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Energía solar: El sol español brilla más en el extranjero

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El sector fotovoltaico se está orientando cada vez más hacia mercados exteriores, fruto de los vaivenes que sufre el mercado nacional como resultado de los cambios regulatorios registrados en los últimos cuatro años

Día 14/10/2011 - 13.21h
Energía solar: El sol español brilla más en el extranjero

Por primera vez, en 2010 se adjudicaron en España más paneles solares en los tejados que en el suelo. Con seguridad, el dato extraído del Informe Anual de la Asociación de Industrias Fotovoltaicas (ASIF) (pdf) habrá pasado inadvertido para el ciudadano medio. Sin embargo, sintetiza un relato complejo, el de la energía solar en España, que en 2008 tuvo el mejor ejercicio de su historia pero sobre la que ahora -y disculpen la fácil metáfora- se ciernen algunos nubarrones.

«Llevamos tres años muy mal. No hay más que ver la evolución del empleo para ver que estamos de capa caída», dice Tomás Díaz, el director de comunicación y relaciones externas de ASIF. Hace tres años, en el clímax de la industria solar en España, el sector daba empleo a 41.700 personas. En 2011 la cifra ha descendido hasta los 12.100 trabajadores. El grupo más afectado ha sido el de los trabajadores temporales, que en tres años han pasado de ser 26.300 a solo 1.500 empleados.

Este cambio de tendencia del suelo al tejado comenzó a fraguarse a finales de 2009, y se refrendó el año pasado. De las adjudicaciones para instalar paneles solares fotovoltaicos, casi 62 megavatios fueron destinados a paneles de cubierta (tejados) frente a los 56 destinados al suelo. Hay que tener en cuenta que mientras los paneles solares del suelo están destinados principalmente a la producción de electricidad, los del tejado se utilizan para autoconsumo, y aquí es donde la industria de la energía solar ve el único resquicio para crecer dentro de nuestras fronteras. Según explican en ASIF, la próxima aprobación de un Real Decreto de conexión a red de instalaciones de pequeña potencia -que simplifica los trámites administrativos y abre la puertaa crear una normativa sobre autoconsumo- «supone la apertura de una nueva opción de desarrollo para la fotovoltaica en España».

Una explicación plausible para esta tendencia de la producción de electricidad al autoconsumo está en el recorte en las primas por producir energía solar y la nueva limitación a las horas de producción, entre otras medidas incluidas dentro del Real Decreto 1565/2010 (pdf). Fueron enmendadas por el Senado pero, en marzo, el PSOE logró recuperarlas en marzo con el apoyo de PNV y CiU. Las medidas incluyen la reducción de 4.600 millones de euros en el coste del sistema eléctrico durante los próximos tres años. De los recortes, 2.220 millones -casi la mitad- corresponden a la fotovoltaica.

«Y el carácter retroactivo de estas medidas ha hecho que la situación se nos ponga todavía peor», señala Díaz. En 2007, para ambos tipos de instalaciones se pagaba a 44 céntimos de euro por kilovatio/hora de electricidad producido. Aunque de forma desigual, las tarifas han bajado desde entonces hasta los 29 céntimos el Kw/h en los paneles de cubierta y 13 en los de suelo. Además, se han reducido de 30 a 25 los años de percepción de esta tarifa fotovoltaica y se han establecido limitaciones horarias que comenzarán a aplicarse en otoño. Estas limitaciones, calcula Díaz, «supondrán una reducción del 30% en los ingresos» generados por la producción de electricidad.

Mayor cobertura

Paradójicamente, y aunque todavía está lejos de la eólica o la nuclear, la energía solar sigue aumentando su cobertura. En junio, el 5% de la electricidad demandada en España procedió del sol, cifra que representa un récord para el sector, si bien es cierto que en los meses de primavera y verano es cuando el uso de energía solar alcanza un mayor porcentaje.

Se da la circunstancia de que en la mesa donde se desarrolla la partida de la energía solar en España, ninguno de los jugadores parece estar nunca contento. El gobierno defiende los recortes argumentando que la energía solar está todavía demasiado inmadura para ser competitiva, lo que afecta negativamente al precio que los consumidores pagan en el recibo de la luz. Iberdrola, la compañía que domina el panorama fotovoltaico con un 54% de la distribución, apoya también esta tesis. Criticado por la patronal fotovoltaica, los ecologistas, algunos inversores extranjeros e incluso por el Comisario Europeo de la Energía, el ministro de Industria Miguel Sebastián ha defendido las medidas argumentando que «lo que no tiene ningún sentido es que cuanto más viento y sol haga en España, más suba la luz».

