Martes, 19-05-09
No creo que el fútbol, por muy artístico que sea, alcance jamás la gloria lírica que tiene el toreo, quizá por estética, por origen, por valor, por cultura, por leyenda. Dos poetas, sobre todos, cantaron el fútbol, Alberti y Hernández, a dos porteros, y para ello fue menester que los dos estrellaran su cabeza en un poste, Platko, el «oso rubio de Hungría» que cantó Alberti, en una final en Santander, defendiendo la portería del Barcelona; el otro, Lolo, portero del Orihuela —«…y te quedaste en la fotografía, / a un metro del alpiste…»— que murió de la testarada en la madera. Pero ni Alberti ni Hernández, en esos poemas, lograron más altura que cuando escribieron versos de toros o de toreros. Para los poetas, arte, valor, gloria, maestría y talento valen más en el toro. Y la muerte no digamos. El fútbol ha tenido —y tiene a veces— su lírica en crónicas de algunas plumas artistas, y por poner al primero que leí en ese son, pongamos que hablo de José Antonio Blázquez una vez que describía cómo llevaba Baby Acosta el balón por la yerba…
Pero el fútbol tiene sus grandes nombres de artistas y de luchadores, y en el Sevilla —pasión obliga— hay una amplia nómina de esos hombres, y entre esos gigantes de alma, luchadores, valientes, bravos, viriles, fundamentales, algunos inolvidables: Campanal y Gallego en la alineación de las agallas defensivas, y más cerca, Pablo Alfaro y Javi Navarro. El fútbol necesita al artista y al gladiador en el mismo equipo —en el toreo pueden actuar independientemente—, y tan válido es un gol de espuela como un salto de cabeza que despeja un balón que iba buscando el gol en redes propias. Del Sevilla se han ido nombres importantes cargados de casta y sevillismo de entrega, luchadores sin desmayo; por nombrar a algunos, Martí, Castedo, Pablo Alfaro y, ayer mismo, Javi Navarro. Serio, elegante, con pinta de actor principal que remata en sheriff sin contemplaciones, dulce mirada y piernas terribles, perfil de galán y salto de tigre hambriento, y la defensa de un escudo como quien defiende una herida propia. Y un señor: jamás ha dicho nada contra quienes le gritaban asesino. Un tío en el área, un tío si había que subir a rematar, un tío entre los suyos, un capitán a la antigua. Un tío. Que ya saben que en la defensa no prosperan las pastelerías. Gracias por todo, muchacho. Te vamos a echar —te estamos echando— mucho de menos los sevillistas.
barbeito@abc.es

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...