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Recuerdos de 3.500 batallas

El mayor coleccionista español de camisetas auténticas de las estrellas del fútbol abre su museo privado a ABC

Día 07/02/2012

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Recuerdos de 3.500 batallas

El fondo de armario de Luis volvería loco a cualquier aficionado al fútbol. «¿Tienes la de Beckenbauer?». El tipo esboza una sonrisa. Tal vez esperaba una petición más complicada. Busca en el enorme guardarropa y, en apenas unos segundos, saca la prenda. No necesita mirar un catálogo escrito, porque lo tiene en la cabeza. De forma rápida e intuitiva localiza en un santiamén cualquiera de las más de 3.500 camisetas de futbolistas que atesora en su casa. Auténticas, usadas. Algunas, sin lavar. Su procedencia no es una tienda. Fueron compradas en subastas o a otros coleccionistas. Y sus propietarios originales no son los jugadores del Mirandés (aunque esa equipación no tardará en cotizarse), sino grandes estrellas de todos los tiempos. «¿Y la de Pelé?». Afirmativo. Se trata de su pieza más valiosa: le costó 6.000 euros y está firmada por el astro brasileño. «Es del Santos. Me han ofrecido una que vistió con la selección brasileña. Diez mil libras esterlinas (unos 12.000 euros). Es mi prioridad ahora. Me lo estoy pensando». Luis —aclarémoslo— tiene el flanco económico cubierto; vive de las rentas que le proporcionan diversas propiedades y se centra en sus dos pasiones: el Real Madrid y el coleccionismo.

Corazón blanco

Socio del club blanco y uno de los principales suministradores de su museo, al que cede objetos de forma altruista, el Madrid y la selección española de fútbol son los principales argumentos de su colección: tiene unas 150 camisetas del club de sus amores y otras tantas de la Roja (de todos los modelos utilizados desde 1950 hasta hoy). Pero no le falta de ningún equipo importante del mundo —incluidos todos los que alguna vez han disputado la Copa de Europa—, y posee rarezas como la equipación de la selección de Gibraltar. «De los 50 mejores jugadores de la historia según el ranking FIFA solo me faltan cinco. Es cuestión de tiempo conseguirlas...», dice mientras guarda la elástica que usó Breitner en la final del Mundial de España 82. Bien estirada, con un antipolillas cerca.

Todo empezó en 1997, cuando le regalaron una camiseta del Salamanca. La fiebre de verdad no llegó hasta 2006. En el último lustro ha ido a saco, viajando a Londres para asistir a subastas (algunas organizadas por casas tan prestigiosas como Christie's) o participando en las mismas a través de internet; ha buscado en mercadillos y contactado con otros acaparadores de recuerdos, como Paolo Di Pilato, de Bérgamo, un clásico entre los coleccionistas. «Ahora es una época favorable; la crisis económica ha abaratado los precios», señala. «Aunque es difícil que una camiseta de un gran jugador baje de los cinco mil euros. No suelo regatear. Si la prenda es buena, la compro».

—¿Y cómo evita que le den gato por liebre?

—Bueno, no soy ningún tonto. Además, hay expertos que se dedican a autentificar las piezas, analizando las etiquetas, los tejidos, las costuras...

Tiene camisetas de Di Stéfano, Eusebio, Rivelino, George Best, Cruyff, Keegan, Maradona, Platini, Zico, Gullit, Matthäus, Zidane, Messi... Nos muestra la que usó el Real Madrid cuando ganó la primera Intercontinental, en 1960, frente al Peñarol; la de Forlán de la final de la Europa League de 2010 y la de David de Gea de la Supercopa de Europa que el Atlético de Madrid ganó al Inter de Milán; las de los interistas Maicon y Julio César de la final de la Champions disputada en el Bernabéu ese mismo año; las de Cristiano Ronaldo y Messi de la última final de la Copa del Rey. Y una muy especial: la que Antonio Puerta no pudo ponerse en la final de la Supercopa de Europa del 31 de agosto de 2007 (Milán 3, Sevilla 1); el recordado lateral izquierdo murió tres días antes del encuentro.

Banderines, balones...

Recuerdos de 3.500 batallas

Pero un coleccionista de este calibre no iba a conformarse solo con las camisetas. De las paredes de otra de las salas de su casa cuelgan multitud de banderines de un notable valor sentimental (y del otro). El más antiguo, del Ferencváros húngaro. Tiene enseñas oficiales de la FIFA utilizadas en finales de grandes torneos. En la misma dependencia, sobre una estantería, el trofeo conmemorativo del 75 aniversario de la Federación Española de Fútbol. En la placa pone: 1913-1988. Eso prueba que la polémica sobre el «falso centenario» celebrado en 2009 no era gratuita.

Su colección de balones tampoco es moco de pavo. Presume de haber conseguido, entre otros, el de la final de fútbol de los Juegos Olímpicos de Barcelona que disputaron España y Polonia (3-2). Y los de las finales del Mundial de Sudáfrica y la Eurocopa 2008. También borceguíes de Zidane, Messi, Beckham... Y medallas de jugadores; por ejemplo, de la final de la Copa de Europa ganada por el Madrid ye-yé al Partizán en 1966, y de la Eurocopa de Austria y Suiza. «Hay futbolistas que se deshacen de sus recuerdos, o los regalan y les pierden la pista», comenta Luis. «Raymond Kopa jugador del exitoso Real Madrid de la década de los 50 vendió muchos».

En un lugar de privilegio de su despacho, entre dos maniquíes que llevan puestas camisetas del Real Madrid, hay una Copa de Europa. ¿Una imitación? «No, se la encargué al mismo joyero que las hace para la UEFA», contesta Luis. Por si acaso, no entramos en detalles.

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Cruyff tenía su propio diseño

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