Miércoles, 03-06-09
Antes de que las urnas del domingo digan quién va a sacar mayoría en Europa, el Sevilla ya tiene sitio grande en el trono de los elegidos sin necesidad de selectividad veraniega. Por derecho propio, el Sevilla F.C. estará, otra vez, con los mejores equipos de Europa. Parece mentira que esté escribiendo esto de un equipo que algunos daban por muerto —o que lo soñaban— hace unos años. Parece mentira que la única bandera andaluza que ondeará en la competición de los mejores la levantará el Sevilla. El mismo Sevilla —al menos de sentimiento— que algunos, cuando las vacas flacas, trataban de humillar desde su pobre gloria, que pobre gloria es la que para sentirse feliz necesita menospreciar a otros. El Sevilla está entre los mejores de Europa, y eso sólo me reporta la alegría del hecho en sí, no necesito para ser feliz que otros lo estén pasando mal, es más, me duele por tantos que, como yo, guardan una pasión en otro escudo. Celebro mi alegría sin necesidad de hacerla mayor —no lo sería, además— con los malos momentos de otros. No es felicidad la que se alimenta de desgracias ajenas. Soy feliz porque lo son los míos, y basta. Y lo soy porque la memoria se me va a los días en que algunos, para celebrar sus triunfos, necesitaron tratar de ridiculizar un lema, una bandera que nunca, nunca, fue, por más que le duela —ahora más que nunca, y por ahí me alegro— al que así la llamó, «una sábana pintarraqueá». Aquí está la sábana, llena del nombre de Sevilla, ondeando camino de la Europa futbolera donde juegan los más altos equipos, las mejores cuadrillas. Aquí está la sábana recibiendo el viento de la gloria que se ganó a pulso. Aquí está el Sevilla F.C., en la foto donde sólo salen los mejores, y con la conciencia tranquila de no haber primado a nadie para acarrearle la ruina a otro… ¿Se acuerda el de la sábana de aquellos días en los que creyó que su dinero podría acabar con el sevillismo? Aquí está la sábana, vistiendo al sevillismo más incondicional, más apasionado, y no, como pretendían algunos, de mortaja de un sevillismo fiambre. Aquí está la sábana, desdeñando petimetres que hacían fáciles y pobres juegos con un Cien de celebración. Soy feliz por ver al Sevilla donde lo veo, y por saber que no pudo con él la doctrina atrabiliaria de la zafia maldad adinerada. Sevillistas: sin menospreciar a nadie, celebremos la Europa que ganaron los nuestros. ¡Viva el Sevilla!

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