PAISAJES Y PERSONAJES CORDOBESES: El Gran Capitán y su monumento
Domingo , 15-11-09
En una fecha como hoy, 15 de noviembre, de 1923, Córdoba inauguró su monumento escultórico más importante y conocido. Se trataba del homenaje al héroe cordobés sobre el que se han escrito más de un centenar de libros en todas las épocas, aquél que fue ensalzado por igual en la Monarquía, la República y el Franquismo: Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán (1453-1515).
Montilla, donde nació y creció. Nápoles, a la que conquistó y de la que fue virrey, o Granada, donde vivió y murió, probablemente fueron más importantes para este militar y diplomático. Pero su apellido, la oportuna celebración aquí del cuarto centenario de su muerte y su estatua ecuestre, lo han identificado para siempre con Córdoba.
En 1909, Antonio García Pérez, cordobés, capitán y profesor de la Academia de Infantería de Toledo, enarboló la figura del Gran Capitán, abogando por la celebración del Centenario en Córdoba y la construcción de un monumento a encargar al prestigioso escultor Mateo Inurria. A principios de 1915 el Gobierno adjudicaba la celebración del Centenario a Córdoba, en disputa con Granada. Y el 13 de febrero, el alcalde Enríquez Barrios firmaba con Inurria el contrato para la realización del monumento.
Su ubicación sería la glorieta de la confluencia del Paseo del Gran Capitán con la Avenida de Canalejas (hoy Ronda de los Tejares). El emplazamiento no podía ser más simbólico, el noble guerrero caminaría a lomos de su caballo hacia las afueras de Córdoba, buscando los frescos aires de su intrincada sierra.
Sobre el granito rojo del pedestal, aparece en su lado frontal el escudo de los Reyes Católicos a los que sirvió desde 1481 lealmente, como ejemplo de primer general de la Edad Moderna. Escudo que algún ignorante confundiría años después con el de España entre 1938 y 1981. En el lado posterior aparecen los escudos de Córdoba, capital y provincia, con la inscripción «Córdoba, casa de guerrera gente y de sabiduría clara fuente».
En la parte superior campea una cenefa con los nombres de sus batallas y conquistas: Garellano, Ceriñola, Nápoles, Atella, Cefalonia, Ostia... Usando por primera vez la potencia del fuego de arcabuces, la defensa desde sólidas posiciones y la caballería ligera, el Gran Capitán abrió en esos escenarios una nueva era en la forma de combatir, dominada durante la Edad Media por la caballería pesada y la batalla en campo abierto. E inició una imbatibilidad de la Infantería española por siglo y medio.
La figura está realizada en bronce, a excepción de la cabeza de mármol blanco, para contrastar y dar más expresión. Así la describe Bernardino de Pantorba: «El invicto personaje aparece grave y erguido, gallardamente aplomado en su silla de montar. Viste primorosa armadura y lleva en la diestra la bengala de mando. En su cabeza una corona de laurel. Del lado izquierdo pende su hermosa y victoriosa espada. El caballo, corcel andaluz de poderosa estructura, esbelto y fino, ancho de pecho, de abultado vientre, redondeada grupa, delgadas patas y cola recogida en elegante rabera, marcha al paso: paso seguro y tranquilo».
Al poco tiempo de la inauguración del monumento, se comprendió que su emplazamiento dificultaba el tráfico y, para entonces, había surgido uno nuevo e ideal: la Plaza de las Tendillas, entonces de Cánovas, el centro emblemático y moderno de la nueva Córdoba. El traslado se produjo en 1927, convirtiéndose desde entonces a hoy en testigo de los principales acontecimientos políticos y sociales habidos en la ciudad.
Por último conviene aclarar una cuestión: la tradición que identifica a la cabeza del Gran Capitán con la del torero Lagartijo. Y nada es más lejano a la realidad, pues Inurria no habría consentido semejante pastiche. En el Museo de Bellas Artes está expuesta la cabeza en bronce del diestro, obra también de Inurria, y puede comprobarse que son diferentes.

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