El brazo muerto del río de Sevilla tiene una vitalidad extraordinaria que la ciudad sigue sin aprovechar como debiera.
Con la oportunidad que ofrecía la redacción del Plan General de 2006, el río muerto podría haberse convertido en la referencia de la verdadera transformación de la ciudad que cruza de norte a sur. La coincidencia de una inversión estatal tan importante como la nueva esclusa y la financiación extraordinaria obtenida de la Confederación Hidrográfica convertían además esa oportunidad en única para volver a hacer del río motor económico, para dotar a los barrios a su cauce de nuevos equipamientos y para renovar las viejas postales de la ciudad. Con las intervenciones en sus viejas zonas portuarias muchas capitales europeas se han reinventado. El resultado aquí, insisto, ha sido muy desigual.
Las tripas del gran acuario inconcluso son una alegoría al tiempo perdido. Frente al hormigón de esa oportunidad en punto muerto, el solar de Los Remedios podría haber sido el perfecto emplazamiento de un edificio emblemático, pongamos la biblioteca universitaria de Zaha Hadid paralizada en el Prado, o el lugar idóneo en el que instalar con carácter permanente la noria panorámica de la que nunca más supimos.
De la reurbanización del Muelle de las Delicias sólo destaca la ubicación de un negocio de restauración y un aparcamiento subterráneo. La del de Nueva York no parece que en poco tiempo consiga más, sin entrar en su más que cuestionable solución arquitectónica. El Paseo Marqués de Contadero sigue a la espera. En la orilla trianera, el paseo ribereño sigue interrumpido -ni la vieja comisaría de la calle Betis se ha reubicado- . Las más afortunadas iniciativas han sido la ya antigua reurbanización del tramo de La O y el recuperado, por fin, Jardín Americano, con sus pasarelas peatonales flotantes. Los jardines del Guadalquivir siguen abandonados, como aquel proyecto de cubrir el Auditorio o de reconvertir el Pabellón del Futuro.
A la espera de la reurbanización de la corta de San Jerónimo, de la ampliación del Alamillo, y de que se construyan las pasarelas previstas, el tramo de Torneo-Barqueta es sin duda otra de las grandes oportunidades perdidas de la ciudad en los últimos años. Pedía una solución integral como área de esparcimiento y ocio para el casco histórico pero el Ayuntamiento optó por proyectos aislados como el pequeño parque infantil y la biblioteca. La última ocurrencia ha sido utilizar las antiguas instalaciones del teleférico de la Expo como sede de Lipasam. El Plan General originalmente había señalado este lugar como idóneo para un gran complejo deportivo acuático. Es el ejemplo más elocuente de cómo la política no ha sido capaz de interpretar el sueño que prometió construir, y la constatación de que el río seguirá a la espera de que alguien decida que deje de ser el eterno reclamo recurrente de los programas de gobierno para ser el reflejo perfecto de los gobiernos con programa.


