Mercedes Alaya (izquierda) y Ana Rosa Curra (derecha)
Mercedes Alaya (izquierda) y Ana Rosa Curra (derecha) - EFE / J. j. ÚBEDA
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Mercedes Alaya frente a Ana Rosa Curra: Mujer contra mujer

Las diferencias entre Alaya y Curra vienen de lejos: un enfrentamiento en una junta de jueces por el reparto

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No fueron pocos los que advirtieron que lo de Mercedes Alaya y Ana Rosa Curra era una unión imposible. De hecho, cuando el TSJA decidió adscribir a Ana Rosa Curra al juzgado de los ERE, fuentes del juzgado lo definieron bien: «eso va a ser un choque de trenes» o «es como el agua y el aceite».

Y es que las diferencias entre las dos juezas vienen de hace tiempo. Cuentan que el mismo día que Ana Rosa Curra se incorporó al juzgado de instrucción número seis de Sevilla, nada más salir por la puerta, Alaya recibió en su casa la llamada de teléfono de uno de sus incondicionales para comunicárselo. Y también le contaron la intención de la nueva juez de aplicar un horario nuevo. Curra, que en el juzgado al que estaba adscrito anteriormente se llevaba los lunes y los viernes el trabajo a casa para estar más cerca de sus dos hijos pequeños, tenía la intención de imponer ese horario también en instrucción seis aunque fuera el juzgado de los ERE.

Entonces Alaya montó en cólera y dijo que no lo permitiría. La magistrada, a la que nunca ha importado quedarse hasta las seis de la tarde en el juzgado o tomar declaraciones hasta la madrugada, rechazó tajantemente las nuevas normas. «Es una vergüenza», cuentan que dijo cuando se enteró de la intención de su sustituta.

Pero las diferencias entre Alaya y Curra se remontan bastante atrás. Fue en una junta de jueces hace meses cuando se produjo el enfrentamiento entre las dos magistradas que el destino ha puesto en el mismo camino. Al parecer, la titular del juzgado, como ella resalta una y otra vez cuando le preguntan por el reparto del trabajo, estaba hasta arriba de trabajo con el caso de los ERE fraudulentos. Y pidió que el caso se dividiera por empresas y se repartiera entre varios juzgados. ¿Y quien fue la única que se atrevió a oponerse frontalmente a esa petición de entre todos los jueces de instrucción de Sevilla?. Precisamente Ana Rosa Curra.

Con ese precedente es lógico que las relaciones estuvieran rotas. Desde que Curra llegó al juzgado de instrucción número seis, ni siquiera han hablado por teléfono. Dotadas ambas de un fuerte carácter, ninguna de las dos parece dispuesta a ceder.