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La sorpresa Cajasol

La fusión ha servido para comprobar que a Griñán no le hacen caso ni siquiera los suyos

Día 15/11/2010 - 00.17h
MILLÁN HERCE
Antonio Pulido y José Antonio Griñán, en una imagen tomada en 2008
La fusión de Cajasol con Banca Cívica, entidad integrada por las cajas de Navarra, Canarias y Burgos es una buena operación. A la caja sevillana se le acababa el tiempo para optar a las ayudas del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), que, de ratificarse la fusión, deberá aportar unos 1.000 millones de euros a la nueva Banca Cívica. Presionada por el Gobierno andaluz y el PSOE para que alcanzara un acuerdo imposible con Unicaja, que, debido al solapamiento de actividades y sucursales hubiera significado la pérdida de 2.400 empleos, Cajasol tenía muy difícil encontrar una alternativa que le permitiera conservar un grado suficiente de autonomía. La oportunidad de la unión con la Banca Cívica le ha venido como anillo al dedo. No sólo se establece la sede institucional y fiscal de la nueva caja en Sevilla sino que sino que se conserva la marca para operar en sus territorios naturales. Tampoco es baladí que el presidente de Cajasol, Antonio Pulido, sea a partir de ahora copresidente de Banca Cívica ni que tenga derecho de veto en las resoluciones trascendentes. Con todo, lo más relevante es que se asegura la estabilidad de los dos grupos financieros y se despejan las dudas que el Banco de España había planteado sobre la situación futura de ambas entidades.
El anuncio del acuerdo ha cogido por sorpresa al PSOE en Andalucía y a UPN en Navarra. Mientras los navarros le reprochan al presidente de Banca Cívica, Enrique Goñi, que haya cedido demasiado en la negociación con la caja sevillana, la Junta de Andalucía intentó directamente abortar la operación cuando ya era demasiado tarde. En otros tiempos la presión ejercida por el PSOE y el Gobierno andaluz para frenar una fusión que no entraba en sus cálculos hubiera resultado letal. Ahora, como ya pasó con Cajasur, sólo ha servido para comprobar que a Griñán y a su Gobierno no les hacen caso ni siquiera los suyos. Esta falta de autoridad revela la incompetencia y la pérdida de sustancia de un Ejecutivo a la deriva y con síntomas evidentes de descomposición. El que Griñán haya descubierto, una vez anunciado el acuerdo de fusión y en contra de todo lo que ha venido declarando anteriormente, que una propuesta de esta naturaleza «garantiza la estabilidad financiera de la caja a la vez que le permite liderar un proceso de apertura al exterior», no es más que el reconocimiento de su desconexión con la realidad y de su cinismo político. La caja única, como antes lo fue el anuncio de la legislatura del pleno empleo, se ha convertido en una pesadilla.
aybarra@abc.es
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