La joven de 22 años cuando fue detenida por la Guardia Civil
La joven de 22 años cuando fue detenida por la Guardia Civil - EFE
de almonte al terror

La yihadista de Almonte contactó con el islamismo en Sevilla

Ésta es la historia de la joven almonteña que decidió emprender el camino inverso al de los refugiados sirios para enrolarse en la Yihad

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A María Ángeles Cala Márquez le encantaba escuchar los desgarros eléctricos del heavy metal. Hasta se hizo grabar con tinta en su espalda el nombre del cuarteto de culto Metallica. Lucía con orgullo el tatuaje de la banda de metal más importante del mundo, como quien exhibe una medalla de guerra, cuando acudía por las tardes a la escuela de adultos de Almonte para sacarse el graduado. No hace ni dos años de aquello.

La chica almonteña parecía determinada a encarrilar su vida y a retomar sus estudios abandonados de forma prematura, pero entonces un chico de origen magrebí la apartó abruptamente de este camino, según los pocos datos que han trascendido de la investigación realizada por la Guardia Civil bajo la supervisión del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz. María Ángeles Cala se echó en brazos del ala más radical del Islam. Decidió sellar un pacto de sangre con una facción del autoproclamado Estado Islámico, el Daesh, cuyos fanáticos soldados decapitan o descerrajan a los infieles occidentales con la misma despiadada crueldad con la que hacen volar con dinamita templos de la antigua Mesopotamia.

Camino de perdición

Su camino a la perdición pudo iniciarse en Sevilla, donde se marchó unos meses con el propósito de estudiar, después de cursar el primer curso de Bachillerato en el Instituto de Secundaria Doñana, en el municipio onubense. En la capital hispalense parece que «su familia perdió por completo el control de ella», asegura una antigua compañera de trabajo su madre en el hotel Flamero de Matalascañas. Fue entonces cuando trabó contacto a través de las redes sociales con la organización terrorista mediante mensajes encriptados en Surespot y comunicaciones en Facebook, Twitter o Whatsapp. Todos sus movimientos eran controlados desde hace meses por los agentes. Es en Sevilla donde se tiene la primera referencia de su repentina incursión en el mundo árabe.

La mezquita de Almonte
La mezquita de Almonte

El 27 de abril pasado, María Ángeles asistió como público a una conferencia donde intervino Shaykh Aaidh al-Qarni, un destacado activista y erudito saudí acusado de plagio por su libro de autoayuda «La Tahzan» y contrario al terrorismo. La jornada, organizada por la ONG Islamic Relief en el centro deportivo Amate, pretendía recaudar fondos para ayudar a los miles de desplazados sirios que han huido a Jordania, Líbano e Irak. En el centro deportivo Amate, el lugar de reunión, se topó con ella Ibrahim Jamal, uno de los miembros de la junta directiva de la Asociación Cultural Islámica Blas Infante de Almonte. Un encuentro de carácter humanitario e inocuo que nada hacía sospechar del siniestro rumbo que la joven de 22 años iba a tomar pocos meses después.

La historia de la joven almonteña detenida el martes cuando iba a tomar un vuelo con destino a Siria para enrolarse en las filas de la Yihad ha asombrado incluso a los agentes especializados en lucha antiterrorista. En las bases de datos del Ministerio del Interior no hay precedentes de una conversión al salafismo radical tan meteórica. Nadie esperaba que aquella joven solitaria y reservada, que hasta hace un año rendía culto a Metallica y vestía con estética gótica, labios pintados de color morado y enormes crucifijos al cuello, quisiera emprender el camino inverso al de los refugiados sirios que cruzan Europa Central huyendo de las bombas.

