Sevilla

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Las protestas ciudadanas empañan la inauguración del mercado de La Encarnación

La presencia del alcalde requirió un fuerte dispositivo policial que evitó la entrada en las instalaciones

Día 20/12/2010
A la izquierda, una barrera policial impidiendo la entrada de los ciudadanos que protestaban contra el alcalde. Sobre estas líneas, el momento en que el alcalde descubre la placa que da cuenta de la inauguración del mercado.
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A. ESTRELLA YÁÑEZ
SEVILLA
Entre gritos y protestas ciudadanas tuvo ayer que inaugurar el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, lo poquito que está terminado del complejo Metropol-Parasol, el nuevo mercado, que ocupa sólo la mitad de uno de los cinco niveles que tiene la estructura diseñada por el arquitecto alemán Jurgüen Mayer. Sánchez Monteseirín se introdujo como pudo en las entrañas del proyecto bautizado por los sevillanos como «las setas», mientras en la calle no cesaban los gritos y protestas contra la labor municipal.
Eran cientos de personas los que se agolpaban en los dos accesos a la entrada del nuevo mercado, pero dos férreos cordones policiales, uno en la esquina de Laraña y otro en la llegada por José Gestoso impedían el paso a cualquiera que no fuera placero o estuviera debidamente acreditado. La Policía no dejó pasar ni a los familiares de los industriales para asistir a la inauguración de los puestos que llevaban 37 años esperando mientras el alcalde estuvo dentro del edificio y la periodista que escribe estas líneas pudo pasar tras acreditarse en dos controles policiales con el carnet de prensa y con el de identidad.
La visita de Sánchez Monteseirín al Metropol-Parasol estuvo blindada. El alcalde evitó escuchar las demandas de los ciudadanos que se citaron allí llegados desde todos los puntos de la ciudad: desde el Parque Alcosa quienes desplegaron una pancarta exigiendo la rehabilitación del barrio; hasta los residentes en la barriada de Begoña que protestaban por los desalojos con otra pancarta; incluidos miembros del colectivo «Túmbala» que rechaza el diseño de la Torre Pelli y repartía panfletos en los que se explica que con los 100 millones de euros que el proyecto completo va a costar a los sevillanos se podrían construir en la ciudad un colegio, dos parques públicos, un polideportivo, rehabilitar un barrio, dos centros cívicos y 250 viviendas de VPO.
Pero los más numerosos, un centenar según la Policía Local y casi quinientos según los convocantes, eran los trabajadores municipales, que portaban escobas en las que habían pegado carteles con la foto del delegado de Conservación de Edificios Municipales, Joaquín Díaz. Encabezaban la movilización los secretarios generales de CC.OO., Manuel Gutiérrez, y de UGT, Santiago de los Reyes, que protestaban por la decisión del Gobierno local de externalizar el servicio de limpieza de 17 colegios de la ciudad. No sólo se agolpaban coreando gritos contra la política municipal los trabajadores de este departamento, sino que también había trabajadores de Tussam, de Bomberos y del sindicato CSIF. Los gritos eran tales que ya desde la mitad de a calle Puente y Pellón se podía oír la algarabía, pues los allí concentrados no paraban de gritar «Monteseirín da la cara», «Cobarde» o «Este alcalde no tiene huevos».
A los accesos también se acercaban ciudadanos atraídos por el jaleo, muchos de ellos pensando que se inauguraba la estructura al completo, no en vano el Ayuntamiento había distribuido publicidad por la ciudad en la que se dedica más espacio a explicar el conjunto del proyecto que el nuevo mercado de abastos, que ocupa sólo la mitad de uno de los cinco niveles que componen el complejo.
D Al entrar en el mercado de abastos, que el alcalde recorrió rodeado de delegados municipales y técnicos de Sacyr durante casi dos horas, cambiaba totalmente el escenario. Primero los placeros se habían esmerado, como pudieron debido a las prisas, y dedicaron la mayor parte de sus puestos a ofrecer degustaciones; segundo la ceremonia de inauguración incluía a un grupo de percusión, de modo que durante todo el tiempo una decena de tambores no cesaron de tocar, lo que hacía imposible oír los gritos y protestas de los ciudadanos que estaban fuera. Y tercero, y último, pese a que las paredes del mercado son de cristal, desde el interior no se podía ver la calle y a los manifestantes. ¿Cómo se explica eso? Pues porque por un costado está una galería comercial que ocupa la mitad de la planta baja y que aún está por ocupar; por otros lados tras los cristales lo único que se veían eran los andamios de los parasoles, puesto que la obra del Metropol Parasol está inconclusa; y finalmente en
la parte del mercado desde la que se ve la calle, Sacyr puso hace dos semanas una tapia, que según fuentes de la constructora tenía como objeto servir de «fachada» para el acto de inauguración y que será retirada en los próximos días.
D Con todas estas precauciones, la visita del alcalde se desarrolló con los saludos de rigor a los placeros, y las fotos dentro de los puestos, haciendo oídos sordos a lo que ocurría fuera. Pasadas las 13.00 horas el alcalde abandonó las instalaciones, pero no lo hizo por esa fachada expresamente levantada para la ocasión, según Sacyr, sino por la puerta de atrás, la más cercana a la calle Imagen. Al saberlo, los que estaban manifestándose y a los que seguían sin permitir el acceso, los delegados sindicales tomaron la palabra y al tiempo que llamaron a la calma a algunos de los trabajadores que empezaban a enfrentarse con la Policía dijeron: «Hemos conseguido nuestro objetivo, el alcalde ha tenido que salir por la puerta de atrás». Manuel Gutiérrez invitó a los concentrados a disolverse pacíficamente, pero advirtió al alcalde que «nos vamos a convertir en su sombra y vamos a presentarnos allí donde vaya», convocando a los trabajadores municipales a manifestarse el próximo día 22 ante
el pabellón de la República Dominicana.
Los comerciantes del Mercado de la Encarnación perdieron el protagonismo que merecían por mor de la visita política, pero cuando el alcalde abandonó el Metropol, por fin los sevillanos inauguraron la nueva plaza de abastos, un complejo que ha quedado un tanto aislado de la red de transporte público, puesto que los autobuses que antes llegaban hasta la misma Encarnación ahora están en Ponce de León y no se sabe cuándo llegarán hasta allí ni el Metro, ni el tranvía.
El ambiente entre los industriales era de alegría por verse en los nuevos puestos, aunque algunos confesaron que quedan varias cuestiones pendientes de resolver, que ayer no querían airear. El presidente de la cooperativa, Alfredo Álvarez, estaba visiblemente emocionado y agradeció al alcalde el interés por sacar adelante el mercado «que ha quedado amplio, limpio y tiene dos bares a los que el publico puede venir a disfrutar».
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