Jueves , 12-11-09
Sólo un incontrolable miedo a la incorrección política puede explicar la unanimidad registrada en el desvarío de género colectivo del Congreso el martes. Cualquier cosa se apoya con tal de no ser tachado de machista. Sin llamarte necesariamente Bibiana Aído. Como este disparate de diferenciar la violencia de género del resto de los delitos para aplicarle en exclusiva la consideración de agravantes del alcohol y de la droga.
Una cosa es que una buena parte de la sociedad cuestione la consideración del alcohol y la droga como atenuantes de un delito y otra que el Congreso dé la vuelta a esa disposición legal exclusivamente para los casos de violencia de género. Puestos a eliminarlos como atenuantes, no hay forma de encontrar un solo argumento razonable que permita aplicar tal eliminación al asesinato de una mujer por su pareja pero no al asesinato de una mujer por su compañero de trabajo. O al resto de cientos de variantes de delito. Y menos aún pasar del atenuante al agravante.
Lo más asombroso es que la Subcomisión encargada del estudio de esta reforma afirme haber escuchado a numerosos expertos, incluidos jueces y abogados. Y que tales jueces y abogados hayan podido recomendar y justificar este desvarío jurídico.
A no ser que también hayan sido víctimas del mismo incontrolable miedo a la incorrección política que atenaza a los diputados. Miedo que sólo se neutraliza cuando entra en juego el multiculturalismo. Que produce otros disparates de género, pero de signo totalmente contrario. Como la positiva acogida dada por algunos, los mismos que jalean la reforma de la ley de la violencia de género, a la denuncia de una abogada contra el juez Gómez Bermúdez por expulsarla de una sala por llevar pañuelo. Paroxismo de la protección de las mujeres en un caso y justificación de los símbolos de su discriminación en el otro.

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...