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Alcalde, diga la verdad

La botellona donde asesinaron a un joven se podía haber evitado aplicando la ley. Hay una ley contra el botellón

Día 31/03/2011 - 07.20h

Para honrar a los dioses paganos de nuestra primavera, los más jóvenes, los que entienden que esta estación del año está vinculada al amor y a la muerte, no sacrifican bueyes, ni ovejas, ni palomas sobre altares donde el rito silencia el olor caliente de la sangre con trozos ardientes de incienso oriental. Para honrar a los dioses paganos de nuestra primavera, al dios del amor y del vino, del tinto básico y del coma etílico, los niños de la, supuestamente, mejor formada generación de andaluces desde los tiempos de Argantonio, clavan navajas sobre los corazones de sus iguales. La ofrenda no es un buey, ni un cabrito. La ofrenda es el corazón del que comparte contigo un trago interminable de ron caribeño o de güisqui escocés. La ofrenda, ten cuidado, puedes ser tú mismo. O tú. Cuídate, joven, de las fiestas donde el azahar florecido se convierte con el frío de la muerte en un llorosa y pálida malva.

No hace ni una semana que muchos jóvenes sevillanos de la ciudad, de los pueblos y de otras poblaciones cercanas, celebraron en la Cartuja la fiesta de la primavera. Y, como exige el rito, el corazón de una vida de veintipocos años fue abierto por la mitad para rendir pleitesía al dios del caos. Cada día se me parece más la primavera de sangre de estos chicos a Cronos devorando a sus propios hijos. Un tipo que dice gobernar la ciudad salió al paso del terrible suceso diciendo que nada se puede hacer en estos casos puesto que se desconoce a los convocantes y a los organizadores. Y siguió feliz y contento, comiendo setas con jamón a veinte mil millones de pesetas la ración en la Encarnación. El tipo siguió inaugurando cosas a medio empezar con esa sonrisa zoológica pegada a su rostro y de la batalla campal celebrada en el campo de Marte de la Cartuja solo dijo eso: no podemos hacer nada porque no conocemos ni convocantes ni organizadores.

Mentira. Absolutamente falso. Una más en su rosario eterno y sobado de faltas a la verdad. Claro que se pudo hacer algo contra esa bárbara costumbre de celebrar las fiestas a base de comas etílicos, meadas de caballo y navajazos de canasteros con la base moral de la Logse. Claro que se podía haber hecho algo. Mucho. Muchísimo. Por ejemplo: impedirla aplicando la Ley. ¿No se aplica la Ley en la carretera a quien pasa de los ciento diez a la hora? ¿No se aplica la ley en los bares donde si te pillan fumando viene, inmediatamente, una collera de policías para pegarte una multa en la boca del estómago de tu cartera? ¿No se aplica la Ley para que las niñas menores de edad puedan disponer del fruto de su vientre para pasarlo por la turmix y, sin permiso de los padres, hacer un zumo sin vida? Queremos que la autoridad, además de llevarse su viaje de gloria por una ración de setas alucinógenas, aplique la Ley. Y existe desde hace dos años una Ley antibotellón que prohíbe beber alcohol, como indios tras asaltar a la caravana, en concentraciones masivas de este tipo. No busque responsables ni organizadores. Usted, el de las setas, mírese y busque una sola razón, una, para justificar ante Sevilla por qué motivo no aplicó la Ley el día que asesinaron a un joven que no vivirá más primaveras. Usted y la Delegación del Gobierno. Que nos lo diga. Que nos lo explique. Que nos razone por qué no se impidió esa celebración en la Cartuja y se permitió que un chico en plena primavera de su vida fuera sacrificado como un buey porque la nueva religión de esta bárbara política adora más a los votos que a la ley.

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