Los almonteños saltaron a por Ella a las 2:50 de la noche y ya se palpaba algo raro en el ambiente. La Virgen dejó de ir, por primera vez en la historia, a la casa de sus camaristas como consecuencia de una honda polémica provocada por la aparición de unas supuestas fotos inauditas de la Blanca Paloma
A pesar de la multitudinaria salida de la Virgen, la gente fue abandonando la procesión durante la mañana, cuando se vieron imágenes como ésta. VÍDEO: ATLAS
Almonte siempre impone su ley. Su idiosincrasia. Aplica su personalidad a las cosas de la Virgen porque para eso es suya. Su patrona. Y ayer, desde la hora del Rosario, se respiraba una rareza en Las Rocinas que acabó madurando en la amanecida. La Blanca Paloma dejó de visitar la casa de sus camaristas. Nunca había ocurrido antes. Pero el pueblo estaba dividido y acabaron triunfando los que apostaban por el castigo. Cuando llegó a la plaza en la que viven Carmen y su hija, Carmen Rocío, herederas de la vieja tradición de vestir a la Señora y guardar sus mayores secretos, la Virgen del Rocío se hundió entre sus hijos una y otra vez. No lograba alzar el vuelo porque faltaba unanimidad bajo sus andas. Unos empujaban hacia el campanil de Sanlúcar de Barrameda. Otros hacia la casa sin porche en la que aguardaban con nerviosismo las dos mujeres que acabarían siendo protagonistas. Y en ese tira y afloja la Madre de las Marismas venía siempre a tocar suelo. Tal vez para enviar un mensaje de paz y tranquilidad a los suyos.
Lo cierto es que en una de esas caídas desde lo divino a lo humano, los almonteños que la portaban libraron una batalla dialéctica que concluyó con la elección del desaire. El resultado de ese improvisado referéndum fue muy duro para las camaristas. La Virgen pasó de largo ante ellas cuando lo tradicional es que por su lado de la calle sólo llegue la Blanca Paloma para subirlas a su peana. Por allí no pasa. Hay que ir. Y ayer pasó. De largo. «Almonte es así, son los almonteños los que deciden», aclaraba una oriunda. «Esto es por lo de la foto», sentenció otro. Ay, la foto. Esa imagen ha dividido al pueblo hasta enrarecer la procesión como hacía años. Como cuando la Virgen le dio la espalda a Triana. Todos hablaban de la foto redicha. Foto va y foto viene. Pero nadie quería aclarar su contenido. Los almonteños se limitaban a decir que en esa imagen que ha circulado por ahí, y que todo el mundo ha visto en el pueblo, se desvelaba un aspecto de la Virgen al que sólo podían tener acceso las camaristas durante su labor de preparación de la Blanca Paloma. Pero conforme avanzó la mañana fueron desvelando todos los detalles de la historia.
Todo ocurrió durante la pasada Candelaria. Primero apareció una fotografía del Pastorcito Divino lejos de las manos de su Madre. Desde las navidades la tensión ha sido absoluta en Almonte. Porque las nuevas tecnologías, que tantas ventajas ofrecen para poner velas por sms, se convirtieron en un problema. Alguien publicó la imagen en un blog de internet y se desató la polémica. La foto apenas estuvo unos minutos a la vista. Suficiente. Pero después vinieron otras. La Virgen sin rostrillo, con su cabeza desnuda. Desde el entorno de las camaristas, que siempre han guardado silencio de generación en generación, se esgrimió que todo era un montaje hecho por ordenador. Pero no todos han aceptado la excusa de quienes ostentan este privilegio dinástico. Han perdonado lo de la cabeza desnuda porque se ha consensuado que no se trata de la Blanca Paloma, sino de otra virgen de gloria inspirada en Ella. Pero lo del Pastorcito sí ha tenido consecuencias. Y si hasta ayer la polémica no había salido de Almonte, el evidente agravio a las camaristas provocó que la noticia llegara a todos los rocieros del mundo en unos minutos. «Los trapos sucios se lavan en casa», se quejó una de ellas cuando ya había perdido toda esperanza de que la Virgen regresara hasta su puerta. Carmen Rocío se desmoronó entre lágrimas y huyó hasta su cuarto. Su madre, en cambio, permaneció en la casapuerta con el rostro demudado y recibiendo el ánimo de muchos de sus paisanos como si de un pésame se tratara. «No te preocupes, mujer, que esto pasa». Carmen asentía. «Yo sabía que algo iba a pasar, pero no me esperaba esto». La camarista volvía a asentir. «La Virgen no habrá venido, pero el privilegio que tú tienes no te lo quita nadie». La mujer aguantó el tipo hasta que la Blanca Paloma se perdió de vista por la esquina de Huelva. Incluso un santero que estaba bajo las andas en el momento de marras volvió hasta ella para disculparse. Había tenido que aceptar el clamor popular. Pero no lo entendía. «La Virgen perdona, pero ya has visto que muchos almonteños no», le sollozó. Y después volvió a esa marabunta de cabezas que ayer se partió en dos. Unos defendían que no se puede usar a la Señora de las Marismas para arreglar cuitas mundanas. Otros sostenían que esto es lo que hace diferente al Rocío. Y todos volvieron a confluir de nuevo en ese caminar aparentemente atribulado, pero seguro, de la Virgen del Rocío por entre los simpecados. Pero desde que el de la Hermandad Matriz llegó al santuario en procesión tras el Rosario, el aire frío de la noche marismeña llevaba coplas desafinadas. Tal vez por eso la Virgen fue más terrenal que nunca. Salió a las tres menos diez y en cuanto abandonó su techo y pudo ver el de todos, tocó tierra con contumacia. Y fue buscando capellanes a hombros hasta que el solano hería sobre su plata media hora después de la una. Puerta del perdón. Ya sólo queda un año para el Ave María Purísima.

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