Con 20 años trabajaba en una empresa de acero inoxidable. Comenzaba la jornada a las nueve y llegaba a su casa a las once de la noche, después de entrenarse con el San José. Siete años más tarde y con la lesión de Palop, el de Pino Montano se lleva todos los focos
Publicado Viernes, 23-10-09 a las 07:14
—Me dijeron que estuvo usted jugando en la Peña Sevillista Pablo Blanco.
—Sí, seis años, desde los diez hasta los 16. Luego firmé por el Nervión y allí estuve hasta los 20. Jugaba en la Primera Regional.
—Es la edad con la que Reyes triunfaba en el Sevilla y se marchaba al Arsenal.
—Pues para mí era la edad en la que trabajaba en una empresa de acero inoxidable, se llamaba Barrero y García. En el fútbol apenas ganaba unas 40.000 pesetas y necesitaba trabajar. Comencé haciendo prácticas y decidieron contratarme. Estuve un año y medio como administrativo. El horario era de nueve de la mañana a dos; luego, por la tarde, de cuatro a siete, y al terminar me iba a San José (equipo por el que firmó tras el Nervión) a entrenar. Llegaba a mi casa a las once de la noche.
—¿Sigue manteniendo contactos con algunos de los empleados?
—Sí, con algunos por el messenger. Siempre digo que me gustaría ir a verlos, pero al final me falta tiempo.
—El jefe estará orgulloso...
—Se llama Antonio Barrero y lo cierto es que no hemos vuelto a hablar.
—¿No le ha llamado?
—No, no, pero lo haré.
—¿Y él tampoco se ha puesto en contacto con usted?
—La verdad es que no.
—¿Bético?
—Pues sí (se ríe). Pero eso da igual, había muy buen rollo.
Partido de Copa, ante el Betis
—Claro, usted al Betis le tendrá muy buen recuerdo porque fue en un partido ante el equipo verdiblanco donde su nombre empezó a sonar, ¿verdad?
—Fue en un partido de Copa. Yo jugaba en el Alcalá y el portero titular era Leiva (jugó también en el Córdoba). El míster me dio la oportunidad y recuerdo que nos eliminaron en los penaltis. Fue en esa etapa cuando me empecé a dedicar más al fútbol. Dejé el trabajo en la empresa de acero inoxidable y así por las mañanas iba al gimnasio y por las tardes a entrenarme con el equipo.
—¿Y el Sevilla?
—Estuve tres temporadas en el filial; en el segundo año ascendimos a Segunda división.
—Y estaba a las órdenes de Manolo Jiménez.
—Sí.
—¿Qué le dice Jiménez ahora?
—Que siga siendo yo mismo, que no me preocupe.
—¿Ha mirado ya el calendario de los partidos en que le toca jugar?
—Yo sólo pienso en el Español.
—Ya, pero eso es el tópico que dicen siempre los futbolistas.
—Sí, bueno, conozco el calendario, pero le aseguro que yo no estoy pensando en el partido del martes, de Copa. Sé desconectar de eso.
—Pues hablemos del Español. ¿Se prepara un portero el partido de forma especial?
—Pues ahora mismo me coges viendo por youtube los últimos goles del Español. Me gusta ver por dónde atacan, cómo rematan. También entro en algunas páginas webs para ver la convocatoria.
—Eso, mañana (hoy para el lector).
—Sí, sí, mañana darán la convocatoria, pero bueno, el Español está octavo y parece que después de la trágica muerte de Dani Jarque se ha hecho más fuerte.
—Usted sabe lo que es superar la desaparición de dos compañeros.
—Primero fue con Parra, en el San José. Había un córner a nuestro favor y él se quedó atrás, conmigo. Se desplomó. ¡Uff! Fue tremendo. Y lo de Antonio Puerta. Estaba en mi casa viéndolo por la tele y al caerse se me pusieron los pelos de punta. Se lo dije a mi novia, que era parecido a lo de Parra. Ella me dijo que me tranquilizara, que se acababa de levantar, pero algo me decía que era la misma tragedia. Esos dos momentos... son muy duros. Maduras, sí, te das cuenta de que tienes que aprender a saborear la vida, a apreciar lo que tienes. ¡Cuántas veces puedes echar de menos algo que ya no tienes! Y no, no hay tiempo que perder, sé lo que me ha costado llegar aquí y cada día que pasa estoy más satisfecho e ilusionado.
—¿A quién le debe todo ello?
—A mis padres, sobre todo. Mi madre me decía el otro día las veces que había tenido que limpiarme en la bañera para quitarme tanto barro. Y mi padre... Lo recuerdo yendo conmigo a todos los campos; un día fuimos a Martín de la Jara, que está a más de cien kilómetros de Sevilla.
—Este sábado —mañana— no tendrá que ir tan lejos para seguirle.
—Es verdad, en el mismísimo Sánchez-Pizjuán.

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