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Ladislao Kubala Un malabarista del balón

Apátrida tras cruzar el Telón de Acero, jugó con la selección de tres países: Hungría, Checoslovaquia y España

Día 13/02/2012
 Ladislao Kubala Un malabarista del balón
Carbajo

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Lo canta Serrat: «Pelé era Pelé; Maradona, uno y basta./ Di Stéfano era un pozo de picardía. / Todos tienen sus méritos. / A cada cual, lo suyo./ Pero, para mí, ninguno como Kubala...».

Había nacido en Budapest, en 1927; murió en España el 2002. Comienza jugando en el Ferencvaros húngaro. Su vida se hace novelesca: cruza el telón de acero con unos amigos, en un camión ruso. Está en un campo de refugiados en Cinecittá, con su cuñado Daucik: es apátrida, no tiene permiso de la FIFA para fichar por ningún equipo. Con otros refugiados, funda el Hungaria, que juega por Europa. Intenta que se integre en su gira el Torino, que sufre el mortal accidente aéreo.

En 1950, juega un amistoso contra el Español, deslumbra a los aficionados: Samitier logra contratarlo para el Barcelona. En una película de la época se ve cómo le presenta a Ramallets, «un gran portero», y Kubala remata de chilena, una y otra vez. Alquila un palacete modernista en Sarriá, con un jardín romántico de 500 metros cuadrados. (Hoy, se visita allí la «sala Kubala»).

Con Laszy, el Barcelona vive una época de oro: se queda viejo Las Corts, Se inaugura el Nou Camp. En la década de los cincuenta, gana cuatro veces la Liga y cinco, la Copa; sólo se le resiste la Copa de Europa: pierde la final contra el Benfica, en 1961. Con el Barcelona, marca 244 goles. Su popularidad le lleva a protagonizar una película biográfica: «Los ases buscan la paz».

Un rito repetido: cuando salta al campo, le pregunta a Biosca: «¿Cómo estás, gitano?». Le contesta el defensa central: «¡Fantástico!». Laszy concluye la charla: «¡Pues a ganar el partido!».

En su primera etapa barcelonista, como delantero centro, hace historia una delantera: Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón. Luego, el equipo ficha a tantos jugadores extraordinarios que ha de jugar con tres delanteros centros; él, con el número ocho: Evaristo, Kubala, Eulogio Martínez, Luis Suárez y Czibor. ¡Qué lujo!

Los roces con Helenio Herrera le llevan al Español, como jugador y entrenador. Se retira en 1962. Es el único que ha jugado en tres selecciones nacionales: cinco partidos con Hungría; catorce, con Checoeslovaquia; diecinueve, con España. La FIFA le prohíbe jugar el día triste de la eliminatoria contra Turquía, resuelta por el sorteo del «bambino»... También forma parte dos veces de la selección mundial y marca tres goles a Inglaterra.

Ya retirado, es entrenador: del Barcelona, de la selección nacional (trece años: el que más ha durado), de Paraguay... Allí, él, que ha sido apátrida, inculca a los jugadores el orgullo de jugar por su país y el profesionalismo: «Van a ganar fama, van a ser queridos por todos, van a ser respetados por todos, detrás de todo eso vendrá el dinero». Se inventa la famosa expresión: «La afición: el jugador número doce».

Samitier soñó con juntar a Di Strefano y Kubala: en su momento, hubieran sido imparables. Coincidieron luego en el Español y en la selección española. Los reúnen una vez en la televisión en blanco y negro. Don Alfredo, al que le clarea el pelo, le pregunta por sus rizos rubios: «¿Cómo te peinas tan bien?». Laszy replica, con ironía: «Eso mismo te iba yo a preguntar...».

En los últimos años, vuelve a Budapest, logra traer a Barcelona a su madre: está encantada de cómo la reciben pero no habla el idioma de sus nietos...

Cerca de los setenta años, sigue en perfecta forma física: los lunes y los jueves, hace unos 50 kilómetros en bicicleta: los miércoles y sábados, juega al tenis: martes, viernes y domingo, al fútbol, la pasión de su vida.

Cuando le preguntan a Pelé por los más grandes jugadores, destaca la técnica de Kubala. En los entrenamientos, apuesta cuántas veces logrará tirar al travesaño. Tumbado en el suelo, se pasa el balón de una pierna a otra, al hombro, a la cabeza. Tira las faltas con efecto, amaga, hace bicicletas, centra de tacón; ya mayor, si su equipo está ganando, se va al banderín de córner, protege el balón todo el tiempo que quiera...

Vuelvo a escuchar a Serrat: «La para con la cabeza, la baja con el pecho, la duerme con la izquierda... Fútbol en colores, bocado de “gourmet”, canela fina». Así jugaba Laszy Kubala.

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