Jueves, 28-05-09
Desde hace muchos años, cada 31 de mayo, bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud, se celebra el Día Mundial Sin Tabaco, para dar un toque de atención a la población sobre los peligros que conllevan el tabaquismo activo y pasivo. En las primeras décadas (años 80-90) el esfuerzo se destinaba a informar machaconamente a los ciudadanos sobre los riesgos de fumar o recibir humos ajenos, pero afortunadamente la ciudadanía, que siempre va por delante de la clase política, aprendió con prontitud y hoy conoce sobradamente lo que es el tabaco y sus consecuencias. Curiosamente, el problema son ahora los políticos, que no saben, no contestan o miran hacia otro lado.
En estos días, el Ministerio de Sanidad y muchas Consejerías del ramo dedican todo su esfuerzo a que no se extienda la gripe porcina, labor loable, para que nadie enferme y mucho menos fallezca por una enfermedad prevenible y controlable. No sabemos si el virus será más o menos patógeno y si sólo producirá una gripe banal o algunas decenas de muertes en pacientes deprimidos, pero si tanto les inquieta nuestra salud, ¿por qué no preocuparse y ocuparse de la pandemia del tabaco que tenemos en casa? Se lo contestaré yo: sólo por un insaciable afán recaudatorio y por la presión del lobby de las tabaqueras y hostelería que hace que se comporten, con cinismo cómplice, como si no pasara nada. Los más de 100 muertos diarios que el humo de tabaco propio y ajeno causan en España, son etéreos, como el mismo humo, invisibles, ocultables, inexistentes...
En estos días de gripe en los que nada provoca tanta alarma como el exceso de preocupación, nuestra señora ministra de Sanidad no mueve una hoja para evitar que sigan falleciendo más de 40.000 fumadores activos y, lo que es verdaderamente grave e injusto, más de 6.000 pasivos. Nada le preocupa la salud del millón cuatrocientos mil trabajadores de la hostelería que deben inhalar, quieran o no, el humo de sus clientes, incrementando en un 50% el riesgo de padecer cáncer de pulmón en relación con otros trabajadores que desempeñan su labor en ambientes limpios, ya que sólo el 14% de los lugares de ocio, bares y restaurantes en España son libres de humos. Una vez más nos alejamos de Europa que tiene ya 11 países en los que todos los lugares públicos (por supuesto incluidos bares y restaurantes) son totalmente libres de humos. Por cierto, ¿dónde están esos sindicatos tan proteccionistas de los derechos de los trabajadores cuando de tabaco hablamos?
Hemos tenido ministros de Sanidad cultos, conocedores profundos de la medicina unos, analfabetos sanitariamente hablando otros, pero todos han tenido un denominador común en el tema que nos ocupa: hicieron lo imposible para que nada cambiase. Conozco la presión de los poderes económicos, pero percibo más de cerca cada día, minuto a minuto, el dolor del cáncer, del infarto o del enfisema, el sufrimiento y la muerte. Celebremos un año más el Día sin Tabaco con mucho ruido y ricos canapés para que nada cambie; pero no seamos pesimistas y alegrémonos, pues nuestra Hacienda, que es todos, volverá a ahorrarse un año más 46.000 pensiones. ¿Decía usted que le preocupa el cerdo?

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