Miguel, funcionario de prisiones en Botafuegos y miembro de «Tu Abandono Me Puede Matar»
Miguel, funcionario de prisiones en Botafuegos y miembro de «Tu Abandono Me Puede Matar» - Sergio Rodríguez

AlgecirasRadiografía de la prisión de Botafuegos a través de la mirada de un funcionario de prisiones

«Uno de los grandes narcos del país me ofreció entradas para el palco del Madrid para ganarse un trato de favor»

AlgecirasActualizado:

Son los «malos» en todas las películas pero lidian cada día con asesinos, pederastas, violadores, ladrones, narcos y sicarios. Los funcionarios de prisiones se rebelan contra el abandono al que aseguran estar sometidos.

Ante esta situación, muchos han decidido alzar la voz y se han agrupado en la asociación Tu Abandono Me Puede Matar, constituida en febrero y que agrupa ya a 4.000 funcionarios de prisiones.

Reclaman atención y ser dotados de más medios para afrontar el duro trabajo que realizan en las cárceles españolas, donde las agresiones y los intentos de motín son constantes. Se juegan la vida a diario y quieren más personal y recursos para realizar su trabajo con más garantías. Sostienen que están abandonados a su suerte y no se sienten representados por los sindicatos de prisiones.

Miguel –es un nombre ficticio para preservar su identidad- es funcionario en el centro penitenciario de Botafuegos, Algeciras (Cádiz) desde hace 17 años. Es uno de los coordinadores de la asociación Tu Abandono Me Puede Matar.

Trabajar en Botafuegos es sinónimo de peligrosidad. Hace unos días hubo tres agresiones en un mismo día que pusieron en serio riesgo a varios funcionarios. Uno de ellos pudo esquivar un apuñalamiento.

Esta prisión, con capacidad para 1.100 reclusos, alberga en la actualidad a 1.400. Para atenderlos, este centro cuenta con 450 funcionarios, una cifra totalmente insuficiente, según esta asociación, porque hay muchos de ellos que se encargan de trabajos administrativos. «Con frecuencia hay un funcionario para cien internos en un módulo», apunta Miguel, que asegura que sólo en este centro serían necesarios 65 funcionarios más.

Ahora saldrá una oferta de empleo público para 950 plazas de prisiones que viene del anterior Gobierno del PP. Esta asociación sostiene que la mayoría cubrirán bajas por jubilaciones y que serían necesarias 3.500 plazas.

Miguel asegura que el 70% de los internos de Botafuegos no es problemático, está dispuesto a cumplir su condena, saldar sus cuentas con la justicia y salir lo antes posible. «Son perfiles como el de Juan Antonio Roca, Julián Muñoz, que han estado en ese centro, o alguien que ha atropellado a una persona… No quieren ningún tipo de problema».

El 30% restante es otra historia: «Son internos con los que es muy difícil trabajar. Autolesiones, ahorcamientos, peleas, amenazas de muerte… Muchos de ellos han hecho de los delitos su modo de vida. Entran y salen continuamente. Yo he conocido al padre, al hijo y, seguramente, conoceré al nieto. A esta prisión además llega lo duro del narcotráfico, sicarios y rusos de la Costa del Sol, presos etarras -aún tenemos seis- y uno del Grapo, así como terrorismo yihadista y 26 primeros grados, el más duro del régimen penitenciario y que está asignado a presos extremadamente peligrosos».

Miguel se convirtió en funcionario de prisiones por vocación. Llegó a Botafuegos como interino en 2002. «Vine cuando tenía 26 años con muchas ganas de trabajar y de comerme el mundo», cuenta.

Nada más llegar a Botafuegos, apuñalaron a un compañero de prácticas. «Acaba de abrir este centro y había muchas cosas que ajustar. En los patios predominaba gente muy joven, que acababa de aprobar. Varios internos lo apuñalaron por la espalda y estuvo muy grave», relata.

Pero también ha vivido situaciones complicadas. «Me he visto involucrado en una. Estaba solo en una galería y varios internos iniciaron una discusión. Uno de ellos escondía algo en la espalda y se abalanzó sobre mí, pero otros internos le sujetaron. Una vez cacheado, portaba un arma. Había roto una bandeja de las comidas, de acero inoxidable, y la había afilado. Tenía más de 24 centímetros».

En otra pelea resultó herido en una mano por un preso con enfermedades infecto-contagiosas: «Tenía hepatitis, VIH…Estuve más de un mes llorando como un niño pequeño, sin dormir apenas y sin querer tener relaciones con mi novia por miedo a contagiarla, aunque estuve tomando tratamiento antiviral, que por cierto es una bomba para el hígado».