Hay un hecho incontrovertible. Pese a la reducción de las tarifas fotovoltaicas aplicada en el Real Decreto 1565/2010 del 23 de noviembre, el kilowatio hora de electricidad de origen solar sigue siendo muchísimo más caro que el precio promedio de la térmica, hidráulica, nuclear y eólica.

Tanto para la patronal fotovoltaica como para los ecologistas, no tiene sentido detener a medio camino la inversión en el desarrollo de la energía solar, máxime cuando es la única manera de que, en los próximos años, la electricidad producida con tecnología solar alcance precios competitivos y pueda existir sin subvenciones.

En un comunicado reciente, José Luis García Ortega, responsable de la campaña Cambio climático y Energía de Greenpeace, afirmaba que «España ha pasado de estar en el grupo de cabeza del mercado mundial de las renovables a ir perdiendo posiciones en favor de los países que siguen apostando por ellas con firmeza o sumándose a esta carrera imparable».

Lo cierto es que, a diferencia de lo que ocurre en nuestro país, durante el último año la energía solar fotovoltaica, tecnología predominante, ha crecido en casi todos los países pese a la crisis financiera. El mercado mundial de electricidad solar aumentó un 132% en 2010 y en la Unión Europea, la fotovoltaica superó por primera vez a la eólica como primera fuente de energía renovable, según datos de la European Photovoltaic Industry Association (EPIA). «La gran mayoría de empresas españolas que operan con normalidad son las que operan al extranjero, aquí en España estamos muy mal», sostiene Díaz.

El accidente de Fukushima

Para la industria española, que ahora mismo obtiene sus mayores ingresos gracias a las exportaciones de energía o tecnología solar, el anuncio hecho por Alemania de apostar por las renovables podrían representar una magnífica oportunidad de crecimiento. Tras el descalabro post-tsunami de la central nuclear de Fukushima, la comunidad internacional ha observado con recelo el futuro de los planes de expansión nuclear, que hasta entonces justificaban su elección por ser energía barata y que contribuía a la reducción de emisiones y menor dependencia de combustibles fósiles.

«En efecto, lo de Alemania nos beneficia», dice Díaz, «pero no directamente, y en todo caso no sería un beneficio a corto plazo, como poco dentro de media década. Ahora mismo, lo que más urge es apresurar la interconexión eléctrica con Francia, clave para poder exportar más electricidad, sistemas solares fotovoltaicos y termoeléctricos, aerogeneradores...»

Esta interconexión, que doblará la capacidad de intercambio eléctrico entre los dos países, está prevista desde hace años pero aún no ha echado a andar. Según advirtió Sebastián tras la última reunión con su homólogo francés Eric Besson, la puesta en servicio de la interconexión podría producirse en 2014.

ASIF ha calculado que entre 2013 y 2015 se alcanzará en España la paridad entre la tarifa fotovoltaica y el precio final de la electricidad. Observando la tarifa actual el cálculo puede parecer un tanto utópico, pero no son los únicos en pensar así. Recientemente, Mark M. Little, director de investigación global de General Electric (GE) hizo público un estudio similar que afirma que la energía solar será más barata que la nuclear o la derivada de combustibles fósiles en un plazo de 3 a 5 años. El objetivo es que para 2016, el precio del Kw/h producido con energía solar baje de los 10 céntimos de euro.

Invertir en innovación

Para llegar a esto, sugiere el estudio de GE, se impone necesariamente continuar invirtiendo en innovación. Uno de los factores principales de que la energía solar sea tan costosa es lo caro que resultan los materiales, y en especial el proceso para aumentar la pureza del silicio con que se fabrican las células fotovoltaicas, componentes principales del panel solar. La introducción en el mercado de la tecnología de «película delgada» que emplea nuevos materiales (como el cristal recubierto con Telururo de Cadmio o aleación de Cobre y Seleniuros de Indio y Galio) ha contribuido a reducir hasta en un 20% los costes de instalación, lo que repercute en el coste.

Sin embargo, la crisis ha afectado al desarrollo e implantación de tecnologías de este tipo a escala internacional y el silicio cristalino sigue dominando y ganando terreno. Actualmente, sólo un 10% de las células solares instaladas en el mundo utiliza tecnología de película delgada. El resto es silicio.

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