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Eslava Galán elogia el talento literario de los sevillanos

La Feria del Libro arrancó ayer con preocupación por caídas en las ventas y en medio de un sofocante calor

Eslava Galán elogia el talento literario de los sevillanos FELIPE GUZMÁN

andrés gonzález-barba

No podía ser de otra forma. Decía la letra de la canción que Sevilla tiene un color especial, pero en el caso de ayer, bien se podría haber añadido que posee un calor especial. No es una exageración tan propia de la tierra en la que vivimos, sino un hecho científicamente contrastable. Porque lo que sufrieron en la jornada vespertina los valientes que se acercaron hasta la Plaza Nueva fue más que una mera velada primaveral. Sin embargo, tal esfuerzo temerario tuvo una doble recompensa : pasear por una Feria del Libro que estaba radiante y que enseñaba todas sus casetas atestadas de grandes novedades literarias, y asistir a una lección magistral de Juan Eslava Galán, que fue el pregonero de una ciudad que él conoce como pocos, tamizada por su fino bisturí hasta sus entrañas para alejarse de tópicos y de adornos floridos.

«No te puedes ni imaginar el calor que está haciendo aquí en estos momentos», le comunicaba un hombre a través de su teléfono móvil a un invisible interlocutor mientras disfrutaba ojeando algunos libros. Y es que son precisamente los libros los auténticos protagonistas en esta fiesta de las letras sevillanas. La grandeza de esta Feria es ver cómo una ciudad sabe reconocer el genio de uno de sus hijos pródigos olvidados, Manuel Chaves Nogales, rindiéndole tributo con una cuidada edición de sus principales obras. Tampoco faltarán los últimos best-seller, como la biografía sobre el desaparecido Steve Jobs , amén de otras presencias inexcusables este año, tales como el excelso Charles Dickens, de quien celebramos el bicentenario de su nacimiento.

Calor, mucho calor, pero del humano, fue el que recibió en la caseta de Jirones de Azul Pepe Mel , que se ha asomado al escaparate literario con su primera y rutilante novela, «El mentiroso». El entrenador bético fue saludado por muchos amigos: «Este hombre se merece lo mejor», le decía un conocido, mientras que los niños lo adoraban como a un ídolo , sobre todo después de haberse apuntado el tanto del último derbi liguero.

Pero si ayer hubo un gran protagonista en la primera jornada de esta Feria del Libro, ése no fue otro que el jiennense Juan Eslava Galán, a quien decenas de sevillanos esperaban con estoicismo bajo el sol en una larga cola plantada delante de la puerta del Ayuntamiento. El autor los recibió a todos en el Salón Colón, e inclusó bromeó al principio del acto, diciendo que «espero que no hayan venido porque aquí hace mucho fresco y quieran refugiarse del calor ». Pero bromas aparte, Eslava domina el verbo como pocos escritores en España. Es un orador preciso que sabe usar siempre la palabra correcta para embelesar a su auditorio. Y a fe que lo hizo ayer, sobre todo siendo el tema de su pregón el titulado « Sevilla escritora (y lectora) ». Nadie mejor que este contador de historias puede hablar de una ciudad a la que conoce perfectamente desde que llegara hace 32 años: «Nada más deshacer las maletas cuando llegué por primera vez, di una vuelta y al contemplar la fachada de la Casa de Pilatos, se me acercó un hombre pobremente vestido que me dijo: yo soy del barrio, y todo lo que concierne al barrio me atañe a mí . Y esas palabras me sorprendieron por un vocabulario tan especial en el que había términos tan precisos como concierne y atañe, que por desgracia ya no están en uso».

A continuación, el autor de « En busca del unicornio » habló de esa Sevilla que se contempla «como una ciudad tan literaria sin proponérselo, porque nunca he visto en mi vida tantos escritores por metro cuadrado». Esa Sevilla que rezuma letras en sus «numerosos mármoles y placas» la recreó el escritor a través de figuras como su barbero de toda la vida, Manuel Melado, «autor de versos y prosa », o de su chacinero, «que hacía una literatura muy ciudadana y que hoy tiene un blog». No quiso pasar por alto Eslava Galán esa Sevilla de las dualidades, «la del ying y el yang, con dos Vírgenes y el Betis y el Sevilla » como señas de identidad, además de ironizar sobre los pregones de Semana Santa, como si fueran una clase de géneros literarios específicos.

Tras finalizar un discurso tan lúcido, se echó la noche y el calor dio una tregua a los sevillanos.

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