Lunes, 09-02-09
Andan en la capital del Reino atareados sobre si cambiar el nombre del aeropuerto de Barajas. La iniciativa, del Partido Popular, sería darle el nuevo nombre de Adolfo Suárez, como homenaje a la labor desarrollada durante la Transición española. Y parece, aunque esto es aún pronto para evaluarlo, que la idea cuenta en líneas generales con el visto bueno de los socialistas.
Ahora falta sentarse y echar cuentas del alto coste de esta operación, que no es moco de pavo. Que de buenas a primeras un aeropuerto internacional como el de Madrid cambie de nombre no es una operación baladí que se resuelva poniendo unos carteles en lugar de otros. Afecta a todo el tráfico aéreo, la emisión de billetes, las reservas, el cambio de prospectos en todo el mundo, en fin, un dineral en gastos, que a lo mejor no es lo más apropiado para los tiempos de pretendida austeridad administrativa que deberíamos vivir.
Ahora bien, visto lo poco generosos que somos los españoles con las personas que han hecho tanto por el bien común, a lo mejor es el momento oportuno para asumir este consenso, que tampoco se da todos los días, y aprobar esta iniciativa.
En el extranjero son múltiples los aeropuertos dedicados a políticos importantes en su tiempo. Algunos ejemplos son el John Fitzgerald Kennedy en Nueva York, el Charles de Gaulle en París, el Indira Gandhi en Nueva Delhi, el Ataturk en Estambul, el Benito Juárez en México DF, el David Ben Gurión de Tel-Aviv o el Yasir Arafat de Rafah.
Lo más que puede pasar, y de eso tenemos constancia en muchos rincones de España, es que el nuevo no tenga el éxito pretendido y se siga conociendo popularmente con el anterior nombre del pueblo madrileño. O a lo peor, dados los planes de estudio de ciertas autonomías, este nombre fuera el único referente para muchos jóvenes del político en no mucho tiempo, que todo se andará.

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