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Betis / trayectoria empresarial

Historial repleto de sombras

El personal empresarial de Luis Oliver ha dejado en el camino a varias empresas. La última, la inmobiliaria sevillana Novaindes, comprada en septiembre de 2009 y ahora casi con 200 millones de euros en deudas

Día 09/07/2010 - 13.47h
Nada más comenzar los rumores de la posible venta accionarial de Manuel Ruiz de Lopera a Luis Oliver, las suspicacias y los temores del beticismo se colocaron sobre la figura del empresario navarro, con un amplio historial —y no siempre inmaculado— en diversas empresas constructoras, de servicios, inmobiliarias y clubes deportivos. Sobre todo porque los últimos negocios emprendidos por Oliver no han tenido el resultado esperado para sus arcas y para la estabilidad de sus empresas.
Oliver llegó prácticamente ayer a Sevilla, pero su camino empresarial viene de lejos. En 1986 fundó junto a su hermano Fernando la empresa Tucri S.A, dedicada a la seguridad privada. La sociedad quedó cancelada por el Consejo de Ministros en 1987 por sus numerosas infracciones, según el Gobierno Civil de Soria. Fue la primera actividad de los Oliver, que continuaron con Tucriservicios S.A., Seguritrans Seguridad S.L. y Pronosa, ubicadas en diversos puntos de la geografía española y que formaban parte del grupo HOA —Hermanos Oliver Albesa—. Lo más curioso es que varios de los directivos de Tucri, entre los que se encontraba su hermano Fernando, fueron detenidos en 1989 por asaltar los recintos comerciales que, curiosamente, vigilaban.
Paralelamente, Luis Oliver seguía aumentando su patrimonio empresarial con otro tipo de sociedades que también acabaron en quiebra, en concurso de acreedores o en los juzgados. Grúas Canduela, de Santander y cuyos 45 trabajadores acabaron en la calle después de que su administración fuese asumida (con un posible fraude de ley en la operación que fue investigado por la Inspección de Trabajo), fue una de ellas. Posteriormente vendrían otras, como Conducciones Hidráulicas y Carreteras (CHC) o Santa Teresa SL Materiales de Construcción. Aunque a la primera de ellas está vinculada de forma subsidiaria, CHC se declaró en quiebra tras declarar el concurso de acreedores.
El caso de Santa Teresa SL es más complejo. Ubicada en Segovia, se trataba de una empresa familiar, con más de cincuenta años de trayectoria hasta que llegó Luis Oliver. Su gestión desembocó en el cese de la actividad y en 34 despidos. El empresario navarro abandonó la empresa cuando ésta estaba casi en quiebra técnica, con diez millones de euros de deudas, cuando dos años antes tenía una facturación positiva de más de millón y medio de euros.
Su llegada al fútbol
El navarro mientras intentaba dar el paso al fútbol gracias a la compra de acciones en diversos clubes. Primero fue el Xerez, donde dejó numerosos problemas con el entonces alcalde, Pedro Pacheco, con muchos clubes adeudados e incluso con los tribunales. Paradigmático es el caso del croata Igor Musa, que provocó que la Interpol emitiese una orden de búsqueda sobre Oliver por utilizar cheques sin fondos para pagar el fichaje. Deportivamente, eso sí, ascendió al equipo a Segunda, fichó a un técnico de renombre como Bernd Schuster y tuvo en plantilla a futbolistas como Güiza, al que acabó vendiendo, como a tantos.
Tras salir, literalmente, pitando de Chapín y venderle las acciones a José María Gil Silgado, compró el paquete mayoritario de las acciones del Cartagonova, al que dejó repleto de deudas. Oliver tuvo que responder ante la Justicia por un presunto delito societario y otro de falsedad documental y se marchó antes de hundir al club cartagenero, que tuvo hasta que cambiar de nombre.
Justo antes de desembarcar en Heliópolis, Oliver ha sido noticia por otras dos operaciones societarias. La primera fue el interés que mantuvo sobre Viajes Marsans Francia tras la quiebra que sufrió Air Comet, dueña de la agencia. Las negociaciones estuvieron bastante avanzadas, pero al parecer el currículum empresarial de Oliver dio al traste con la operación.
En las últimas fechas, Oliver ha dirigido, como él mismo reconoció en la rueda de prensa del martes, la inmobiliaria sevillana Novaindes. Hasta que la compró en septiembre del 2009—por un euro y la asunción de todas las deudas—, gracias a sus relaciones con Manuel Recio, efímero presidente del Sevilla en la famosa Junta de Accionistas en el World Trade Center del año 95, era propiedad del grupo San José. Con casi 200 millones de euros en deudas, tuvo que declararse en suspensión de pagos y se vio obligada a acudir a un concurso voluntario de acreedores. En definitiva, una carrera empresarial con demasiadas sombras y que, según las malas lenguas, puede tener en el Betis la próxima zona umbría.
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