Armas, droga, un teléfono móvil y una máquina para tatuar intervenidas en la prisión
Armas, droga, un teléfono móvil y una máquina para tatuar intervenidas en la prisión - LA VOZ
Instituciones penitenciarias

Armas, drogas, teléfonos móviles y tatuajes, a la orden del día en la prisión de Botafuegos de Algeciras

Algunos internos siguen amenazando a sus mujeres, dirigiendo el narcotráfico y actualizando sus redes sociales desde la cárcel

AlgecirasActualizado:

Cualquier objeto, hasta el más cotidiano e insospechado, puede convertirse en un arma. Cepillos de dientes, bolígrafos... «Hacen puñales y cuchillos con cualquier cosa, como rodillos de pintura, con piezas de las cajas de la luz, cepillos de dientes… y saben ocultarlas. No damos abasto para hacer los registros que serían necesarios», asegura Miguel -nombre ficticio-, funcionario de prisiones en el centro penitenciario de Botafuegos, Algeciras (Cádiz), y miembro de la asociación Tu Abandono Me Puede Matar.

También se las ingenian para otras cosas: «Ya vemos máquinas de tatuar con un cepillo de dientes, con un cubierto y el motor de un radiocasete. La tinta la hacen con plástico quemado mezclado con gel y la aguja la hacen con el muelle de un encendedor».

La droga circula también en Botafuegos. Según Miguel, se mueve mucha, sobre todo hachís, marihuana, metadona, pastillas como Tranxilium, y, últimamente, también la heroína, que está volviendo a pegar fuerte.

La introducen los familiares en cavidades corporales y los propios reclusos cuando vuelven de permisos penitenciarios. «No hay un protocolo eficiente. Necesitaríamos un ecógrafo ni un técnico de rayos X permanente».

Lo de los teléfonos móviles es también imparable. La mayoría tienen el tamaño de la llave de un coche y son muy difíciles de detectar porque también los introducen en la prisión a través de cavidades corporales o en los botes de roll-on de los desodorantes. «Son prácticamente indetectables. Las cavidades corporales llegan a ser muy versátiles», explica

Miguel cuenta que incluso han llegado a intervenir teléfonos móviles con los que los reclusos condenados por violencia de género seguían amenazando a sus mujeres, y otros que, con móviles convencionales que han colado, continuaban actualizando sus redes sociales. «También hay narcos que siguen trabajando desde aquí con los móviles», sentencia.