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OTRAS 177.000 RAZONES PARA LA REFORMA

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El paro y la caída de las afiliaciones demuestran que la reforma laboral es una necesidad vital, tan urgente como la del sistema financiero que se aprobará hoy

Día 03/02/2012

EL primer mes de datos del paro registrado bajo el Gobierno de Mariano Rajoy refleja las consecuencias de la política del avestruz que practicó Zapatero con la crisis, hasta que le estalló en mayo de 2010, cuando volvió intervenido de Bruselas. La tan mencionada herencia del PSOE es una dramática realidad que seguirá presente durante mucho tiempo. Por ahora, los servicios públicos de empleo registraron en enero pasado un incremento de 177.470 parados, frente a diciembre de 2011, lo que supone un aumento de más del 4 por ciento y cuatro millones seiscientos mil desempleados registrados. En términos interanuales —de enero de 2011 a enero de 2012— el incremento del paro registrado se cifra en 368.826 personas, equivalente al 8,72 por ciento. Este brutal aumento del paro va acompañado por una caída de la contratación laboral, con 77.418 contratos menos que hace un año, casi un 7 por ciento. La precariedad contractual avanza —contratos de formación y temporales— mientras la contratación indefinida cae en picado, hasta un 26,12 por ciento en los últimos doce meses. No acaba ahí el menoscabo social por el incremento del paro. La Seguridad Social pierde 283.684 cotizantes en un mes; y 415.601 cotizantes en el período interanual, hasta dejar la afiliación media en enero pasado en 16.946.237 trabajadores.

Son datos de un estado de excepción económica que requiere muy urgentes medidas de reformas en varios frentes y al mismo tiempo. Por supuesto, sindicatos y empresarios deben reconocer en este colapso del mercado laboral un emplazamiento a contribuir con su acuerdo a la recuperación del empleo. Por muy definidas que sean sus diferencias, la emergencia nacional debería ser suficiente para impulsarlos a un consenso excepcional, incluso revisable en cuanto las circunstancias mejoren. Pero esa reforma laboral es inaplazable como método de reanimación de un mercado de trabajo que está desangrándose de forma imparable. Obviamente, y así se ha insistido en esta página, la reforma laboral debe ir unida a una reforma del sistema financiero, que ayer desgranó el ministro de Economía, Luis de Guindos, y que hoy aprobará el Consejo de Ministros. Sus líneas fundamentales han sido adelantadas por ABC estos últimos días y pasan por una apuesta muy fuerte del Gobierno por sanear los activos de los bancos, lastrados por la toxicidad del ladrillo. Al final de un inevitable proceso de fusiones solo sobrevivirán los más fuertes, aquellos capaces de provisionar una cantidad cuyo monto total se cifra en 50.000 millones. El objetivo no puede ser otro que conseguir que el crédito vuelva a fluir para —y paralelamente a la reforma laboral— lograr la reactivación económica. La situación de la economía es crítica y las reformas resultan tan urgentes como imprescindibles.

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