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Archivo / MUNDIAL DE SUDÁFRICA

Las cinco mejores finales de la historia

El partido más importante, el encuentro que todos sueñan con jugar, pero sólo unos pocos elegidos pueden hacerlo. Los mejores: Pelé, Cruyff, Maradona... allí se hicieron eternos

Día 14/07/2010 - 14.05h
No es un sueño, España está en la final. El partido más importante del deporte rey. El encuentro que todo futbolista sueña con jugar, pero que sólo unos pocos elegidos puede hacerlo. Los mejores. Allí escribirán el domingo su página de oro Casillas, Puyol, Xavi Alonso, Iniesta, Xavi, Villa... igual que en su momento lo hicieron Stábile, Ghiggia, Pelé, Cruyff, Beckenbauer o Maradona. Estas fueron sus finales:
Uruguay, 1930: la final del terror
La primera final de un Mundial se celebró en el Estadio Centenario de Montevideo ante 100.000 espectadores. Un partido que debería haber sido toda una fiesta del deporte entre uruguayos y argentinos... pero el trono mundial del fútbol estaba en juego y aquello era la «guerra».
«Recuerdo nítidamente aquella final que me marcó para siempre. Fue un partido durísimo que los uruguayos nos ganaron con prepotencia», contaba al diario ABC de Paraguay en 2008, el ex futbolista argentino Francisco «Pancho» Varallo, unico superviviente que jugó aquel partido.
Los aficionados uruguayos habían machacado psicológicamente a los jugadores argentinos no dejándoles dormir por las noches o insultándoles durante los entrenamientos, mientras que los más de 20.000 hinchas argentinos que cruzaron en barco hasta Montevideo, tenían que ser cacheados para evitar que metieran al estadio armas blancas o de fuego.
La presión fue tal que Montí, delantero argentino, se negó a jugar en un principio. Los argentinos se arrugaron y los uruguayos terminaron ganando por 4–2, a pesar de que los de Varallo habían remontado el 1-0 inicial. Uruguay se convertía, en aquella terrible final, en la primera campeona de un mundial de fútbol.
Brasil, 1950: el «Maracanazo»
Esta final entre Brasil y Uruguay es una auténtica leyenda. La más recordada de la historia de los Mundiales. Los brasileños tenían un equipo de fantasía que había goleado a España (7-1 ) y Suecia (6-1). Ni uno solo de los 170.000 espectadores que acudieron a Maracaná pensaron ni por un instante que aquel campeonato se le podría escapar a la «canarinha»… pero ocurrió.
«A Maracaná lo han callado tres personas: Frank Sinatra, el Papa y yo», fueron las palabras de Ghiggia, el futbolista uruguayo que marco el gol decisivo. Todo estaba previsto, menos la derrota de Brasil, que había empezado ganando. Pero lo uruguayos apelaron a la garra, la furia y el corazón, hasta marcar dos goles.
Jules Rimet, entonces presidente de la FIFA, contó que se levantó de su asiento minutos antes de final para preparar el discurso en honor a Brasil: «Cuando regresaba, a la salida del túnel, un silencio desolador dominaba el estadio, ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso ante el micrófono, ni entrega solemne. Descubrí en el tumulto al capitán uruguayo y casi a escondidas le entregue la estatuilla de oro».
Según declaró ABC en 1950, aquella final pasó a los anales de la historia «como una de las más dramáticas de todos los tiempos».
México, 1970: Pelé, tricampeón
Brasil se convertía, en aquella final del Estadio Azteca de Ciudad de México, en la primera selección que conseguía la Copa del Mundo en propiedad, tras ganar los campeonatos de 1958, 1962 y 1970. Y Pelé, el único jugador de la historia que ha ganado tres mundiales, era coronado como «El rey del fútbol».
«¡Qué bonito! ¡Qué dominio! ¡Cómo arrastran el balón hacia atrás y adelante! ¡Qué “dribling”!», comentaba el gran Ricardo Zamora mientras veía la final con el periodista de ABC Juan Hernández Petit. Y es que, el fútbol hacia justicia con Brasil, que impuso de principio a fin su juego bonito, con Pelé como maestro de ceremonia, endosándole un 4-1 a los italianos.
«Bertini, primero, y Burgnich, después, marcaron implacablemente a Pelé, sin poder evitar que éste hiciera el primer gol y sirviera el balón para los dos últimos», comentaba la crónica.
Con este partido se acababa un ciclo irrepetible en la historia del fútbol: «El “rey”, el hombre que ha batido en más de 1.000 ocasiones a los arqueros rivales, ejemplo de futbolistas, no jugará, según declaración suya, el próximo campeonato mundial».
Alemania, 1974: la «naranja mecánica»
Aunque no se hizo finalmente con el título, Holanda se convirtió en la gran protagonista de aquel mundial. Tras pasar apuros en la clasificación, las piezas de la selección de Helmut Schoen encajaron repentinamente, sorprendiendo al mundo con su bautizado «fútbol total».
De aquella cita salió el sobrenombre de la «naranja mecánica», refiriéndose a una selección cuyo estilo de juego encarnaba el mismo Cruyff.
Holanda se adelantaba al minuto de juego mediante un penalti transformado por Neeskens. Aquello olía a goleada, pues los teutones no habían tocado bola y ya perdían. Pero Alemania, con goles de Breinert y Beckenbauer, remontó inesperadamente el marcador.
La segunda parte fue un bombardeo de Holanda, que «jugó más y mejores cosas que Alemania», pero la final se le escapaba de las manos. Y Cruyff, el jugador más importante que ha dado el fútbol holandés, anunciaba también que no jugaría el próximo Mundial.
México, 1986: la final de Maradona
A pesar de que Maradona no pudo marcar un gol en aquel partido, su juego fue vital para que Argentina consiguiera la victoria. De hecho, ABC describía a aquella selección como «una de la más vulgares de la Copa del Mundo, prescindiendo de Maradona».
Tras ir ganando los argentinos por 2-0, los alemanes empataron inesperadamente en 4 minutos, haciendo alarde de «gran sacrificio y disciplina».
Pero en el minuto 85, Maradona asistía a Burruchaga, quien marcaba el tanto final del desempate. Bilardo y sus jugadores estaban exultantes, y el «Pelusa» se abrazaba a Burruchaga, «celebrando su mayor gesta futbolística».
«Hemos sido el mejor equipo, el más compacto, y esa conjunción nos ha dado el título. Yo no he ganado el Mundial. Fuimos todos», declaraba el 10. Pero el entrenador argentino, Bilardo, ponía las cosas en su sitio: «Con esa conjunción, la evidente superioridad mundial de Maradona era el granito final que hacía falta cuando el enemigo lo exigiera».
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