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El Juli firma su mejor faena en Bogotá

Cerró la temporada en la Santamaría por la puerta grande

Día 21/02/2012 - 13.37h

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Julián López «El Juli» fue el gran triunfador de la última corrida de la temporada de Bogotá, al cortar una oreja a cada uno de sus toros y salir a hombros de la plaza.

El colombiano Pepe Manrique, en tarde de contrastes, cortó una oreja en su primero pero se le fue vivo a los corrales el cuarto del festejo, mientras que Alejandro Talavante dejó el sello de su tauromaquia ante el lote más difícil.

Con lleno aparente en los tendidos, según informa Efe, se lidiaron seis toros de Ernesto Gutiérrez Arango. Bien presentados y de juego desigual. Bravo y noble el cuarto. Con calidad primero y segundo. Quinto sin clase. Tercero y sexto enrazados aunque muy complejos.

Pepe Manrique: estocada (una oreja); y estocada atravesada, estocada contraria seis pinchazos (tres avisos).

El Juli: pinchazo y estocada trasera (una oreja tras petición de la segunda); y pinchazo y estocada (una oreja).

Alejandro Talavante: dos pinchazos, estocada y descabello (saludos desde el tercio); y estocada y tres descabellos (ovación).

Si algún torero ha estado a punto de hacer historia en la Santamaría, de cortar un rabo ante la afición más exigente de Colombia, ese ha sido el madrileño El Juli, que se vistió de tabaco y oro. Pero la historia, caprichosa, sólo le abre sus puertas a las obras extraordinarias y perfectas.

La de El Juli tuvo quizás dos borrones. Un desarme y un pinchazo. Algo insignificante para un toreo de calidad, profundidad y estética incomparables, pero suficientes para que la magistral faena del madrileño al segundo de la tarde no se elevara hasta el infinito, como bien merecía hacerlo. Porque el madrileño firmó la mejor faena de su exitosa historia en Bogotá. Ante un toro noblón pero que tenía algunos detalles de falta de casta. Pero cuyas virtudes se impusieron a sus defectos y se entregaron sin condiciones al toreo más profundo que se haya visto en Colombia, al menos este año.

Soberbio y artista, su capote apenas fue el preludio del éxtasis. Y luego, su toreo en redondo no solo fue templado, sino que adquirió un trazo incomparable, una lentitud que rayaba en la eternidad, y una largura que hacían que sus muletazos parecían interminables.

Y así fue cuando el toro respondía sin condiciones, y también cuando se resistía a seguir la muleta hasta el final. El Juli, entonces, se las ingenió para encelar a su oponente y provocar que su recorrido no extinguiera. Una circunstancia que permitió que el toreo del madrileño fuera cada vez más lento.

La faena, larga, porque El Juli sentía que no había puesto su listón. También porque en el fondo quería ser parte de la historia y cortar el rabo, un trofeo casi inédito en esta plaza de máxima exigencia. Allí vino un desarme involuntario que hizo olvidar con una serie de calidad. Y un pinchazo y una estocada trasera minaron los niveles de ebullición de la obra. Una oreja que supo a premio de consolación.

En su segundo, con un toro que humillaba y se empleaba menos, intentó delinear su toreo a esa misma altura, pero las condiciones del astado, menos codicioso y con menor entrega, no impidieron su salida a hombros por la puerta grande al recibir una oreja.

Pepe Manrique también pudo hacer historia. Propia y particular. Porque tuvo todo para salir a hombros de la Santamaría por primera vez en sus 20 años de alternativa, y esta vez ante el mejor lote. Pero algo falló.

Reivindicó la Fiesta al hacer el paseíllo liado con una bandera de Colombia que exigía libertad. Y en su primero toreó con clase y gusto, en una faena que se encargó de subirle el tono con muletazos largos y en redondo.

Con la oreja que le entreabría la puerta grande, lidió con admirable gusto con el capote al cuarto, el mejor del encierro. Esta vez, la limpia faena fue a menos. Y desesperación en la suerte suprema le hizo cambiar la salida a hombros por el fatídico sonido de los tres avisos.

Frente al lote de menor entrega y mayores complicaciones, el extremeño Alejandro Talavante hizo un esfuerzo y alcanzó a entregar destellos de esa tauromaquia que quiere imponer con el nombre de «talavantismo». Una tauromaquia, que según lo visto en Bogotá, es muy intensa, sustentada en el valor y la quietud, y la capacidad por conducir al toro por lugares imposibles, y con una naturalidad asombrosa. En ambos toros perdió los trofeos por el mal uso de la espada.

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