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La bomba estalló hace 65 años

El biquini, invento de Louis Reard, ha provocado grandes estampas estivales

Día 10/08/2011 - 06.55h
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Úrsula Andress, quien reconoció que esta imagen de 1962 fue la que cimentó su éxito
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Esther Williams acaba de cumplir 90 años. El biquini solo ha llegado a los 65. La actriz americana lo vio nacer, se espantó y dio su venerable opinión: «Un traje de baño es la menor cantidad de ropa que puedes llevar en público». La duquesa de Alba (de 85 años) no debe de estar muy de acuerdo. Su foto en biquini suele ser una de las más celebradas del verano, aunque más de uno se quede de dos piezas. Ver galería: 65 años enseñando el ombligo.

Como se quedaron las modelos que Louis Reard, el ingeniero mecánico que inventó la minúscula prenda, pretendió contratar para lucirlo. Tuvo que tirar de Micheline Bernardini, que bailaba desnuda en el Casino de París y no tuvo problema en ponerse los escuetos cuatro triángulos (dos arriba, dos abajo) con los que se presentó en el verano de 1946 en una piscina parisina. Según algunas crónicas, la propia Micheline, ante un reportero que preguntó cómo se llamaba el invento, le dijo a Reard que su bañador iba a ser «más explosivo que la bomba de Bikini», la primera explosión nuclear en tiempos de paz, que había sido cuatro días antes en el atolón del mismo nombre, en las Islas Marshall. Bikini es un término del idioma marshalés o ebon, el único que se ha exportado.

¿Cuestión de elegancia?

Si la palabra tuvo un éxito inmediato, la prenda tardó más en ser aceptada. Sería en los 60. Y todavía en 1964, Genevieve Antoine Dariaux sostenía en «Elegancia» que «a menos de tener una figura impecable, a menos que la edad no llegue a los 20 años y se tenga la piel tersa y un moreno dorado, es preferible llevar un bañador entero, que favorece más la figura y es más elegante». Y eso será cierto para la natación sincronizada, sobre todo mirando el que ha sido el bañador pop del verano, el de Palomitas de Maíz que llevaban Andrea Fuentes y Ona Carbonell cuando consiguieron el bronce en los pasados mundiales. Y también es cierto para Elizabeth Taylor en «De repente el último verano» (a nadie ha sentado mejor un bañador blanco.)

La historia del biquini está relacionada de forma íntima con la historia del cine. Y la aceptación del biquini en la sociedad tiene mucho que ver con su aceptación e introducción en la pantalla. Aunque costó. En «Manina, la fille sans voiles», Brigitte Bardot salía con la reducida prenda. Los ingleses la tradujeron como «The girl in the bikini». Pero como cuenta Terenci Moix en «Mis inmortales del cine. Años 60», los censores convirtieron las dos piezas en una sola y recatada con la ayuda de la tinta china. Ya se hartaría BB de salir en biquini. En 1962, en «Agente 007 contra el Dr. No», Ursula Andress plantaría palmito icónico saliendo de la playa con su biquini blanco más cinturón y puñal, homenajeado 40 años después (en naranja y con mucho más contoneo) por Halle Berry en «Muere otro día». En 2008, Penélope Cruz también saldría espectacular de la playa con un dos piezas amarillo pero más despeinada que la de la canción de Palito Ortega.

Quizá para no encasillarse, Ursula Andress rechazó el papel de Raquel Welch en «Hace un millón de años» (1966), donde «El cuerpo» lució un biquini prehistórico. Muy anterior incluso a esos que se ven en los mosaicos de una villa siciliana y que hacen sostener a algunos historiadores de la moda (Vicent-Ricard y Francoise Olivier) que la prenda ya existía 1.600 años antes de Cristo. En biquinis cinematográficos, pasamos de la prehistoria al futuro, porque el metálico de esclava que llevaba la princesa Leia (Carrie Fisher) en «El retorno del Jedi» (1983) es otro marcado a fuego y fetichismo entre los fans de la saga galáctica (véase a Jennifer Aniston en «Friends»).

Mujeres de verdad

Volviendo a la vida real, las mujeres con biquini tienen su propia competición, aunque sea para acabar saliendo en el Aaarg del «Cuore». Los periódicos también practican el innoble arte de señalar cuerpos femeninos. Le pasó a Leire Pajín, que inauguró el verano de biquinis y azotainas. Porque Sara Carbonero ya había sido fotografiada en Brasil junto a Casillas, pero Carbonero en biquini es tan vulgar como cualquier mujer perfecta. Por no hablar de la maternal Penélope Cruz. Gustan más las otras.

Paula Vázquez también ha puesto de su parte en el aniversario con la guerra de biquini y photoshop que ha mantenido con «In touch». Y no podía faltar Ana Obregón, que este verano retomó en Estepona su posado y su pasado. Con terrible triquini y ejercicios hipopresivos que le mantenían el abdomen pegado a la columna vertebral. Obregón es la junior de las senior. Y mientras no se vuelva a cazar a Doña Letizia, el tirón es de las mayores. De la duquesa de Alba, de Carmen Lomana, de Rosa Benito o de Ana Obregón. A Esther Williams también se la vio en biquini. Eso sí, con uno de ellos se hace Tatiana Delgado diez para ir a «Supervivientes».

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