El 21 de mayo de 1961, caminaba yo a primeras horas de la noche por la sevillana y macarenísima calle Parras,junto a una jovencita amiga mía, a la que acompañaba a su casa, próxima a Relator; y allí en Parras, sobre la acera de los impares, vimos un camión al que estaban dando los últimos toques de engalanamiento rociero, porque era el vehículo —entonces no estaba prohibido viajar en camiones de carga— en el que 63 romeros iban a viajar unas horas después hacia El Rocío, unos romeros muchos de los cuales eran de la misma calle Parras, aunque otros procedían de Triana. Y el comentario nuestro —ya no recuerdo si partió de mí o de mi amiga— fue : «quién pudiera irse con ellos; qué bien se lo van a pasar».
Pero qué ajenos estábamos en aquel momento, ella y yo, de que aquellos 63 peregrinos no sólo no lo iban a pasar bien, absolutamente nada bien, sino que por el contrario, estaban dramáticamente llamados a vivir la más trágica experiencia que imaginarse podían; y es que, tras partir hacia El Rocío a primeras horas de la madrugada entre cantes por sevillanas y palmas, algo más tarde, sobre las 4.00, el camión en el que viajaban perdió los frenos en la entonces peligrosísima Cuesta de las Doblas, del término de Sanlúcar la Mayor, precipitándose al vacío y dejando el espantoso resultado de 22 muertos y 41 heridos.
Por lo tanto, hoy se cumplen 50 años de aquello, un aquello que, aunque sólo lo rocé, de vista y de palabra, me dejó una huella tan profunda que aún hoy me hace sentir escalofríos cuando lo recuerdo; porque la imagen de aquel camión, sobre la acera de la calle Parras, jamás se me borrará de la mente.
Exposición. Y pasemos a las artes plásticas, porque les cuento ahora que la Galería «Isabel Ignacio» de Sevilla (c/ Velarde, 9) inauguró anoche la última exposición de la temporada; se titula «Ensoñaciones trazadas», y es una colectiva de dibujos que reúne a Felipe Ortega Regalado, Chico López y Jesús Zurita, tres creadores que se cobijan tras esta técnica valiéndose de ella para fundar escenas oníricas, tan sólo posibles si desvariamos.
Poemario. Y vuelvo a cambiar de línea argumental, para entrar en la literatura, porque también quiero dejar constancia —nunca es tarde si la dicha llega— de la publicación de un opúsculo obra de Javier Sánchez Menéndez, que es un nuevo poemario, sexto de su producción, titulado «Una aproximación al desconcierto» (Sim Libros); y aunque el autor también tiene escritos otros muchos libros, este poemario que comento aparece tras quince años sin publicar poesía.
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