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El amor en tiempos de Twitter

Guti se ha colocado de centrocampista del amor. Anuncia boda, y hay otros nacionales que se lo andan pensando

Día 14/01/2012

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Arriesgaba Lord Byron, que era un picaflor, que «el amor es un apetito de belleza», y se comprende la frase cuando vemos que Guti, y Olivier Martínez, van hipnotizados por Romina Belluscio y Halle Berry, dos guapazas de consenso, cada una a su manera. Hasta han prometido boda, para principios de verano.

No son los únicos con «hambre de hermosura», porque también Adam Shulman, actor, le ha pedido juerga nupcial a Anne Hathaway, y Jason Trawick a Britney Spears. Cito deprisa, por avalar con algunos nombres famosos la vuelta a la moda del amor, que en rigor no pasa de moda. Guti es un talento zurdo que ha dejado de momento el fútbol en el extranjero y antes de pluriemplearse aquí, de chulo con buen pase, ha hecho equipo de noviazgo con Romina Belluscio, una monada con línea de luna, y de Argentina. Guti, de algún modo, ha fichado por el programa «Espejo Público», porque Romina se desempeña ahí, y se envían mensajes de amor muy de mañana, que ya es quererse. De vez en cuando, Guti pega un taconazo en Twitter y la llama diosa, o bien dice que se casa. A mí Guti me cae porque tiene relámpago de poeta, como futbolista, y luego como particular porque no se esfuerza en caer simpático. Lo que a otros, u otras, les molesta de él, a mí me lo acerca. A los de su quinta, en el vestuario del Bernabeu, les ponía, por joder, a Joaquín Sabina, que lo dejó claro: «Mira si soy colchonero que paso por Concha Espina como pasa un forastero».

Guti, de regreso de Turquía, se ha colocado de centrocampista del fútbol del amor, y luego ya veremos qué pasa con el fútbol propiamente dicho. Anuncia boda, y hay otros nacionales que se lo andan pensando. Rosauro Varo y Amaia Salamanca, por ejemplo, y también Piqué y Shakira, según cuentan los que no escuchan de lejos. Estas cosas de las bodas en propósito conviene no anunciarlas con demasiado campanazo, hasta que lo acrediten los propios interesados en Twitter, que es la exclusiva de los que no cobran exclusivas. Twitter es, ya, otra revista del corazón, una revista sin revista que cada famoso pone en hora a diario, mientras se afeita o elige la lencería. Spears ya ha dejado alguna bobada memorable a propósito de su tórtolo, que la trata de princesa. Tampoco hay que enseñar tanto el diccionario. Piqué y Shakira nos acabarán dando la primicia global de su boda en Twitter, igual que ahí les dieron el susto de su noviazgo a los paparazzis, que iban enterados del romance, y no pillaron un euro. Lo que pasa con twitter es que es un secreto que somos todos.

De toda la vida

No ha usado Twitter, sin embargo, Aretha Franklin, que se casará joven de 70 años, con William Wilkerson, un compañero de toda la vida, que además fue bombero. Baudelaire, menos dado al ligue que Byron, advertía que «el amor es el resultado de un malentendido», pero quizá esto no vale para la grandiosa Aretha, que lleva malentendiéndose a la perfección con el mismo, desde hace décadas. Spears resulta una alegre reincidente en esos malentendidos, porque ya casó dos veces, una, incluso, bajo el virtuosismo de durar sólo un mes de matrimonio. Suele ocurrir cuando te casas en nochevieja, y le das al champán de aperitivo. La pareja Halle Berry y Olivier Martínez es directamente un cabreo, para la afición, porque a ver dónde encuentras tú a dos guapos de tanta lámina que practiquen la monogamia. Con algo de envidia, no sé si sana, les damos la enhorabuena, recordando de paso aquello de Groucho Marx, que jugaba al aforismo de Twitter antes de Twitter: «La principal causa de divorcio es el matrimonio». Pues eso.

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