad Lingüística Andaluza, ni a Ropero ni a Narbona, ni a Vaz de Soto ni a Payán, para mí que, a oreja de buen cubero, Maleni habla, claro que habla. A trompicones, pero habla. Equivocándose, pero habla. Liándose más que el testamento de una loca, pero habla. Ahora, que lo que no tengo tan claro es que lo que habla sea andaluz. La noble, sonora, culta, precisa, rica, expresiva habla andaluza, madre del español que llevamos a América, lengua de nuestros premios Nobel, en la que se expresaba Juan Ramón Jiménez, la que Vicente Aleixandre aprendió de niño en Málaga precisamente, la tierra de Maleni.
Para mí el andaluz es otra cosa que lo que habla Maleni a trancas y barrancas. Para mí el andaluz es la sonora habla de Felipe González, ¿pasa algo? O la incisiva de Alfonso Guerra; incluso la balbuciente de Chaves, por no salir de la tropa socialista de La Maleni. Para mí el andaluz es la belleza del habla de Antonio García Barbeito por la radio; la guasa sevillana de Micer Francisco Robles en Sevilla TV; incluso el acento alcalareño del Maestro Araujo retransmitiendo los partidos con su narrativa candeal. Para mí es el culto andaluz de Enriqueta Vila en las conferencias; el sensitivo andaluz de Carmen Laffón en la presentación de sus exposiciones; el apasionado andaluz de la editora Rosa G. Perea en el lanzamiento de sus encomiables libros. Para mí el andaluz es como hablaban Fernando Quiñones o Rafael Montesinos. Como se expresan Manuel Alcántara o José Antonio Muñoz Rojas. Como habla el sevillanísimo Manuel Mantero, por muchos Estados Unidos que lleve vividos en la nostalgia.
¿Pero andaluz lo de Maleni? ¡Vamos, anda! Eso será lo que usted quiera, ¿pero andaluz? ¿De verdad que ustedes se han creído lo que ha dicho esa catalana de mierda, que no sabe una papa de dialectología, que el acento de Maleni es andaluz? Maleni no habla andaluz. Hablará malenio o magdaleniense, o como se llame su jerga. Pero andaluz, no. La dignísima habla andaluza es bastante más seria, expresiva, precisa y culta que la jerigonza de esta chufla con cartera que nunca tiene la culpa de su Fomento de Desastres.
La Catedral y el Metro.- Don Antonio Vallejo nos escribe al Correo de la Guasa (redcuadro@yahoo.es): «Comentaba el otro día con un amigo una guasa que escuchamos: “—¿Te has fijado hasta dónde llega el afán laicista del Gobierno, desterrando expresiones de toda la vida?” Antes las cosas duraban más que las obras de la Catedral, ¿no? De ahí el retraso del Metro, intencionado. Para que por lo laico podamos decir de algo que tarda más que las obras del progresista Metro, no que la Catedral facha.»
No hay que olvidar esta cifra. Hay que repetirla muchas veces, como la verdad de un cuadro de Valdés Leal. Son los parados que había el 8 de enero. Que hoy serán bastantes más. Y haga la prueba del 9 al 3.128.963: ¿a que antes no conocía usted a nadie que estuviera en el paro y ahora hasta tiene parados en la familia?

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