Actualizado Miércoles, 26-08-09 a las 07:01
Y lo malo de esto es que seguro que la mayoría de los que están por la tarea de descrucifijar las escuelas fueron niños y niñas de colegios religiosos y tomaron la primera comunión con todos sus avíos, digo avíos de librito con las pastas de nácar, rosario caro y crucifijo o medalla de la Virgen al cuello. Seguro que casi todos los que firman esta medida no se quedaron sin rezar en ninguna comida, ni faltaron a misa de doce, ni ponían pegas para comulgar todas las semanas. No son ni de la quinta ni de la situación social de El Cangui, que me decía una vez: «En mi casa pasábamos tanta jambre, que al ver que una noche y otra repetíamos pan seco y algo de fruta robada en el campo, yo me quedaba mirando todas las noches la estampa de la Sagrada Cena, a ver si les sobraba algo». Es lo que me decía el buen amigo cuando hablábamos de la casa de cada uno: «En la mía había un cuarto que estaba destinado a comedor, pero como no se comía, lo convirtieron en alcoba».
Ya sabemos que nadie va a dejar de creer en lo que cree sólo porque quiten un crucifijo, que en esto pasa como en aquella letra de sevillana: «¡Como si escondiendo el agua / se nos quitara la sed!». No se va a hundir el mundo, ni nadie se va a morir por eso, ni van a acabar con los cristianos. Es el mal gusto. Y lo gracioso es que todas estas medidas vienen de unas gentes que constantemente nos están diciendo que seamos tolerantes, que tiene guasa la cosa. Todo esto lo incluyen en el paquete de aperturismo, ese aperturismo que se queda a mitad de camino para decirles a las mujeres dónde tienen que tocarse para soltar un do de pecho —«estamos tan agustitoooo…»— que se origina en el hormiguero. Nos piden que no seamos racistas, ni xenófobos, que aceptemos a las parejas homosexuales como a las heterosexuales, que inventemos el bautizo por lo civil, que no seamos violentos con quienes vienen a matarnos… Y por un crucifijo —un símbolo de entrega de amor por los hombres—, montan la que montan. Y son aquéllos, conste; aquellos que no más ayer decían las oraciones incluso en latín. Si ya sabemos que no va a pasar nada, que en mi credo mando yo y una cruz la pongo donde se me antoje, si es mi espacio. Es el mal gusto, las ganas de desviar asuntos. ¿El crucifijo es el causante del masivo fracaso escolar, o las medidas que vienen de arriba, y no del Arriba del crucifijo? Cualquier día prohíben los parches Sor Virginia…

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