El Betis va aligerando lastre como velero que hace aguas y es necesario quitarle peso para que no se hunda. El objetivo es dejarlo sólo con lo necesario. O sea, con Pepe León, el único que de verdad está siempre ahí, sean Lopera, Oliver o Benji quienes anden por Heliópolis. Bonito nombre de transición ese de Estadio Heliopolitano, que podría aprobarse en la Junta Extraordinaria, si no se quisiera dejar el de Manuel Ruiz de Lopera ni volver al de Benito Villamarín hasta que la Justicia no determine de quién es el paquete mayoritario de acciones. El Betis es otra cosa, ése ya sabemos que es de los béticos.
Le doy mi más sentido pésame al Español por fichar a Sergio García. Ya sólo queda conocer el nombre de los otros dos clubes que bajarán a Segunda, porque los periquitos, tras firmar al delantero catalán, son de facto «siniestro total». Le pasó al Levante, al Zaragoza y al Betis. Allá dónde va el hombre emigra el gafe.
Nadie podrá decir que el catalán es mal jugador ni que fracasó de verdiblanco, porque no fue ni mucho menos de lo peor en las dos temporadas que jugó, pero sí da la impresión de ser un futbolista sobrevalorado, al que además, probablemente, sus entrenadores no han sabido sacar lo mucho que guarda en su interior. Para la calidad que atesora culmina poco y eso, salvo mejor opinión, puede ser un problema de personalidad e incluso de autoestima. Quien salió del Barcelona como el mejor goleador de su cantera en toda la historia debería tener números mucho más brillantes.
El siguiente en salir debe ser Emaná. Luego, esperar que un milagro teletransporte a Mehmet Aurelio y a Ricardo allende La Palmera. No hay que preocuparse de que se vaya lo bueno. Porque lo mejor es que Mel está consiguiendo hacer un equipo que juegue al fútbol. Parece sencillo, pero hace ya más de un lustro que para el Betis es como la cuadratura de Tegasa.