En Almonte no cabe otra devoción que la que el pueblo entero profesa a su patrona

En Almonte no se lo creen. Allí no cabe otra devoción que la que el pueblo entero profesa a su patrona, la Virgen del Rocío. ¿Qué empujó a una joven de apenas 22 años de una familia católica de clase trabajadora que hasta hace un año no había pisado una mezquita a dejarse la vida en la Yihad? Su rápida metamorfosis es un proceso plagado de sombras. Una siniestra incógnita incluso para su padre, Joaquín Cala Mellado, dueño de una empresa de construcción y albañilería venida a menos con la crisis que lleva más de diez años separado de su mujer, María Márquez, veterana gobernanta del hotel Flamero, al pie de la playa de Matalascañas, la Meca de los turistas sevillanos en verano. «¿Qué quiere que le diga? Nos hemos quedado todos muertos», responde expeditivo a ABC el progenitor en la puerta de su casa, una de las últimas viviendas que hay en la calle Los Llanos. Poco más tiene que añadir. «Si me he enterado de todo por la prensa... Ni siquiera me han llamado de la Guardia Civil. Nadie hasta ahora había hablado conmigo. No voy a decir nada», se justifica este autónomo del ladrillo próximo a la edad de jubilación. A su espalda, fotos de su hijastro sonriente en una montería y algunos trofeos de caza colgados en las paredes del garaje. Ahora es él quien parece abatido.

En esta casa vivía la yihadista antes de ser detenida
En esta casa vivía la yihadista antes de ser detenida

El padre no es el único afectado, ocurre igual con Carlos, el hermano de María Ángeles. «Carlos es un calco del padre, ambos han sido porteros de fútbol y les gusta la caza», comenta un antiguo compañero de clase del hermano, haciendo notar que las actuales creencias de la hija menor se encuentran en las antípodas de las de su familia. Padre e hijo son devotos de la Virgen del Rocío.

A su regreso al pueblo en verano, sorprende su radical cambio de aspecto, lo que da muestras de su personalidad tornadiza e influenciable. Un día, en julio, este joven se topó con ella. Había cambiado el look pseudogótico por el negro riguroso de la chilaba desde el cuello hasta los tobillos y, en la cabeza, la media niqab o el chador que usan las mujeres iraníes sólo dejaba al descubierto los ojos, la nariz y la boca. Sólo cuando iba a trabajar se desprendía de la indumentaria musulmana. «Yo no la conocía porque iba tapada de pies a cabeza. Me di cuenta de que era la hermana de Carlos porque me dijo adiós», rememora. «Jamás la he visto en un bar ni en ningún sitio del pueblo donde va la gente de su edad en Almonte», dice.

Cuatro patrullas

En el mismo barrio, que atraviesa la Virgen del Rocío de camino a Almonte cada siete años, pero en el número 16 de calle Federico García Lorca vive su ex pareja y habitaba hasta hace poco su díscola hija menor, María Ángeles, la menor de los tres hermanos. La relativa calma del hogar materno vivió un tsunami el pasado martes. Cuatro patrullas con trece efectivos de unidades de la Comandancia de Huelva y de la Jefatura de Información de la Guardia Civil se desplazaron hasta el domicilio materno, acordonaron la calle y registraron durante casi dos horas la casa en busca de pistas y contactos de líderes yihadistas. La joven, que está en prisión acusada de delitos de terrorismo por su intención de viajar a Siria y de colaboración con una organización relacionada con la Yihad, llegó en un furgón camuflado y se marchó con la mirada perdida, en presencia de unos vecinos estupefactos.

La joven discutió con su madre, que recelaba de la religión que había abrazado

La vuelta de la hija descarriada a la casa familiar resultó un fracaso. No hubo modo de enderezar el camino torcido. Varios vecinos consultados por ABC atestiguan que la joven discutió con su madre, que recelaba de la religión que había abrazado. Su relación se erosionó tanto que acabaron poniendo tierra de por medio. María Ángeles buscó refugio en la casa de una amiga del pueblo que se hace llamar Manoli Espina en su perfil de Facebook. Española, madre separada con una niña de siete u ocho años y recién conversa, como ella, al culto a Alá, pero sin relación contrastada con ninguna célula islamista. Era su confidente, la única persona con la que se la podía ver pasear por el pueblo y frecuentar la mezquita de Almonte cuando tocaban los rezos. María Ángeles había abrazado el Islam antes que su amiga, que, «según lo que ha dicho en su declaración, recogió a la muchacha como un acto de solidaridad» en su vivienda de la calle Alfonso XIII cuando se peleó con la madre, relata Said Mefetah, el presidente de la asociación cultural islámica.