«No somos superhéroes»

Lo más duro en estas situaciones, según reconoce, son las secuelas psicológicas: «La realidad supera a la ficción. No somos superhéroes y nunca se habla de la carga psicológica, pero tras estos episodios hay que volver al patio y a veces volver a verlos. No tenemos ayuda psicológica ninguna».

Los más desafiantes, según explica, los de ETA, aunque no se meten en líos. «Ellos denuncian cualquier cosa, cacheos, correspondencia…».

También hay casos realmente duros «que te los llevas a casa. Me ha afectado mucho el del interno que está aquí por un infanticidio con un bebé de 18 meses. Son situaciones muy desagradables que te llevas a casa y lloras, aunque intentas mantener a tu familia al margen. Tengo hijos».

Asegura que el día a día en Botafuegos es muy duro: «Debido a la masificación de este centro se están mezclando los penados con los presos preventivos en algunos módulos, algo incompatible con la reglamentación penitenciaria y una bomba de relojería», añade.

Según explica, los presos preventivos «no tienen nada que perder, son más impredecibles y más propensos a una pelea si discuten porque saben que no van a tener consecuencias penitenciarias. En unos meses saldrán a la calle con una fianza y tendrán un par de expedientes disciplinarios que a veces ni cumplen porque no llegan a tiempo. Los internos en segundo grado, que ya salen de permiso, no se quieren arriesgar a nada. La convivencia es complicada».

La caza al narco en el Campo de Gibraltar ha masificado además este centro. Han sido numerosas las macro-operaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que se han saldado con más de 20 detenidos en un mismo día, lo que ha saturado esta cárcel. «Se han llegado a hacer las diligencias policiales en un autobús dentro de la prisión porque no había sitio ya en los calabozos», explica.

Uno de los módulos más complicados es el 12. Allí están pederastas y violadores... junto a otros de perfil más bajo, como extranjeros o marroquíes detenidos por tráfico de hachís en la Operación Paso del Estrecho (OPE). «Tampoco se enteran mucho de los delitos de los otros internos y así se evitan represalias. Los pederastas y violadores suelen tener problemas con otros presos. A nadie le cae bien un interno que ha violado a su mujer, ha matado al niño y lo ha envuelto en film transparente y lo ha tirado a una charca, como tenemos en Botafuegos desde hace poco».

Los Castaña y El Messi del Hachís

También han pasado por Botafuegos los hermanos Tejón, Antonio e Isco, los líderes del poderoso clan de narcotraficantes Los Castaña, así como «El Messi del Hachís», que lleva meses huido de la justicia.

Su comportamiento en esta prisión ha sido adecuado. No obstante, se trata de presos «poderosos». Miguel confiesa que uno de los más importantes del país relacionado con el mundo del fútbol intentó ganarse un trato de favor ofreciéndole entradas para el palco del Bernabeu. «Tiene fotos suyas en dicho palco. Uno de sus hijos salió de la mano de Messi en un Madrid-Barcelona. Por supuesto, dije que no. Aunque siempre seamos los malos en las películas y haya excepciones, no nos dejamos comprar».

En Botafuegos ha habido muertes violentas. Un preso recibió casi 50 puñaladas de su compañero de celda. Fue hace unos años.

Pero también hay muertes por sobredosis y suicidios que se cuentan por centenares en las prisiones españolas. Sólo en las Andaluzas se han registrado 32 en lo que va de año.

Más medios y formación

Esta asociación reclama un Centro de Estudios Penitenciarios que imparta cursos de defensa personal, asertividad y relaciones interpersonales, contra el terrorismo yihadista o las nuevas tecnologías. «Los delitos y los perfiles van cambiando y el reciclaje es fundamental», afirma este funcionario.

También reclaman ser reconocidos como agentes de la autoridad para que las agresiones que sufren tengan consecuencias para sus responsables, como ocurre con policías, maestros o médicos. «El hombre que apuñaló a un policía local en Huelva se enfrenta a cuatro años de prisión. En nuestro caso, eso puede suponer una sanción disciplinaria de unos días de aislamiento, si es que llegan a cumplirla. Les sale gratis», indica Miguel.

Piden una equiparación salarial con la Guardia Civil y Policía Nacional «porque formamos parte del Ministerio del Interior y nos han dejado fuera».

Además, demandan uniformes y medios materiales de autoprotección, como chalecos y guantes adecuados. «Tenemos guantes de jardinero, con los que no podemos cachear con la protección necesaria ante posibles cortes. Los chalecos que tenemos son del año 2009 y son muy pocos y compartidos. Los tenemos que usar todos», asegura.

Desde Tu Abandono Me Puede Matar se asegura que el ministro del Interior en Funciones, Fernando Grande-Marlaska, no quiere recibirlos pese a los intentos para fijar una reunión. «Nos hemos reunido además con todos los grupos parlamentarios salvo con el PSOE, que no quiere recibirnos», añade Miguel.