María Ramos González-Serna: La fuerza de la pasión
FOTO: GOGO LOBATO
Sábado , 21-11-09
María Ramos es capaz de convencer al más duro oponente de que su trabajo es de los mejores y de que cuando se hace bien sobra el marketing. Lo hace tan apasionadamente que nadie pondría en tela de juicio que coser es su vida. Su taller, espacioso y luminoso, en la calle José Laguillo, 5 es el quinto que monta desde que hace veinte años decidió dedicarse al mundo de las novias, tras estrenarse con su cuñada y cosechar un gran éxito de crítica y público. Había estudiado Patronaje en la Academia Imagen, pero su madre, María González-Serna, tenía un taller de trajes de flamenca, así que de tal palo, tal astilla.
Se suele guiar por su intuición y por algunas máximas que le dicta la experiencia. A saber: «La gente se pierde un poco con los diseños y no se paran en hacer una buena costura que es, al final, lo que le da calidad a la prenda. Gucci solía decir que el precio se olvida pero la calidad permanece, pues bien yo doy muy buena calidad a buenos precios. Siempre he pensado que los clientes no deben pagar más de lo que vale un traje por llevar una u otra firma. Jamás he devuelto una factura y nunca he cogido más trabajo del que no pudiera controlar. No me gustaría ampliar el negocio si eso significa que se me va a ir de las manos, que no se hicieran los trajes como hasta ahora y no pudiera atender personalmente a mis clientas. De todas formas, la gente le da mucho bombo a lo que hace, cuando lo importante es el boca a boca y el trabajo bien hecho».
Una vez expuesta su declaración de principios, María Ramos me cuenta que en novias no hay impagados. «Todos los trajes se pagan y además yo les explico a mis clientas una serie de valores añadidos, en los que incluyo protocolo o cuestiones en las que no se repara, pero que pueden echar a perder un traje. Por ejemplo, cuando se lave el coche, se debe secar con las puertas abiertas. Más de una novia se ha manchado el vestido al salir de él y caerle un goterón. El novio debe llevar un pañuelo de tela. Todos recordamos estupefactos la imagen en la que el Príncipe de Asturias le da un kleenex a Letizia cuando se emocionó en la ceremonia. Yo estoy recopilando todas estas advertencias para evitar que por un imprevisto la boda no resulte como se esperaba».
Trajes artesanales
«La gente viene a mi taller porque en la calle no encuentra lo que hago aquí. Todo el mundo está cansado de la mala confección y nosotras hacemos trajes artesanales. Seguimos haciendo las glasillas, los plomillos, los repulguitos a mano. Estoy muy orgullosa de que familias enteras y pandillas de amigas se hayan hecho aquí los trajes. Nosotras, es decir, mi tía Mercedes González-Serna y Patro Torres, mi equipo, cosemos los trajes dos y tres veces con hilo Gütermam y no escatimamos en materia prima. El tejido es fundamental. Utilizo crêpes y gasas naturales, compradas en Barcelona, Valencia y Madrid. No merece la pena ahorrar doscientos euros en una tela, porque el trabajo no es el mismo. Las sedas de la India no son buenas por mucho que se hayan puesto de moda».
La crisis pasa de puntillas por este amplio taller, a juzgar por los encargos que hay en cartera. «Tengo bodas para el 16 de octubre de 2010, para el 2011 y una dentro de cuatro años. Noto la crisis pero menos que otros compañeros, aquí nos mantenemos, quizás porque he ido poco a poco y no me he metido en nada que no pudiera pagar. Ya se sabe que después de siete años de vacas gordas vienen otros siete de flacas».
Sobre si alguna novia le ha dejado colgado el traje por arrepentimiento de última hora, María dice que podría escribir un anecdotario. «Prefiero no acabar el vestido a las que cortan con el novio. Los dejo reposar. Hubo el caso de una chica que a los pocos meses se casó con otro con el mismo vestido que eligió para el primero. Ahora tenemos «congelado» un traje porque se han peleado las consuegras, pero la pareja continúa sus relaciones a la espera del desenlace familiar. De todas formas nunca he entregado un traje que no fuera para casarse».
Vestuario de teatro
Antes de ir a un certamen de Novias, María prefiere realizar una visita al Museo del Traje de Madrid, donde, por ejemplo, disfrutó mucho con la exposición «Mujeres de blanco» y se quedó asombrada con el traje que Flora Villarreal le cosió a la duquesa de Alba para su primera boda. «Me encanta ver las costuras de los vestidos antiguos, son obras de arte». También frecuenta el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, librerías de libros antiguos o virtualmente el Instituto de la Indumentaria de Kyoto. «Me gusta mucho el diseñador Elie Saab porque es muy elegante, así como Valentino, pero me atrae mucho la figura de Coco Chanel por todo lo que hizo por las mujeres y el inmenso legado que nos dejó. En una ocasión dijo que ella no innovaba, creaba clásicos. Yo tampoco innovo, yo recupero todo lo que podría haber en los baúles de nuestras abuelas».
Pero María tiene además otra pasión que no lleva a cabo porque es una mujer práctica, el vestuario de teatro. «Reconozco que es un negocio difícil de mantener». No obstante, se quitó la espinita presentando en el certamen «Moda de Sevilla», una versión del traje que Marilyn Monroe llevaba en «El príncipe y la corista». «Fue una experiencia maravillosa, porque «Moda de Sevilla» está mejor cada edición. El año que viene intentaré hacer un pase con los mantos de novia que hacemos en el taller. Mantos entolados, sí, no es un oficio que se haya perdido, porque yo ya se lo he enseñado a cuatro personas; también hacemos abanicos de novia y mantos de tul de seda natural, con los encajes bordados a veces en cristales de Swarosvki».

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